Las cinco llagas


Los hombres intentan ser grandes, siendo hombres, desde Julio César a Napoleón, desde Gengis Kan a Pedro Sánchez, ¿pero quién, siendo Dios, da su vida por los demás?

Domingo de Pasión
Cultos en honor a Nuestro Señor Jesucristo del Santo Sepulcro./Foto: Irene Lucena
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Cultos en honor a Nuestro Señor Jesucristo del Santo Sepulcro./Foto: Irene Lucena

La cofradía del Santo Sepulcro de Córdoba se distingue en este año de cuaresma fría y Semana Santa helada con un ejercicio antiguo que en sí mismo contiene todo el calor de la Pasión. A las cinco cruces potenzadas de esta cofradía hacen referencia las heridas de Cristo y acaso los evangelios y acaso cosas que no sabemos, como el Santo Grial. Dicen que San Francisco abrazó la Cruz de Cristo y de Cristo se desprendió una mano para abrazarlo. Otra mano se quedó en la cruz, donde todos estamos pendientes de la redención. Nadie nos ha dicho que se movieran los pies. Pero en la Resurrección  tuvo que haber un momento que diera paso al andar. Los pies anduvieron y las manos abrazaron. Es el camino, la verdad y la vida.

Pero las cinco llagas son muy sevillanas y poco cordobesas. Del Silencio vienen aquí, una vez más, a darnos estilo y devoción. Santa Clara y Santa Brígida hicieron espiritualidad y oración de ellas, después de que Bernardo y Francisco marcaran la senda. “Cuatro las de los clavos, quinta la de la lanza”, decía Gonzalo de Berceo. Son las cinco rosas rojas que vio San Buenaventura y los cinco tragos de vino que algunos hacían en honor a esta sacra liturgia. Buena costumbre que las tabernas de hoy, tan jodidas, debieran implementar con gozo.

El vino y la sangre van unidos junto con el agua en esta torrentera de la salvación que la cruz nos enseña. La sangre desciende de la cruz a sabiendas de que la lleva la lluvia del cielo por arroyos y ríos para fertilizar la tierra y convertirla en un jardín, en un nuevo paraíso. La sangre nos da la vida.

Toda la cristiandad da vueltas al mismo tema. La sangre de Cristo sobre la Cruz de Cristo y bajo la Cruz de Cristo, que ya no es suya, sino entregada a los hombres. Esa sangre que algunos quisieron retener en ampollas y que regó todos los cauces del mundo, es nuestra, es de todos, como de todos es la historia de un hombre que dio su sangre por nuestra redención. Cristo es una cosa anómala. Nunca ha existido nadie como Él. Los hombres intentan ser grandes, siendo hombres, desde Julio César a Napoleón, desde Gengis Kan a Pedro Sánchez, ¿pero quién, siendo Dios, da su vida por los demás?…

A veces, los cristianos, por familiaridad, no nos damos cuenta de lo que significa la redención. La Semana Santa nos lo explica a la medida de lo que somos, que no es poco, peregrinos en nuestro mundo, y no necesariamente a Santiago, ni a Roma ni a Jerusalén, sino cada uno a su casa, a su  poquita cosa, que no es nada, pero es lo que tenemos, lo que somos, nuestro carné y nuestra carne de identidad, personal e intransferible, con todas las tarjetas y códigos que nos quieran atribuir además. Somos la parcela clandestina de un universo que nos busca para identificarnos y ponernos una sanción. Somos los siempre jóvenes irresponsables que queremos disfrutar del absurdo en que vivimos. Somos los viejos hartos de que nos confinen en un inserso de frívolos… A veces, incluso somos costaleros. Entre todas las cosas que yo he pretendido ser para entenderme, probablemente la más digna haya sido la de llevar un Cristo encima, muerto, con sus cinco llagas a beneficio de forense, con sus cinco gritos que despiertan la mañana, con sus cinco preguntas a la caída de la tarde, con sus cinco respuestas inútiles en la noche.

La Semana Santa nos brinda estas cinco llagas, que son las de la vida. La mano ofrecida para nada, la mano retenida para todo, el pie que tropieza y el pie quedo en la encrucijada, el costado, al fin, que se abre a un corazón sin pulso. Son las cinco llagas que llevamos al nacer pero solo descubrimos cuando nos hacemos cofrades. Los curas dirían que cuando nos hacemos cristianos. Sin duda, pero la cofradía es un grado. Un cofrade es un cristiano con callo.