"Si no se le considera como jesuita, no se entiende al Papa Francisco"


El Vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina, Guzmán Carriquiri dicta una conferencia a la luz del Jubileo extraordinario de la Misericordia

En un abarrotado salón de actos, el profesor Guzmán Carriquiry, Vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina y el laico de más alto cargo de la Iglesia Católica, ha dictado una conferencia titulada El pontificado del Papa Francisco a la luz del Jubileo extraordinario de la Misericordia. El uruguayo, cercano colaborador del Santo Padre, como lo fue también de sus predecesores, incidió en que desde el concilio Vaticano II, cada papa tiene una misión y un carisma diferente, pero siempre en continuidad con la fe que transmitieron los apóstoles. Así, calificó a San Juan Pablo II como “gigante misionero”. A Benedicto XVI como “sabio doctor de la Iglesia”, y a Francisco como el “pastor de la ternura y la compasión”.

Guzmán Carriquiry , junto al obispo de Córdoba en la conferencia de esta tarde./Foto: LVC
Guzmán Carriquiry , junto al obispo de Córdoba en la conferencia de esta tarde./Foto: LVC

Tras una breve introducción del obispo de Córdoba, que agradeció la presencia de un colaborador tan cercano al Santo Padre, la presentación corrió a cargo de Salvador Ruiz, delegado diocesano del apostolado seglar, que destacó los méritos académicos y eclesiales del orador. Éste inició su alocución situando al Papa en su contexto: Hijo de la emigración, marcado por el movimiento peronista, miembro de la Compañía de Jesús,-aspecto que incide de forma determinante en su carisma-, y conocedor, como obispo, de los núcleos de miseria y de la secularización de las élites argentinas. Todo ello hace de Bergoglio “un católico porteño llamado a ser pastor universal”.
Carriquiry incidió en que Francisco es “Un papa imprevisto e imprevisible”. Rompe prejuicios, atrae empatías, suscita preguntas, capta la atención de las instancias políticas por su credibilidad. Pero sobre todo, despierta cristianos adormecidos y promueve el regreso a la Fe. Advirtió, no obstante, que su magisterio es censurado por los grandes medios, que destacan algunos aspectos populares pero ocultan, por ejemplo, su posición opuesta a la ideología de género.
Y es precisamente por fidelidad al Evangelio que Francisco continúa una reforma de la Iglesia que, en realidad, siempre se dio. Y propone una triple conversión: La personal, en la que cada creyente se sacude el cristianismo meramente formal y acomodado para buscar la Misericordia de Dios. “el Amor que abraza la miseria de la persona, y es tan fuerte que ningún pecado puede cancelarla”. La conversión pastoral, en la que cada comunidad hace examen de conciencia, busca la proximidad de los pastores, que deben llenarse de ternura y compasión hacia su pueblo, y procura transmitir el mensaje de Jesús, “no mediante el proselitismo, sino dejando que Cristo fascine y atraiga”. Y, finalmente, una conversión misionera, en la que las estructuras de la Iglesia se sacuden el ensimismamiento y, lejos de esperar a los fieles en los recintos eclesiásticos, van al encuentro de los más alejados, -“de todos, porque el Amor de Dios no excluye a nadie”-, llenos de dinamismo evangelizador.
Concluyó el ponente repasando los compromisos fundamentales que conllevan los escenarios actuales, hasta ahora inéditos: Las familias, como núcleo fundamental, hoy asediado. Los jóvenes, y quienes sufren. En este último sentido, la iglesia latinoamericana aporta la idea de amor preferencial a los pobres, en cuyo rostro Jesús se hace más próximo. Auguró, por último, que, pese a las enormes dificultades debidas al entorno, la Iglesia se encuentra hoy al alba de una revolución evangélica.