La catequesis del siglo XXI


Para la catequesis del siglo XXI ya no pueden valer “caminos estandarizados” o poco “atentos a la singularidad de cada uno”. Necesariamente se ha de percibir el comienzo de una época en la que para adolescentes y jóvenes, en primer lugar, se genere “un nuevo sentido de pertenencia a la comunidad, que incluya y no se limite a lo que experimentan en la red”. En segundo lugar, conviene que la catequesis aprenda a “acompañar al joven en su búsqueda de autonomía, que le lleva al descubrimiento de la libertad interior y a la llamada de Dios, que le diferencia del rebaño social al que pertenece”. En tercer lugar, procurar “aclarar el lenguaje utilizado en las redes sociales, que a menudo tiene consonancias con el lenguaje religioso”. Y finalmente, en cuarto lugar, asumir la necesidad de “figuras autorizadas que, mediante un acompañamiento personal, lleven a cada joven a descubrir su proyecto personal de vida”; lo cual tendrá que delinear un camino que “requiere pasar de la soledad, alimentada por likes, a la realización de proyectos personales y sociales que deben llevarse a cabo en comunidad”.

El reto esencial para la catequesis del siglo XXI no será tanto “cómo utilizar las nuevas tecnologías para evangelizar, sino cómo convertirse en una presencia evangelizadora en el continente digital”. Es importante no caer en el autoengaño de pensar que la solución vendrá simplemente por una catequesis digitalizada. Esto sería quedarse en la epidermis del reto. Lo que realmente se necesita es “conocer el propio medio y utilizar todo su potencial y sus posibilidades, con la conciencia, sin embargo, de que la catequesis no se hace solo con herramientas digitales, sino ofreciendo espacios de experiencias de fe”. Si todo queda reducido a la mera “virtualización de la catequesis”, se corre el riesgo de hacer que la catequesis sea “débil y no influyente”.

Pero hay un factor determinante al que la catequesis del siglo XXI tendrá que prestar especial atención: La experiencia. De hecho, y dicho sea de paso, en la historia del pensamiento católico, y especialmente en el siglo pasado, pocas cuestiones han sido más repensadas que la relación entre lo que podríamos denominar experiencia cristiana  y la teología misma. Volviendo a la experiencia en la catequesis, es especialmente urgente descubrir que “la tarea de la generación adulta que quiere transmitir la fe es fomentar las experiencias”. Así las cosas, “solo una catequesis que vaya de la información religiosa al acompañamiento y a la experiencia de Dios podrá ofrecer un sentido”. Si la transmisión de la fe se basa en experiencias auténticas – que no deben confundirse con los experimentos (La experiencia transforma y proporciona claves interpretativas de la vida, mientras que el experimento únicamente se reproduce de forma idéntica) -, “la catequesis está llamada a encontrar maneras apropiadas de tratar las grandes cuestiones sobre el sentido de la vida, la corporeidad, la afectividad, la identidad de género, la justicia y la paz, que se interpretan de manera diferente en la era digital”.

Con una clarividencia meridiana se barrunta que “la catequesis en la era digital será personalizada, pero nunca un proceso individual”. El “pendulazo”, necesariamente, ha de ir del “mundo individualista y aislado de las redes sociales” a la “comunidad eclesial” como el “lugar donde la experiencia de Dios se convierte en comunión y donde compartir lo vivido”. En este orden de las cosas, se ha de resaltar el fatal error que constituiría el “subestimar el poder de la liturgia para comunicar la fe e introducir en la experiencia de Dios”. No en vano, “la Liturgia está compuesta por una pluralidad de códigos comunicativos que dependen de la interacción de los sentidos (sinestesia), así como por la comunicación verbal. Por tanto, es necesario redescubrir la capacidad de la liturgia, pero también del arte sagrado, para expresar los misterios de la fe”.

Hete aquí el reto y las migajas de pan para no perderse en el camino. Pero para más señas – sin que se quiera dar la sensación de que se ha encontrado la varita mágica que arreglaría ipso facto todos los problemas – consultar el nuevo Directorio para la Catequesis del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, especialmente en los números 370 al 372.

 

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