Bellido el bueno


Bellido se ha metido en el tanque y se ha puesto la boina, y se ha dicho, como Brad Pitt de aquí no me saca nadie

José María Bellido./Foto: Jesús Caparrós
logística
José María Bellido. /Foto: Jesús Caparrós

Bellido está tranquilo. A la mayoría absoluta que le concede una encuesta del propio partido, elaborada para alentar lealtades incondicionales y arropar resultados exiguos, se une el alto conocimiento del personaje junto a la consideración benevolente del mismo, prácticamente unánime, que le atribuyen los encuestados. Bellido carece de críticos animosos. Lo cual sería el desiderátum de todo político si no aplicamos la siguiente ecuación: no le caemos mal a nadie igual a no le importamos a nadie. A veces conviene enfurecer a unos cuantos para ser aplaudido por muchos. Por parecer bueno, uno puede acabar pareciendo tonto.

A las encuestas hay que darles la fiabilidad que les presta su origen. Y esta no sugiere que vaya más allá de la cocina casera. El hecho concreto e indiscutible es que el alcalde de Córdoba presentó hace unos días el balance de su gestión con poca chicha. No basta apuntarse el tanto de una decisión que no ha estado mediatizada por él, sino en el peor de los casos por Carmen Calvo, y que habrá dependido, en el mejor de los supuestos, de la situación geográfica de la ciudad y de los intereses estratégicos de la OTAN. La base logística del Ejercito va a traer inversión, puestos de trabajo y prestigio a Córdoba, pero no porque su Ayuntamiento se la haya ganado más allá de estar a verlas venir. Bellido se ha metido en el tanque y se ha puesto la boina, y se ha dicho, como Brad Pitt, de aquí no me saca nadie, sino muerto o encaramado al ministerio de Defensa, porque soy más guapo y menos beato que Margarita Robles. Y yo se lo acepto, porque a nadie le amarga un dulce y porque está facilitando los trámites y no poniendo trabas, como pudieran hacer otros. Sin duda, dentro de un par de años, lo votaré, o votaré a otro u otra que a la postre lo apoye.

Por lo demás el Ayuntamiento está como siempre, con mucho por hacer y poco hecho, proyectos indeterminados, obras inacabadas y asesores pululando. Esto lo gestiona la derecha casi con el mismo descaro que la izquierda. Acaso hubiera sido diferente si a Bellido no se le hubieran ido los dos mejores concejales que tenía. Juan Miguel Moreno Calderón y Laura Ruiz. Uno por mala salud y por aburrimiento, otra solo por aburrimiento. Lo cual dice poco de la capacidad de entusiasmo del alcalde. Todos sabemos que Juan Miguel debía haber encabezado la candidatura porque hasta la izquierda culta lo hubiera votado e igualmente sospechamos que Laura hubiera sido la mejor teniente de alcalde para el día a día. Como Rafael Rivas, pero en mujer, y con un punto más de encanto personal.

Bellido, pues, no es tan bueno como pudiera parecer si atendemos solo a su puesta en escena de eterno adolescente. Bellido las mata callando y sonriendo. Es cierto que el futuro, si lo hay, le será propicio, siquiera porque Sánchez es aún peor que Zapatero e incluso Casado podría reeditar el triunfo de Rajoy. Le pasó a Nieto por semejante circunstancia. Pero Nieto la fastidió y perdió media docena de concejales en la siguiente instancia. ¿Por qué? Porque no cumplió nada de lo que prometió. Sea usted mismo, señor Bellido, arremánguese y cuente con los funcionarios. No busque fuera lo que solo encontrará dentro. Y piense que, por razones obvias, su mano derecha es más útil que su mano izquierda. Solo así conseguirá ser un alcalde de bien.

 

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Nacido en Linares, en la misma habitación donde murió Manolete. Cordobesía obliga. Licenciado en Historia, empleado público, rentista vocacional, cofrade nada ejemplar y experto en peroles. Aficionado a opinar. He sido colaborador de ABC de Córdoba, de la Cope y de los extintos periódicos locales Nuevo Diario y La Información. Soy liberal de toda la vida, por lo que me llaman fascista con cierta frecuencia. Estoy casado, tengo tres hijos, dos perros y un gato. He escrito un libro y he plantado varios árboles. Vivo en una parcela clandestina. Hay otra forma de vivir, pero no es tan divertida ni tan cordobesa.