Pepe García Román, músico y promotor: “En Córdoba hay mucho talento, pero también una mentalidad todavía provinciana”


Hay un refrán que dice que cuando el año está de leches, hasta los chivos la dan. La borrasca invernal ‘Filomena’ le acaba de suspender un concierto a Pepe García Román (Córdoba, 1965) y a su banda actual Time Machine, programado para este fin de semana. Uno de los pocos conciertos que se pueden ofrecer o celebrar durante la pandemia que avisa ya una tercera ola. “A mí no me importa tocar lloviendo. Ya lo he hecho”, confiesa Pepe con cierta tristeza. Este guitarrista y rockero lleva muchos años en activo, ha conocido el éxito, sobre todo con El Hombre Gancho, un magnífico grupo compartido con otro veterano – y grande- como es Mikel de la Riva. Pepe no es el front man sobre el escenario, pero su guitarra, y él mismo, tienen una absoluta presencia en las formaciones en las que ha estado y ahora, a pesar del coronavirus, pretende mantener, como la de versiones Time Machine. En esta charla cogemos una máquina del tiempo para recordar brevemente épocas pasadas y mirar con optimismo hacia el futuro, porque el presente azota de manera cruel a los músicos , artistas y profesionales que viven del mundo del espectáculo. Pepe, además de promotor musical – justo antes del confinamiento estaba a punto de ampliar su empresa Fónica Live Events-, programador en salas como Góngora Gran Café o Long Rock y músico profesional, ahora es activista junto con sus compañeros en plataformas como MUTE/ Red Alert (Alerta Roja), que pretenden conseguir que la sociedad tome conciencia de la situación crítica en la que muchos músicos y profesionales del espectáculo están pasando. Una sociedad que demanda música, que disfruta de ella gracias a gente como nuestro invitado de esta semana.

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Pepe García Román / Foto. Jesús Caparrós

 

¿De qué vive hoy un músico en España?

Te voy a hacer un dibujo de un gran artista superconocido, que puede vivir fácilmente porque tiene ahorros, y le siguen llegando royalties (derechos de autor) y si no ha sido muy descabezado, pues tiene ahorros. Luego está los músicos que han estado trabajando con esos artistas de alto nivel, en circuitos bastante buenos y con buen sueldo, y como habrán estado dados de alta, pues estarán cobrando una ayuda. Y los técnicos y toda la gente que ha trabajado en esos eventos, igual. El problema lo tienen aquellos que no han estado dados de alta, que han estado trabajado ‘en B’ , porque lo han aceptado. Y luego está la última parte del escalafón, que viven de las ayudas de sus amigos o de sus familiares, porque no tienen otro tipo de ingresos. Algunos se han tenido que reciclar, buscarse otras ocupaciones si es que han tenido suerte en encontrarlas. Pero de la música, solo viven los que tengan grandes royalties o grandes ventas. También es verdad que algunos lo hacen gracias a Youtube. Tengo amigos que a día de hoy tienen un sueldo de unos 1.500 a 2.000 euros, y hasta más. Pero, claro, debe ser que tu producto genere ese interés como para que tenga un amplio número de visualizaciones en Youtube y te produzca eso.

¿Y en la música es difícil saber qué genera interés y qué no?

Se supone que hay gente que sí lo sabe. Es muy fácil: yo veo que tiene interés lo que haces cuando genera interés. No se puede prever por factores ‘a priori’. Puedes ser muy bueno en el ‘trap’ y a la gente no le da por ti. Se apuesta por un artista cuando ya se ha visto que ha creado, ha sembrado y se sabe que eso va a funcionar. No hay una regla. Si caes en gracia, ya lo tienes todo. Pero eso no se sabe.

¿Eso le ocurrió a Malparaíso o a El Hombre Gancho? Dos grupos muy buenos musicalmente hablando.

No se trata de tener buenas canciones, ser buenos músicos o ni siquiera de tener algo especial que transmitas. En el mercado español de la música, si no se posee un buen soporte detrás, no vas a llegar. Aunque seas Paul McCartney. Pero es que no vas a llegar. Nosotros hemos partido de la misma casilla de salida de grupos de los que no vamos a tener duda que han tenido éxito. Estábamos hasta en la misma habitación de la discográfica. Te hablo por ejemplo de Estopa, un fenómeno social que cayó en gracia, que conectó con la mayoría del público ycon  la tendencia que mueve a la gente de entre los 16 y los 19 años. Esa es la gente que te ‘saca del parchís’. Estopa fue un fenómeno social. Ellos no pensaban que fueran a vender más de 50.000 discos y llevan millones de discos vendidos. Y empezaron cuando nosotros, en 1999.

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Mikel de la Riva y Pepe García Román, El Hombre Gancho / Foto: Facebook Pepe García Román

Luego te hablo también de El Canto del Loco. Esto es la primera vez que lo voy a decir en una entrevista, pero a ellos les daban nuestros discos y los de otros grupos y les decían: “niño, sácate una canción como ésta”. Que conste que es normal que los músicos nos inspiremos en otros artistas para componer. Y así se apostó por ellos, estaban por la labor y llegaron al éxito. Nosotros, de todas maneras, consideramos que llegamos a muchos sitios gracias al soporte de infraestructura que teníamos (oficina de management, compañía discográfica, promoción). Salíamos mucho en la tele. Cada vez que lo hacíamos siempre había un comercial de automóviles que me llamaba para venderme un coche, porque creía que ganaba un millón de pesetas por salir en la televisión. ¿Qué pasó?. No sé. Quizá España es mucho más dura en ese aspecto. Los músicos tenemos que tener una carrera muy a largo plazo, muy de fondo. Y en el rock sobre todo. Fíjate en artistas como Fito, que aunque ya tuvo éxito con Platero y Tú, ha seguido y morirá de viejo sobre un escenario.

Al Canto del Loco  les daban nuestros discos y los de otros grupos y les decían: “niño, sácate una canción como ésta”.

Pero, como digo, son muchos factores que no tienen absolutamente nada que ver con que compongas buenas canciones o seas buen artista.

Y tú ¿sigues o tratas de seguir?

Yo muchas veces me he planteado dejar esto o cambiar de actividad. Pero a mí la música me va a gustar siempre. ¿Qué sea mi forma de vida? A día de hoy no lo es, aunque sí me gano la vida de alguna manera con la música. Sería absurdo que yo ‘dejara la música’. Sería como perder la vista o, mejor dicho, el oído.

Pero a día de hoy no vivo de ello, sobre todo en la situación en la que estamos, claro.  

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Pepe García Román y Rafael González / Foto: Jesús Caparrós

Te has vinculado profesionalmente a la promoción de eventos y es algo también afectado por la pandemia.

Todo sector que tiene que ver con aglomeración de personas pues… ‘blanco y en botella’ (sonríe). El año pasado, por febrero, se planteaba como el año con más trabajo, para mí, como promotor. De hecho iba a contratar a tres personas más ante las previsiones. Dos semanas después, pasó lo que pasó y bueno, todos hemos aprendido un término nuevo que ya nos sonaba de algo y que es la ‘resiliencia’. A eso nos hemos agarrado muchos y es la única manera porque de momento no hay otra alternativa. La mayoría de los que estamos en este sector pensamos que llegará un momento en que esto pase y que hay que intentar este tiempo no pase en blanco, que sea un poquito gris o azul. Pero que no pase en blanco completamente porque nadie lo va a poder soportar hasta septiembre, en el mejor de los casos. Los bares, los garitos donde tocan los grupos y donde programamos música mucha gente, todo eso está a cero desde febrero. El único sitio que aquí mantiene una programación, en Córdoba, es el Ambigú de la Axerquía, porque es al aire libre, con un aforo muy limitado y mesas distanciadas. Eso nos mantiene en contacto, porque cuando toca un grupo vamos todos los músicos. Aunque se llena rápidamente nos permite vernos las caras.

El año pasado, por febrero, se planteaba como el año con más trabajo, para mí, como promotor. De hecho iba a contratar a tres personas más ante las previsiones. Dos semanas después, pasó lo que pasó.

Hablas de una sala que pertenece a una administración pública. Durante las décadas de los 80 y 90 las administraciones utilizaron mucho a los músicos para su propia promoción política, administraciones que ahora o no están o no aparecen.  

Lo de los 80 fue, como se suele decir, ‘pan para hoy y hambre para mañana’. Fue una época en la que no quiero decir que se despilfarrara pero sí que se invertía mucho y se pagaba muy bien. Había gente con un caché de 10 millones de pesetas y no se bajaban de ahí. Se dieron muchos conciertos gratuitos y entonces hubo gente que advirtieron de la importancia del cobro de entradas ante todo los gratis que se ofrecía. En realidad eso se llama educación. No se estaba educando a la gente en valorar las cosas. Lo que no te cuesta dinero, no lo valoras. Y hubo una época en que a los grupos se les pagaba muy bien , con cantidades que los ayuntamientos o diputaciones aceptaban y cuando llegaron los años 90, se dio la vuelta a la tortilla. Los presupuestos públicos no eran los mismos. Y en el momento que nos ocupa en la actualidad, es responsabilidad de las administraciones, tanto en nuestro sector como en todos los que se han visto más afectados, darnos ese soporte, porque para eso sirven. Deben estar para darle soporte a la sociedad, a los trabajadores. Si ocurre un terremoto o una riada ¿a dónde acudes? Pues a la administración pública. Y que yo me voy a coger aceitunas si hace falta, pero, señores ¿qué queréis? ¿que desaparezca esta actividad? Nunca va a desparecer porque siempre ha estado ahí. Y va a seguir estando porque si no estamos nosotros tocando encima de un escenario, habrá otros. La gente lo necesita. La música, los eventos, la cultura… eso es vital.

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Pepe García Román / Foto : LVC

¿Qué les pasa a los grupos de Córdoba?

Los grupos de Córdoba tienen una cosa muy buena, que es el talento. Y tienen otra que no es tan buena: somos muy provincianos. Puedes trabajar de músico, pintor o escritor, pero si quieres subir otro escalón más tienes que aparecer en un escaparate que te proyecte más. Y por nuestra particularidad administrativa de Estado, o te vas a Madrid o fuera de España. Tengo amigos que se han ido a Inglaterra, a estudiar, o a EEUU. Hay gente aquí con muchísimo talento pero que, llegado el momento, se han aburrido o se han agotado. No ven un duro, no sobreviven, ni avanzan con otros proyectos y resulta muy complicado.  El talento que nace en Córdoba se va a Madrid, porque todos se van allí, amigos que viven en Madrid como músicos porque aquí daba para lo que daba.

¿Ese tren no lo has querido coger tú?

Durante una época estuve viviendo más en Madrid que aquí, porque el trabajo estaba allí y yo casi que venía de visita a Córdoba. Hubo un momento, cuando estábamos trabajando más fuerte con el grupo, que era una opción que estaba a 1 hora y 52 minutos. Teníamos nuestra casa aquí, pero con El Hombre Gancho estábamos en Madrid todas las semanas.

¿Sería bueno recuperar la Muestra Pop Rockera?

Sí. Y has dicho la ‘Muestra Pop Rockera’ y a eso hay que darle el nombre de lo que es: un ciclo para grupos emergentes de Córdoba. Porque esos chavales ensayan, tienen canciones e inquietudes. Antes de tocar en otros sitios o escenarios, piden otras cosas. En casi todas las administraciones locales de España existe un apartado para grupos emergentes con los que nadie se juega la taquilla sino que el ayuntamiento o diputación de turno crea un circuito y les da vidilla. Así hemos empezado todos. Así empecé yo. Yo grabé mi primera maqueta que no era ni maqueta, sino una cassette grabada en el ensayo que teníamos que presentar en dos días en la Plaza del Potro, que era donde estaba antes Cultura. Y eso con 17, 18 o 19 años, te da un poco de ánimo. Sí, sería muy buena idea recuperarla y muy sano para la cultura.

Ocurre que en aquella época la Muestra tenía más razón de ser porque no existían las redes sociales. Hoy es mucho más fácil que los grupos nuevos se conozcan ¿no?

Sí, pero las redes sociales son una herramienta. Antes no las había y los conciertos se ponían hasta arriba. El teatro de la Axerquía, que antiguamente’ se llamaba ‘Teatro al Aire Libre’ se llenaba con los grupos que participaban en la Muestra, que se hacía allí.

Yo grabé mi primera maqueta que no era ni maqueta, sino una cassette grabada en el ensayo que teníamos que presentar en dos días en la Plaza del Potro, que era donde estaba antes Cultura.

¿También saltabas la parilla para colarte?

Llevaba la entrada en el bolsillo y saltaba. Sí, así era. Con la entrada en el bolsillo y saltábamos. Era como un rito. Nuestros vaqueros rotos por el culo, por los cristales que había en la valla (risas). Era la época de las tribus urbanas, gente del pop, rockers, heavies…  Podía ocurrir que hubiera primero un concierto de heavy y después otro de rockabilly y podías ver allí a todos los heavies de Córdoba- que tampoco éramos muchos-,  a los punkies y a los rockeros, tocase quien tocase. Para la salud cultural y de la gente aquello nos venía genial. Y desde entonces todavía hay gente que se está dedicando a la música.

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Pepe García Román / Foto: Manu Blanco

Has estado durante varios años programando música en distintos locales de Córdoba. Esa es una labor cultural poco reconocida, creo.

Bueno, he trabajado sobre todo en tres locales. Y luego ya como freelance dándole programación a los que tenían escenarios, depende del artista que me llegase. El promotor o programador es un poco, valga la comparación, como el seleccionador de fútbol. Si elijo un grupo para actuar espero que venga gente a verlo y que el grupo salga contento. Ese es el mejor reconocimiento.

¿Qué música estás escuchando durante la pandemia?

He descubierto muchísimas cosas, y sobre todo, fíjate, música española. En casa del herrero, cuchara de palo. Mis influencias han sido las bandas anglosajonas, americanas. En esta pandemia, o durante el confinamiento, he tenido la tranquilidad para buscar otras cosas y sobre todo, observar cómo escriben bandas nuevas, de hacer las letras, la forma de transmitir. Y he encontrado un sitio de recreo bastante interesante. He vuelto a Antonio Vega también. A día de hoy muchos grupos siguen inspirándose en él para escribir canciones. Y ya te digo que he descubierto nuevas bandas españolas y me ha emocionado su forma de transmitir, que es lo más difícil que hay. El mejor fruto que tiene una canción es que cuando la escuches te pegue el pellizco en el corazón.

¿Qué va a pasar cuando acabe la pandemia?

Cuando acabe ‘esta’ pandemia… (risas) Yo no soy negacionista, ni catastrofista ni nada… Pues tengo esperanza. Hace poco leí que, antes de que llegara la pandemia, nos estábamos preparando para unos ‘felices años 20’, dentro de un ciclo de cien años. Lo que se les olvidó es que en esos cien años también venía una pandemia como la de la mal llamada gripe española, de principios del siglo pasado. Soy optimista. Cuando el tema sanitario se solucione, porque se va a arreglar, -aunque vamos a poner remedio a una cosa puntual, que es solo un síntoma- la gente va a salir a recuperar la libertad que hemos perdido. Me da hasta un poco de miedo de las ganas con las que se va a coger esa vuelta. Intentaremos no olvidar y valoremos lo que realmente esto nos ha dado o quitado, lo que verdaderamente importa.

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¿Y el disco que te vas a poner el día que oficialmente se de por finalizada la situación?

Soy muy anárquico para eso. Lo que me gustaría es dar un buen concierto. Yo lo que quiero es tocar. Y aunque sea promotor y programador, para mí la vida es tocar y disfrutar de la música con la gente.

 

 

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