Cayetana


Cuca Gamarra, en su reciente entrevista en Mediaset, para ser aceptada como portavoz políticamente correcta, llama a Casado “jefe”, una vez al menos. Nadie, creo, habrá reparado en la fuerza de este sustantivo que implica muchas cosas y ninguna democrática. Solo hay dos maneras de llamar a tu superior de este modo. Una porque creas que lo es y otra por tomarle el pelo. Supongo que en el caso de Cuca, que acaba de ser designada a dedo, lo será porque cree firmemente que Casado es el jefe y que ella está donde está porque el jefe así lo ha decidido. A partir de aquí, todo está dicho. Da igual que tenga categoría o que no la tenga. Su discurso siempre será impostado, porque no responderá a su personalidad, sino a la del jefe. Cayetana era distinta. Tenía o tiene más categoría que su jefe. Es doctora por Oxford en un mundo de doctorados en precario y licenciaturas express, tanto en la izquierda como en la derecha. Escribe maravillosamente. ¿Quién lo hace ahora? Pido un solo diputado que nos explique por escrito semanalmente el esfuerzo que dedica a su circunscripción. No lo vamos a encontrar. No saben escribir, no saben pensar. Cayetana era diferente. Por eso no cuadraba. Por eso se fue una vez y ahora se va otra. Cayetana se va siempre y debe irse siempre en busca de la verdad o de lo que ella piensa que es la verdad. Puede hacerlo, porque tiene clase. No es Calvo, ni las Montero, ni Cuca, ni Soraya en desabillé. Es una aristócrata, probablemente la última aristócrata, y tiene un cuello largo, de cisne, susceptible de ser decapitado muchas veces. Ahora lo ha sido por segunda vez, por un mindundi que la llamó para darse importancia. Casado es lo que es, un buscavidas y una profunda decepción para los que pensamos que era distinto a Rajoy. Se dejó la barba para parecer alguien y se parece realmente a quien era alguien. Rajoy, Montoro, los presupuestos que ahí siguen, inpertérritos, demostrando que España puede seguir siendo España incluso montada por Sánchez e Iglesias.

 

De hecho, ahora se trata de hacer los presupuestos de Montoro sin Montoro. Y los harán. Y también reorganizarán a los jueces para que respondan a las proporciones ideológicas que les exigen quienes los nombran. Todo seguirá siendo igual de miserable porque, entre otras circunstancias, habrán prescindido de Cayetana. Es donde está Casado, un petimetre con ínfulas, esperando a que la izquierda se estrelle, que siempre se estrella. Soy joven y tengo la vida por delante y al lado tengo a Teodoro, que es más tonto que yo. Este es el Partido Popular, no busquen otro. Por eso surgió Vox, que no es mejor, sino al contrario

 

Pero yo no veo a Cayetana en Vox, aunque veo a Vox con Cayetana. Cayetana es Isabel la Católica con los condicionantes de hoy. Nadie como ella puede reunir España, nadie puede expresar un mensaje tan nítido de unidad y libertad, nadie es tan decididamente independiente, nadie es tan liberal y tan castiza, nadie tiene dos nacionalidades y tres idiomas, nadie es tan mujer sin necesidad de ser florero de nadie.

 

Uno de los mejores discursos que he escuchado se lo debo a Cayetana Álvarez de Toledo. El mensaje de libres e iguales es justamente el contrario al de obedientes y uniformados que representa Cuca Gamarra. No es que abandonemos al Partido Popular, es que el Partido Popular nos ha abandonado a nosotros. Ellos sabrán. A mi me encontrarán con Cayetana.

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