Pandemia o Pademonium


No si nos hará más fuertes, como anunciaba el rey con oportuna retórica. Acaso nos haga más prudentes o más humildes y lo mismo ya no pensamos que las ciencias avanzan que es una barbaridad, al menos las sanitarias. Por lo pronto nos está haciendo más cursis. Aplausos pródigos aparte, hay imágenes que exceden la dosis decorosa de ternurismo. Para llevar la cesta de la compra de una viejecita están los nietos o si me apuran los costaleros de la cofradía del barrio. Los soldados, a ser posible, deben estar ocupados en instalar hospitales de campaña y en proporcionar el material que se necesita con urgencia y que tan mal gestiona el gobierno, ese que solo se manifiesta cuando lo roba a las comunidades autónomas, tal que Andalucía, infamando además a una honorable empresa de Jaén, a la que igualmente habría que aplaudir. Pero lo que sin duda va a lograr esta gripe exótica, además de matarnos a unos cuantos y de acongojarnos a todos una temporada, más por la sobreexposición de la estadística que por su importancia, es hacernos más pobres. Y también menos libres. De la pobreza podremos salir en un año, dos o tres, si votamos con sensatez, nos dan opciones para hacerlo y, mientrasprorrogamos los presupuestos de Montoro, que son como un maná básico e inagotable. Porque lo peor de la crisis del coronavirus puede resultar de tomarle gusto al estado de alarma, que pronto podría convertirse en excepción o sitio, viendo lo fácil que es domesticar a la gente y confinarla en su casa. Veremos si no tenemos que historiar el periodo como un ensayo general de una inminente dictadura del frente popular. Sánchez e Iglesias lo reconocen implícitamente en su cuarentena falsa y distópica. “Con lo que sabemos hoy, no lo habríamos hecho igual”, dice el siniestro presidente. ¿Y con lo que sabias hace quince días, por qué lo hiciste igual?, cabría preguntarle. No existe otra respuesta que la insistencia en el torpe ejercicio del poder basado en coordenadas ideológicas, ajeno a la realidad social, enajenado en el ordeno y mando, sin orden ni concierto, y abandonado a las balbuceantes justificaciones pseudocientíficas que pergeñan sus pintorescos gregarios.

Porque la estrategia española, totalitaria pero estúpida, consiste, no más, en aislar a todo el mundo de todo el mundo, lo cual es imposible. Cuando lo correcto sería -no existe otra explicación del éxito de los coreanos y del nuevo milagro alemán aislar a los buenos de los malos mediante el chequeo precoz, que aquí no se ha hecho, ni se hace, ni probablemente se hará. Las señoras de los políticos, los señores de las políticas y, con un poco de suerte y tiempo, médicos y enfermeras. Los demás, infectados y no infectados en un totum revolutum.

Cierto es, por tanto, que en el momento presente el gobierno sigue dando más miedo por lo que no hace que por lo que hace. Lo cual siempre es un consuelo.

No obstante, algo bueno puede traernos todo esto, fruto de la reflexión sobre la nueva realidad. La ideología de género, la emergencia climática y la memoria histórica quedarán en el recuerdo como meras excrecencias de una sociedad frívola que olvidó su higiene moral y sus valores fundamentales.

Y algo bueno también nos deja la ardiente actualidad: el extraordinario ánimo del pueblo español, su sentido del humor inasequible al desaliento, la picaresca y el romancero anónimo, el carnaval libre, sin subvenciones y genuinamente rebelde. Con esto no hay quien pueda. Ni virus ni bichos, ni tristes ni aciagos, ni pepillos con carguillos ni illas con pesadillas. La idiosincrasia de España, en suma, está aflorando espontánea, naturalmente en primavera.

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Nacido en Linares, en la misma habitación donde murió Manolete. Cordobesía obliga. Licenciado en Historia, empleado público, rentista vocacional, cofrade nada ejemplar y experto en peroles. Aficionado a opinar. He sido colaborador de ABC de Córdoba, de la Cope y de los extintos periódicos locales Nuevo Diario y La Información. Soy liberal de toda la vida, por lo que me llaman fascista con cierta frecuencia. Estoy casado, tengo tres hijos, dos perros y un gato. He escrito un libro y he plantado varios árboles. Vivo en una parcela clandestina. Hay otra forma de vivir, pero no es tan divertida ni tan cordobesa.

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