Remodelación municipal

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Cintia Bustos y Laura Ruiz. /Foto: LVC

Laura Ruiz fue en el segundo gobierno popular del ayuntamiento de Córdoba lo mismo que Rafael Rivas fue en el primero: la eficacia cotidiana, esa que solo puede ser técnica. De hecho, Rafael tenía la misma profesión que Laura. El peritaje es la eficacia técnica de andar por casa. El perito ha sido siempre un ingeniero que sale barato, incluso cuando el plan Bolonia parece haberlo desbaratado todo. El perito, además, teoriza menos y resuelve más que el ingeniero. La España del desarrollo la hicieron los peritos, aunque la diseñaran los ingenieros. Hasta la Constitución Española se hizo en un mano a mano entre un perito y un ingeniero. En todo caso, como regla general, los peritos y los ingenieros son más útiles en la administración que los abogados y los economistas, máxime en la municipal.

 A Laura Ruiz, sin embargo, le ha fallado el tercer mandato popular, donde se ha aburrido antes de encontrarle sentido a una concejalía nueva, solitaria, bienintencionada y sin presupuesto, que naturalmente estaba abocada a formar parte de un ensamblaje superior, inacabado todavía, que solo el alcalde podrá dirigir con cierto atisbo de éxito. Que Bellido haya reparado en ello precisamente ahora, poniendo en las manos de Marian Aguilar todo lo que no tuvieron las de Laura Ruiz para ser eficaces, no parece haber sido la despedida más elegante a la impecable trayectoria de la política trasserrana. Pero igualmente hemos de considerar que el alcalde trajo a la señora Aguilar, que es logopeda de profesión, para hacer de Córdoba una ciudad inclusiva. Nada mejor -habrá supuesto en el momento presente- que comenzar por hacer inclusiva su propia área de gestión municipal. Y yo creo que no se equivoca. Mi bondadoso amigo Rafael González ve suficiente marrón para Aguilar en el cajón de sastre de la nueva concejalía refundida, pero yo, que soy más cruel, le endiñaría además Turismo. Porque solo en este sector puede estar el resultado real de que el entramado anterior funcione y porque así dejaríamos a Albás libre para ejercer con brillantez sus responsabilidades representativas de primera dama de la ciudad.

Que Marian caiga o no extenuada al cabo de un año no es un aspecto importante de la cuestión, sino en el sentido estratégico de permitir al cabo a Bellido la posibilidad de tomar directamente las riendas del verdadero negocio de Córdoba. Todo está inventado. Una ciudad industrial y portuaria como Vigo vive de iluminar la Navidad y de haber transformado en estrella de Belén a su alcalde socialista. Córdoba puede hacer lo mismo desde su ingente patrimonio, la belleza de sus tradiciones y su inevitable destino de ciudad turística. Todo ello al abrigo de nuestra cultura milenaria, a la que no le vendría mal alguna actualización. ¡Ah, la Cultura, esa dama misteriosa que todo el munso corteja, casi nadie entiende y solo Moreno Calderón amaba!…

 

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