Valdeolleros


Es el nuevo estilo bolivariano, que impregna ahora todo lo que a Sánchez le quitaba el sueño otrora

El ministro Ábalos, después de su inquieta madrugada en el aeropuerto internacional de Barajas y de su pecaminosa cita transcontinental, ha recalado en Córdoba como para volver a la vulgaridad provinciana en un acto socialista de base. Visiblemente malhumorado, rehusó referirse a la intriga venezolana y al papelón hecho en consecuencia por el gobierno español ante la Unión Europea y los Estados Unidos, que nos puede llevar, si no se reacciona a tiempo y se cesa al responsable, a la cola política del mundo occidental. Un asunto que el interfecto llegó a calificar de “tontería”. Lo mismo que al debate sobre la libertad de los padres para prevenir el adoctrinamiento de los hijos. Con tonterías así se embrutecen los países, se pervierte el Estado de derecho, se adultera la democracia y se aboca a la sociedad al enfrentamiento civil. Y se rompe Europa, tanto como se está rompiendo España. Ábalos se jactó, sin embargo, del cierre de la cuenta de Vox en Twitter como si hubiera sido idea suya y, lo que es peor, como si fuera una buena idea. Tal vez lo sea. Tal vez lo sea para él y para la bruja que lo recibió en tránsito. Es decir, para los que avalan la vulneración de la legitimidad democrática, el sometimiento de la oposición y la pujanza de las dictaduras cocaleras. Probablemente, Ábalos no era tan tonto ni iba tan lejos hace solo unos meses. Pero ya no puede parar. Ser ministro a veces, a toda costa, exige perder el oremus y, lo que es más sensible, la decencia.

Isabel Ambrosio, José Luis Ábalos y Rafaela Valenzuela. fomento ministerio rente adif
Isabel Ambrosio, José Luis Ábalos y Rafaela Valenzuela. /Foto: JC

La intervención de Cornejo, a su nivel, no desmereció. Dio a entender que quienes atacaban la corrupción socialista lo hacían al socialismo. Es el nuevo estilo bolivariano, que impregna ahora todo lo que a Sánchez le quitaba el sueño otrora. Ambrosio estuvo en su discreción habitual, con un añadido de tedio, como si le pesara mantener el tipo de perdedora irrecuperable. Ni la comparación con Susana le sirve de consuelo.

Lo único interesante y útil para el PSOE, si alguien quisiera estimarlo, fue la humilde intervención del secretario general de la agrupación del partido que estrena sede en un barrio de recia raigambre socialista. El señor Romero pidió, no sé si inocentemente, la constitución de la Agrupación Municipal Socialista de Córdoba, un órgano que ya existió -y de hecho existe en otras provincias- hará una década y que fue comandada por Paco García, un socialista bueno, que de todo hay en cada viña. Acaso por ello, la finiquitó al poco la ejecutiva provincial, que nunca vio con buenos ojos esa cierta autonomía capitalina. Con Ábalos al frente de la fontanería socialista no parece que puedan abrigarse esperanzas objetivas de que vuelva a ser considerada la sensata y democrática petición del sucesor de Paco Téllez, otro socialista de los buenos, de lealtad inquebrantable, sin duda, a su partido. Sería conveniente, en todo caso, que de este modo se abriese al menos una tímida opción de debate. Aunque el propio ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Inconfesable lo haya descartado implícitamente porque “ahora no toca”. Nunca toca, nunca es el momento oportuno de la democracia interna para los jefes. Así les va a los socialistas cordobeses, que ni siquiera triunfan ya en Valdeolleros, donde la doble izquierda obtiene menos votos que la triple derecha. La sede de cuarenta metros cuadrados, inaugurada con más cargos que militantes en ella, es la perfecta metáfora de su perentoria situación.

Por cierto, andaba por allí el ministro de Agricultura y diputado por Córdoba, Luis Planas, que, pese a sus méritos y a su querencia, según observamos, no tiene entidad suficiente para presidir tan reducido acto ceremonial. Yo de él me hubiera inventado una reunión en Bruselas, para no hacer el indio en un sitio donde no le dejaron participar, ni siquiera para hablar de los aranceles. Hace unos días comentaba que a Planas le gusta pasar desapercibido sin dejar de estar en la pomada, que es el privilegio del tecnócrata, pero tal vez esté abusando de su estrategia. De hecho, es muy probable que Madrid le inste a abandonar el escaño, que ocuparía, sin desdoro, Antonio Hurtado, ya bien probado en estas lides. Hurtado es un socialista a la inglesa, fabiano, nada marxista. De él cabría la suposición de que adquirió la ideología leyendo “El alma del hombre bajo el socialismo”, curiosa, brillante y bastante desconocida obra de Oscar Wilde. El problema es discernir si su pajarita podrá volar libremente en la coalición socialcomunista. Pero Hurtado tiene ya edad de conservar lo conseguido y de proveer la jubilación, no de ser contestatario, así que procurará pasar tan desapercibido como Planas. Es la tara de los socialistas actuales, que son clientes de sí mismos, del engendro que han creado. Solo Felipe está por encima del bien y del mal… y de la nómina.

Artículo anteriorAnne Brontë, 200 años
Artículo siguienteEl mayor desplazamiento visitante a Vista Alegre
Nacido en Linares, en la misma habitación donde murió Manolete. Cordobesía obliga. Licenciado en Historia, empleado público, rentista vocacional, cofrade nada ejemplar y experto en peroles. Aficionado a opinar. He sido colaborador de ABC de Córdoba, de la Cope y de los extintos periódicos locales Nuevo Diario y La Información. Soy liberal de toda la vida, por lo que me llaman fascista con cierta frecuencia. Estoy casado, tengo tres hijos, dos perros y un gato. He escrito un libro y he plantado varios árboles. Vivo en una parcela clandestina. Hay otra forma de vivir, pero no es tan divertida ni tan cordobesa.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here