Borrell


La verdad es que Europa se merece este alto representante en el exterior para seguir demostrando lo que realmente es, un organismo desarticulado.

5911046 1

Es un tío inteligente. Lo dicen sus títulos académicos y su verbo fácil y elegante. También sus avatares políticos. Destrozó dialécticamente a Aznar en un debate sobre el estado de la Nación, pero El País opinó lo contrario y acabo echándolo del liderazgo del PSOE, que había alcanzado en las primeras primarias que ese partido organizó. El exceso de democracia produce monstruos a veces, pero siempre en sintonía con el sueño de la razón del pueblo. Colaboraron, sin duda interesadamente, sus amistades peligrosas en el ministerio de Hacienda. Fue recuperado a la postre por Sánchez, tal vez por considerar su trayectoria paralela. Ahora es el Alto Representante de la miseria moral de Europa en el extranjero.

 Y como tal se comporta. Acaso por agradecimiento a su último patrocinador, se ha convertido en un izquierdista de libro: humilde recato ante Rusia, baba caída ante China, gusto por la morería, antiamericanismo identitario, ambigüedad con Venezuela y abierta simpatía por Cuba. Es difícil que Europa pueda menospreciarse más que con este sujeto, con el permiso de Ursula von der Leyen. En estos días anda por Uzbekistán, cobardeando en la cuestión afgana, unificando criterios con Trump y con Biden, que a la sazón es más trumpista que Trump, y con los chinos que quieren enredar en este asunto. Debe haberse olvidado de aquel tuit heroico que escribió hace algo más de dos años: “Hemos hecho demasiados esfuerzos y perdido demasiadas vidas en Afganistán para que la retirada se haga sin garantizar los derechos y libertades que consagra la Constitución afgana, en particular, los derechos de las mujeres”. Ya no parece que se garantice nada, salvo la victoria final de los talibanes y de su siniestro mundo, sobre todo para esas mujeres. Podría haber aprovechado ahora la ocasión para echar en cara también a Trump su derrotismo y su traición al pueblo afgano, al tiempo que transmitiría su aliento a Biden, como paladín de las democracias, para la oportuna rectificación, aún está a tiempo, en una cuestión donde se juegan muchas más vidas y muchos más derechos que en el embargo de Miami a Cuba. Pero cada uno es lo que da de sí política y moralmente. Y la inteligencia y la preparación no bastan para ser un buen hombre.

La verdad es que Europa se merece este alto representante en el exterior para seguir demostrando lo que realmente es, un organismo desarticulado al que apenas unen los intereses, pero en ningún caso los principios. El fiasco de la Constitución europea fue efecto palmario de ello. En realidad los países europeos se comportan respecto a la Unión Europea, con la misma picaresca y deslealtad que nuestras comunidades autónomas respecto a la Nación española. El fiasco inminente de nuestra Constitución, para el que Sánchez trabaja con tan denodado empeño, será en última instancia comprendido por esa Europa vacía de compromiso. Es la solución final de la izquierda, la que demostrará al cabo que no ha perdido su instinto revolucionario. Lo verá el siglo XXI, que está en vías de asemejarse en el sin sentido al XX. Y probablemente formen entre los líderes menores que lo hagan posible Sánchez y Borrell, que no desmerecerán a su nivel de los innumerables monstruos que produjo el pasado siglo.

Artículo anteriorDomingo XVI del Tiempo Ordinario
Artículo siguienteLo que importa y lo que no
Nacido en Linares, en la misma habitación donde murió Manolete. Cordobesía obliga. Licenciado en Historia, empleado público, rentista vocacional, cofrade nada ejemplar y experto en peroles. Aficionado a opinar. He sido colaborador de ABC de Córdoba, de la Cope y de los extintos periódicos locales Nuevo Diario y La Información. Soy liberal de toda la vida, por lo que me llaman fascista con cierta frecuencia. Estoy casado, tengo tres hijos, dos perros y un gato. He escrito un libro y he plantado varios árboles. Vivo en una parcela clandestina. Hay otra forma de vivir, pero no es tan divertida ni tan cordobesa.