Derechita miserable


Pablo Casado./Foto: LVC derechita
Pablo Casado./Foto: LVC

 

Pablo Casado, en Córdoba. /Foto: JC

    Uno es lo que es, de derechas de toda la vida, por principios, por cuna, por leche mamada e incluso por estudios. Otros serán otra cosa. Tan respetable o no, dependerá de la circunstancia y del comportamiento. Casi todos somos buenos y todos somos malos si se nos da la oportunidad de serlo. La línea de fuego de la que habla Pérez-Reverte, en su última novela, se sitúa en esa tierra de nadie, acaso el centro, donde la ideología puede más que la moral, donde los intereses supuestamente generales imperan sobre los particulares de los muertos a miles en las trincheras. Pero lo importante es el tú y el yo de esas  miserables o heroicas trincheras de la Guerra Civil, la interminable nómina de los anónimos que allí cayeron. De hombre a hombre podemos rajarnos o perdonarnos. Tanto valor tiene lo uno como lo otro para la historia. Mas si nos perdonamos tiene que ser de verdad, tiene que ser con equidad, tiene que ser para hacer un mundo nuevo, de libres e iguales, no para que un bando, otra vez, te apuñale por la espalda y te quite de golpe o poco a poco los derechos inalienables que te asisten como ciudadano que piensa por su cuenta. La ley de Memoria Histórica, ahora Democrática -ya no se atreven a adjetivarla con la historia que falsean- es una emboscada a media España que el PP aceptó con tancredismo manifiesto . Esa media España que el PP dice que representa y que representó en  su momento la UCD, la misma UCD que el PP minó hasta sustituirla o asumirla porque no respondía a las exigencias de dignidad de la derecha española. Y es que pretender ocupar el centro responde al cabo a una incapacidad real de representar a alguien en concreto. El centro es, en fin, un espacio lleno de estrategias y vaciado de humanidad. Y nada más concreto que esa media España que lo había dado todo en beneficio de la concordia, empezando por el poder, para el común disfrute de todos los españoles, pero sin perder por ello su dignidad ni su sitio, ganado con sangre, sudor y lágrimas, al menos en la misma medida que el adversario, y sin duda con más generosidad que éste, porque desde su victoria fue capaz de alumbrar la democracia. Que nadie le quite a las Cortes de Franco el ser fundadoras de la democracia española.

 ¿Por qué ha devenido, pues, ese hito de plenitud histórica en esta traición definitiva de la derecha a sus orígenes perpetrada por Casado? ¿Por la mala conciencia de la dictadura, por la banal atracción de ser progres en todo caso, por esas empresas del Ibex que prefieren pagar antes a los malos que a los buenos, ya que el hecho de manipular  forma parte de su condición?…

 Qué más da. El discurso de Casado contentó a todos los que no tenía que contentar y ofendió al único aliado posible, que lo era en función de los votantes probables de ambas formaciones. Lo mejor de la propuesta de Abascal fue el compromiso de convocatoria de elecciones generales. Devolver a la gente la palabra y la soberanía que solo reside en el voto, máxime ahora que el pueblo español se acoquina entre estados de alarma propios y toques de queda importados, viviendo en cualquier caso bajo una dictadura solapada. Sin embargo, el líder del PP prefirió el beneplácito de socialistas, de comunistas, de separatistas y de terroristas, y lo consiguió a cambió de atacar  inicuamente al amigo, al socio natural, al hermano que hubiera combatido en la misma trinchera. Hay que ser una mala persona para hacer una cosa así. Casado ha dado el salto de la cobardía, justificable entre personas normales, a la miseria moral, solo reconocible en el lado oscuro. Él ha elegido ese lado. Sus razones o sus intereses tendrá. Con su pan se los coma y sus entusiastas cortesanos  disfruten de las migajas. Pena me da, al menos, Cayetana, esa aristócrata que ha preferido el abrigo hospicial del parlamento a la noble intemperie de la calle.

 Una cosa tengo clara y es que Abascal se comportó con cierta inocencia de clase que lo exime de algunos excesos de su discurso que considero inoportunos para él y para todos los que creemos que Europa está más cerca de la solución que del problema. Esa inocencia  fue la que le hizo quedarse perplejo ante el miserable ataque personal de Casado , que no esperaba ni concebía, tal vez porque no conoce en profundidad a los rojos ni a los tontos útiles del PP. Pero a mí, esa perplejidad me ha demostrado, al menos, que Abascal es una buena persona.

Por cierto, aquí, en Córdoba, tenemos una Guía de Perplejos, desde hace más de mil años, que no leemos. Tal vez sea este el momento de ponerse al día.

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Nacido en Linares, en la misma habitación donde murió Manolete. Cordobesía obliga. Licenciado en Historia, empleado público, rentista vocacional, cofrade nada ejemplar y experto en peroles. Aficionado a opinar. He sido colaborador de ABC de Córdoba, de la Cope y de los extintos periódicos locales Nuevo Diario y La Información. Soy liberal de toda la vida, por lo que me llaman fascista con cierta frecuencia. Estoy casado, tengo tres hijos, dos perros y un gato. He escrito un libro y he plantado varios árboles. Vivo en una parcela clandestina. Hay otra forma de vivir, pero no es tan divertida ni tan cordobesa.

1 Comentario

  1. Casado ya había apuntado maneras cuando perdió las primarias y consiguió desplazar a Soraya aliándose con el resto de perdedores. Y qué decir del famoso máster o de su meteórica carrera de Derecho (torcido) en cuatro meses. Después de las primarias llevó al PP al peor resultado de su historia y no presentó su dimisión. Y ahora recibe el aplauso de socialistas, comunistas y algún separatista, mientras ataca en lo personal al líder de la tercera fuerza política del Parlamento. No le arriendo las ganancias. No es un líder. Es un trepador de poca monta.

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