Presupuestos particulares


Habrá quien diga que son muy pocos y además no pueden ir a votar.

Marce, enfermo de ELA recientemente fallecido /Foto: Twitter

La ministra Montero, en su andaluz verdulero, del que se ríen los andaluces, ya que solo se usa en sainetes, criticaba a Casado por no haberse leído los presupuestos. Y yo le doy la razón. De hecho, estoy convencido de que ella tampoco se los ha leído. Tendrá una idea general de las macro cifras y algunas referencias literales de las frases susceptibles de ser vehiculadas como propaganda. O sea, como el que dice haberse leído el Quijote. No puede ser de otro modo. Los presupuestos son una fatigosa elucubración sobre un dinero que no existe. Ni siquiera depende de darle a la maquinita de moneda y timbre. En realidad, el dinero está en la nube o en las nubes. Y a esperar que llueva café en el campo, que es el efecto milagroso de toda cuenta pública. Como dice expresivamente la enmienda a la totalidad del PP, “el Gobierno construye la casa de los presupuestos por el tejado del gasto”. Táctica que no por simple y antigua deja de ser efectiva. Gastar hasta la ruina y más allá, que otro a quien culpar vendrá detrás. Las victorias electorales del PP y, en concreto, la mayoría absoluta de Rajoy se dieron por esta circunstancia. Porque la gente, con dificultad, pero inexorablemente, acaba dándose cuenta de quien es el pagano de ese gasto. Claro que entonces llegan los recortes y la austeridad. Y la derecha tiene que gobernar en clave socialdemócrata y poner a un pérfido Montoro al frente de la hacienda. No es de extrañar que el tornadizo electorado volviera a su querencia izquierdista.

Así que ahora tenemos lo que nos merecemos. Unos presupuestos fingidos para uso coyuntural de una amalgama de intereses creados que no coinciden, salvo casualidad, con los del bien común de la nación. Entre otras causas porque parte de los beneficiarios, o acaso todos, lo que quieren es destruirla. No nos asombre, pues, que en el debate presupuestario los acuerdos se reduzcan a pequeñas partidas, muchas veces más relevantes por el gesto que por la cuantía, que afectan especialmente a las clientelas electorales de los interlocutores. Uno por otro y todos para uno, sacando de acá y colocando allá, al cabo se cuadran las cuentas a gusto de la mayoría suficiente para aprobarlas. Y siempre quedan huecos. Huecos de asignación, de justicia y de moral, que representan a la verdadera España vaciada. Y no porque no haya un euro para Palencia o para Soria, tal vez sí para Teruel, sino porque no hay un euro para los españoles que realmente lo necesitan. Tal es el caso en estos presupuestos de los enfermos de ELA. Lo ha denunciado Ciudadanos y puede que algo se rediman por este hecho. Ni un euro más, cuando se regalan tantos, para que estos mártires afronten con un mínimo de dignidad su insufrible tránsito. Nada, por tanto, para la dependencia por antonomasia.

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Jordi Sabaté (Izda.) / Foto: Twitter de Jordi Sabaté

¿Por qué será? ¿Quizá porque solo sean tres mil los afectados? Habrá quien diga que son muy pocos y además no pueden ir a votar. ¿Pero y sus familiares o cuidadores? Estos sí irán a votar. Mas es probable que alguien haya aducido entonces que estos preferirán que les desaparezca el problema cuanto antes a que les hagamos más cómoda la espera. Lo que sugiero es cruel, pero me temo que desgraciadamente no es incierto. Como en el aborto, jamás se piensa en la vida que se interrumpe, sino en el supuesto bienestar de su portadora. También la eutanasia parece que esté pensada para los pacientes de ELA. Como dice Jordi Sabaté, un elástico e inquieto activista: “no tenemos otra opción que no sea la muerte”.

Hagamos, al menos, con una inversión en cuidados paliativos en estos presupuestos miserables, que su muerte no sea una doble condena humana sobre la condena de la naturaleza. Están a tiempo los senadores.