Las tribulaciones de la OMS en China


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La OMS va de viaje a la China -viaje iniciático, supongo- para encontrarse a sí misma. La OMS va a buscar el origen de la pandemia, con más de un año de retraso, adonde otrora estuvo pero ya no está, como parece evidente, en un ejercicio de también evidente negligencia. La OMS va a sudar la camiseta higienizada en los mercados húmedos de Wuhan, donde las miasmas nadan literalmente en la abundancia, pero las miasmas que encuentre serán ya las familiares, las de toda la vida, las de los antepasados. La OMS justificará la visita con un interés científico, lamentablemente aminorado, porque los animales que pululaban ya no existen y todo lo que cohabitó vivo o muerto con el virus ha desaparecido. La OMS va como si quisiera hacer turismo de aventura allí donde menos riesgo hay, porque el patógeno fue exportado en su práctica totalidad, según se deduce de la situación sanitaria actual de la zona. La OMS irá con un tío o tía, comisario o comisaria, con un paraguas por delante, que le indique lo que debe ver y lo que no. La OMS va a la China a aprender a dejarse engañar como a un chino, al menos en la práctica, puesto que la teoría la tiene ya más que asumida. Para que el viaje tuviera algún resultado positivo, la OMS debería ponerse las vacunas chinas antes de volver a contarnos las delicias del celeste imperio, para que en el pecado llevase la penitencia. Total, las vacunas occidentales no se ponen por desidia de la administración, por agotamiento de los sanitarios, por soberbia de lo público, por recelo ante los farmacéuticos, o porque desconfiamos de todo, de los americanos, de los alemanes, del turco que trabaja para los alemanes, de los universitarios de Oxford y hasta de los congeladores de Lucena, que ya son ganas de desconfiar. Incluso Fernández Vara, que es médico, desconfía de las vacunas, lo cual sospecho que es natural en un forense. Todos sus pacientes están muertos. También Susana Díaz parece desconfiar de nuestras vacunas, ya que se vistió de china hace unos días, para reunirse con Ábalos. Tal vez solo se pretendiese que la delicadeza de la bella apaciguase la dureza de la bestia, de cara a un congreso del PSOE andaluz que se adivina bronco y machista. Pero no deja de ser significativo que igualmente González Laya aparezca ataviada de china, aunque me comentan caústicamente que en este caso es porque piensa que las feas vestidas de chinas resultan menos feas. Al menos, la alcaldesa de Torrecampo se ha puesto una vacuna de Pfizer para que no sobrara. Es de agradecer. Para una socialista que defiende la civilización occidental, vamos y la ponemos verde. No sabemos lo que hacemos.

El chino que describió Verne concluía al cabo de sus tribulaciones que era “preciso saber hacerlo todo en beneficio de los demás”, porque en ello residía “el secreto de la felicidad”. La OMS podría aplicarse el cuento y dejar de hacer el indio en todas partes, incluida la China. Europa, que le paga y le sigue la corriente, se sentiría siquiera consolada por quien ha permitido con su banalidad las tribulaciones a que ha sido sometida.

1 Comentario

  1. El papel de la OMS en la pandemia del SARS-Cov-2 ha sido, en muchas ocasiones, patético. Primero, dando por buena la versión china de la historia y no recomendando cerrar fronteras, sino advirtiendo al país que lo hiciese de duras consecuencias. Esto huele, cuando menos, a presunta negligencia criminal con resultado de muertes, muchas muertes. Segundo, con su negativa a reconocer la vía aérea como principal forma de contacto (aerosoles), hasta que cientos de científicos levantaron el grito al cielo. Tercero, como señala con su cáustica ironía Javier Tafur, con su tardía visita (un año después) de ¿inspección? al laboratorio de Wuhan, cuando todas las muestras habían sido destruidas. ¿A que jugaban los chinos en su laboratorio con los coronavirus? Apuesto a que al parchís, no.

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