La lotería en Babylonia


Babylonia./Foto: LVC Almedina coronavirus
Babylonia, local donde las autoridades sanitarias sitúan el origen del brote de Covid.19./Foto: LVC
Babylonia./Foto: LVC
Babylonia./Foto: LVC

En mi época las discotecas estaban para lo que estaban. Para arrimarse, sin más especificaciones. Cierto es que había media hora de suelto y media de agarrado. Ahora dicen que solo se baila suelto porque la gente viene agarrada de casa. Bailar pegados es bailar, proclamaba el salido de Sergio Dalma cuando la cosa empezaba a derivar inevitablemente hacía el distanciamiento social. El alivio de los jóvenes parecía conformarse con la exibición física individual y las discotecas se asemejaban a gimnasios, mientras la televisión ayudaba emitiendo publicidad de axilas imposibles. Aunque la danza casi siempre contenga una actitud provocadora que incita al cortejo, como diría un antropólogo, y al pecado, como diría un clásico, ha llegado a considerarse, desde lo políticamente correcto, como una actividad deportiva, más para la estima del propio cuerpo que para la seducción del ajeno. No obstante, a las discotecas se ha ido fundamentalmente a ligar o a alardear de lo ligado, si bien algunos se consolaran con la música e incluso con la bebida, que para eso se inventó, para poner al mal tiempo buena cara. Malos tiempos son, en todo caso, estos que nos ha tocado vivir para las discotecas y también para los gimnasios. El sudor huele a contagio. Y en verano huele a contagio todo, hasta la ducha. Es normal, por tanto, que estos brotes aparezcan en estos locales y no hay que rasgarse las vestiduras por ello. El equilibrio entre la salud y la fiesta es siempre inestable. Entre confinamiento y vida social existe una incompatibilidad evidente.   

De ahí que a mí me enternezcan estos jóvenes que celebran sus graduaciones de bachillerato con la solemnidad y la parafernalia de las universitarias, tal vez porque aún están a tiempo de pensar que el futuro ha de sonreirles necesariamente y porque la selectividad del noventa y tantos por ciento de aprobados les va a dejar, con indiscutible magnanimidad, que fracasen como quieran en ese limbo impreciso de los estudios superiores. Celebrar nunca está de más. Hay que celebrarlo todo, para mover la economía y para moverse uno, que la vida es muy corta y muy desabrida a veces. De hecho, la contamos, cuando tenemos la suerte de envejecer, como una sucesión de vicisitudes azarosas, donde la travesura, más que la responsabilidad, justifica la validez del tiempo vivido y perdido, pero no del todo olvidado, gracias precisamente a algunos momentos afortunados que acaso no lo parecieran entonces. No comparto, pues, la hipocondría degenerada de esos supuestos probos ciudadanos que pretenden solucionarlo todo cerrando negocios, poniendo multas y confinando a la gente. Ni siquiera respeto la hipocresía pedante de esos que van de expertos después de haber permitido la infección de la mitad de su gremio.

Particularmente me solidarizo con los propietarios y trabajadores de este local, ya estigmatizado, al que le ha tocado una suerte de lotería maldita, tan presente y tan real en la existencia como la que nos bendice. Me solidarizo con ellos porque no son conscientes, nadie lo es, de que juegan con el mismo empeño y las mismas probabilidades a la una y a la otra. Estamos ya anunciando la amable lotería de Navidad, pero la que de verdad nos afecta ahora es la de los contagios. Brote por aquí, brote por allá, los pueblos son conocidos en el presente por dar premios gordos que, aunque negativos, constituyen noticia igualmente atrayente para los medios de comunicación. No somos sino avatares de nuestras circunstancias y en estas circunstancias arriesgamos muchas veces tan solo por sobrevivir. La administración nunca se la juega, procura cobrar a quien lo hace. Las autonomías han asumido en este momento la herramienta totalitaria que antes tenía el gobierno central, y lo ha hecho con la misma obsesión que tenía este: culpabilizarnos a todos por nuestra libertad.

Babylonia no es culpable. Simplemente, el coronavirus pasó por allí, como pareció que iba a pasar por Hacienda, y hubiera sido mucho más justo que así fuera, al menos como guiño poético de esta lotería infame que padecemos. El coronavirus, inasequible a los decretos y a las ordenanzas, a las administraciones de todo ámbito y a los gobiernos de toda laya, está interpolando un azar misterioso  en el orden del mundo, como en el cuento de Borges, que acaba de este modo inquietante: “Babilonia no es otra cosa que un infinito juego de azares”. Como nuestros negocios y nuestros ocios, como nuestros contagios, como nuestros políticos y nuestras vidas.

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Nacido en Linares, en la misma habitación donde murió Manolete. Cordobesía obliga. Licenciado en Historia, empleado público, rentista vocacional, cofrade nada ejemplar y experto en peroles. Aficionado a opinar. He sido colaborador de ABC de Córdoba, de la Cope y de los extintos periódicos locales Nuevo Diario y La Información. Soy liberal de toda la vida, por lo que me llaman fascista con cierta frecuencia. Estoy casado, tengo tres hijos, dos perros y un gato. He escrito un libro y he plantado varios árboles. Vivo en una parcela clandestina. Hay otra forma de vivir, pero no es tan divertida ni tan cordobesa.

2 Comentarios

  1. El guiño poético hubiera sido más poético aún, si hubiera pasado por aquellos que eligen un lugar para el contagio en el que los que trabajan lo hacen para que podamos vivir en el estado de bienestar que queremos para todos, y cumplen con su labor para que pueda haber enseñanza y sanidad de calidad para todos, y contribuyamos todos a los gastos del país.

  2. Me parece perfecto el romanticismo melancólico del texto pero la pura y dura realidad es que en un antro a oscuras pasaron en una noche cerca de MIL personas ( 1.000 personas ) que de momento han dejado 118 positivos y que se han hecho 2.400 pruebas PCR a personas que están en cuarentena , o sea , encerradas en su casa ….Todos estos gastos los pagamos Ud Sr Tafur y todos los desgraciaos españolitos a los que nos han chafado el verano después de llevar 4 meses ENCERRADOS EN LA PUÑETERA CASA …
    Sin atrevernos a viajar en tren ni en avión ya que por mor del Negocio ( “el negoci es el negoci ” que diría el nefasto Don Jordi ) los que lo hacen van como “sardinas en lata ” o como “piojos en costura ” …o sea codo con codo ….nada de los DOS METROS DE DISTANCIA SOCIAL ….
    Tampoco nos fiamos de los Hoteles ni los de 5 estrellas ya que el Sindicato de las Kelly …( las que limpian ) bien se ha encargado de difundir en Cuatro y en la Secta , por favor , con C …que de ” limpieza y desinfección extra …nada de nada …que nada de fiarse de placas y de estrellas de Higiene Máxima contra el COVID- 19 ….que a las pobres que limpian les siguen pagando igual y con las mismas horas , estresadas total y que NO LES DA TIEMPO DE DESINFECTAR COMO LE EXIGEN …QUE LA CONTRATA NO LES PAGA LAS HORAS SUFICIENTEMENTE …..
    O sea Sr Tafur..que porque unos pocos jovenzuelos pasando de todo se diviertan y se contaminen , se infecten adecuadamente …qué vamos a estar los demás ciudadanos ENCERRADOS per sécula seculorum ….??? Hasta cuando ….????

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