Vísperas


Cuarto domingo de Adviento. Vísperas de Navidad. La felicidad siempre es la víspera de la felicidad. Lo que se espera se recibe antes en la ilusión que en la realidad. El regalo está en el paquete antes de abrirlo, cuando puede ser cualquier cosa, incluso lo que no esperamos, incluso lo que no merecemos. Rara vez la realidad cumple las expectativas, pero la ilusión siempre las cumple.

De hecho, somos felices al menos hasta el 22 de diciembre. Entrañable mañana de niños de San Ildefonso, de mantecados y copas de anís, de Machaco, en el caso de Córdoba, preferentemente. Y aunque esa misma tarde tengamos el bajón de los desheredados de la fortuna, enseguida nos recuperamos, puesto que la fiesta por excelencia de la Cristiandad comienza en la víspera inmediata del nacimiento de un Niño que necesariamente ha de venir con un pan bajo el brazo. Porque lo cierto es que desde el tercer domingo de Adviento, en el que al encender la vela rosa nos alegramos, como niños, en el Señor, e incluso desde el día de la celebración de la Inmaculada Concepción de María, que nos asegura el linaje purísimo del Príncipe que va a nacer, vivimos una suerte de extensa víspera de la fiesta, que los españoles, tan cristianos como listos y tan inocentes como niños, hemos sabido mantener hasta la misma noche del cinco de enero, en esa maravillosa víspera inquieta que presagia una donación universal. Es la Navidad que tenemos, la más grande, la más larga, la nuestra, la que persevera pese a los cambios políticos, sociales, climáticos o pandémicos.

Ahora la disfrutaremos con la mascarilla descolgada, mientras bebemos, comemos , fumamos y charlamos como cuando éramos jóvenes. También los jóvenes la disfrutarán como cuando lo eran. Porque ya nadie es joven, ya nadie es libre, ya nadie es irresponsable. Al cabo, solo somos lo que somos, lo mejor que somos, gracias a la hostelería. Somos cómplices de la hostelería. La sociedad sobrevive en la medida en que no puede dejar al pairo a la hostelería. Somos, seremos lo que somos, mientras exista la hostelería. Y el turismo, que es el maná, la bendición de la hostelería. Luego seremos otra cosa, probablemente la que quiere la izquierda, esa izquierda que avalan Monedero, Garzón y otros mentecatos, sin duda más pobre y, por supuesto, más triste. Seremos esa otra cosa donde la hostelería sea una empresa pública y el turismo una indeseable migración sin valor añadido. Lo han dicho ellos, los mentecatos del Gobierno. El Gobierno está lleno de mentecatos lo mismo que el mundo está lleno de virus chinos. Son tal para cual. El comunismo los cría y ellos se juntan.

Acabamos de aprobar en el inicuo Congreso que nos representa una ley de Eutanasia que, de alguna manera, cierra el círculo vicioso iniciado por la del Aborto. El principio y el fin de la vida se tasan por los hombres a la mayor glorificación de sí mismos. Noé hubiera visto causa de diluvio en el hecho. Muchos nos convertiremos en estatuas de sal por complacernos en esta vergüenza. Parecerá hermoso a los mentecatos decidir cuando se nace y cuando se muere, porque de alguna manera los diviniza. Pero ya se sabe lo que pasa cuando los hombres se divinizan. Ni soñemos con la democracia ni con los derechos humanos. No aspiremos, en tal caso, más que a un mundo de tiranos y de sicarios. Numerosos son los tiranos que ejercen o han ejercido como padres del pueblo, innumerables son los sicarios que les han hecho o les hacen el trabajo sucio como comisarios políticos, algunos hasta con el considerando de poetas.

No nos espante. Las vacunas americanas volverán a poner las cosas en su sitio y a Occidente donde debe. La Navidad las anuncia como regalo de Reyes. Habrá Semana Santa en nuestro corazón, como prescribe el Obispo, y tendremos Feria, la feria de los que somos inmunes al desencanto.

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Nacido en Linares, en la misma habitación donde murió Manolete. Cordobesía obliga. Licenciado en Historia, empleado público, rentista vocacional, cofrade nada ejemplar y experto en peroles. Aficionado a opinar. He sido colaborador de ABC de Córdoba, de la Cope y de los extintos periódicos locales Nuevo Diario y La Información. Soy liberal de toda la vida, por lo que me llaman fascista con cierta frecuencia. Estoy casado, tengo tres hijos, dos perros y un gato. He escrito un libro y he plantado varios árboles. Vivo en una parcela clandestina. Hay otra forma de vivir, pero no es tan divertida ni tan cordobesa.

1 Comentario

  1. Exactamente americana no es la vacuna de Pfizer. La tecnología que utiliza es de BioNTech que es una empresa alemana con sede en Maguncia y Pfizer es socio para la elaboración de la vacuna. La vacuna se fabrica en Bélgica, supongo que por cuestiones estratégicas, dado que los contenedores de refrigeración se fabrican Lucena y es más barato trasladarlos a Bélgica que a Estados Unidos para su distribución en todo el mundo. Es ir que los americanos, como mucho, han puesto parte dinero.

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