Ribbentrop-Mólotov a la cordobesa


Presentación del Festival de la Guitarra. /Foto: LVC
Presentación del Festival de la Guitarra. /Foto: LVC
paula badanelli vox
Paula Badanelli. /Foto: JC

Ustedes saben lo que pasó en aquella época: los nazis y los comunistas, de Alemania y Rusia, respectivamente, se pusieron de acuerdo para comerse Polonia y los países bálticos, en principio. Ya conocen los genocidios que se sucedieron. Los soviéticos lograron la plenitud en Katyn, que Carrillo y compañía solo habían apuntado en Paracuellos. Todo occidente puso el grito en el cielo por ese ¿pacto antinatura?, salvo los partidos comunistas, que se pusieron a las órdenes de Stalin y consecuentemente de Hitler. Muchos infelices españoles que habían huido a Francia se encontraron de pronto aliados con los mismos nazis que habían bombardeado Guernica. La historia es así de desagradecida, a pesar de las memorias al dente que queramos hacer con posterioridad.

Parecía imposible que una cosa semejante se reprodujera en la actualidad. Pero la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Y, en mitad de la pandemia, cuando todo el mundo está pendiente de Madrid, donde probablemente se está jugando, no el futuro del coronavirus (que este lo conocen los chinos mejor que nosotros), sino el mañana de la democracia española, resulta que surge en Córdoba una conexión política insólita, que acaso se estudiará en las universidades que queden después de la no gestión de Castells.

Badanelli cambia cromos con los rojos. ¡No!, me dirán. ¡Ella, nunca! Vale, pero la realidad es tozuda. Al cabo, se trataba de que le votase la oposición una propuesta más o menos demagógica sobre débitos a bomberos y policía local, a cambio de cargarse el proyecto mestizo de Bellido sobre el Festival de la Guitarra, que procuraba algo fantástico en Córdoba, tal es que empresas externas especializadas participasen en su gestión y colaborasen en la promoción cultural de la ciudad. La concejala de Vox, tal vez excesivamente brillante para nuestras necesidades corporativas, debería tener algo menos de olfato político y algo más de sensibilidad ideológica. Nada es más imprescindible en Córdoba que la implicación directa de la iniciativa privada en el desarrollo de la ciudad con el apoyo implícito y explícito de su Ayuntamiento. Pocas cosas más sensatas ha defendido Bellido que este proyecto de sinergias ciudadanas que intenta recuperar un espectáculo desfondado y que, sin duda, no tiene nada que ver con las reivindicaciones laborales, probablemente justas, de unos trabajadores municipales . Badanelli lo sabe. Por eso no se entiende que pierda el orate estratégico por la precaria táctica de ponerse el mono azul falangista un ratito, acaso deslumbrada por el anunciado advenimiento del nuevo sindicato “Solidaridad”, y pretender confraternizar con unas izquierdas que deben estar partiéndose de risa a su costa. Y es que el futuro de Badanelli no está en el Ayuntamiento, y ella también lo sabe. Yo la veo más bien en la Junta, de vicepresidenta o de presidenta, si me apuran. Vox tiene el futuro a su favor porque lo tiene todo por hacer. Pero tiene que ir haciendo bien las cosas, sin estridencias, con paso corto y firme, procurando mantener a raya la demagogia que tan bien maneja la izquierda y alejándose de extrañas pinzas que solo a ésta habrán de beneficiar.

 Lo de Ribbentrop-Mólotov acabó mal, pero mucho peor para uno que para otro.

 

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Nacido en Linares, en la misma habitación donde murió Manolete. Cordobesía obliga. Licenciado en Historia, empleado público, rentista vocacional, cofrade nada ejemplar y experto en peroles. Aficionado a opinar. He sido colaborador de ABC de Córdoba, de la Cope y de los extintos periódicos locales Nuevo Diario y La Información. Soy liberal de toda la vida, por lo que me llaman fascista con cierta frecuencia. Estoy casado, tengo tres hijos, dos perros y un gato. He escrito un libro y he plantado varios árboles. Vivo en una parcela clandestina. Hay otra forma de vivir, pero no es tan divertida ni tan cordobesa.

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