Centro (de Gravedad Permanente)


El afán de notoriedad personal y el interés particular por medrar con los políticos de turno han sido rémoras que han lastrado el futuro de nuestro comercio

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Hace escasas fechas, nos dejó Don Franco Battiato, uno de los grandes músicos europeos del siglo XX. Nunca olvidaré aquella ocasión, siendo un niño, en la que escuché por primera vez el mítico himno que titula este artículo. La búsqueda eterna del ser humano en pos de alguna certeza a la que aferrarse. Un centro de gravedad que le mantenga unido a su propia esencia, lejos de la locura reinante en el mundo.

El centro. O El Centro… ¿El Centro… de Córdoba? De gravedad permanente. De otra clase de gravedad. La gravedad del abandono, de la desidia y de la hipocresía. Perdonen que me traiga el toro a mi terreno, pero es que ya saben que este tema me resulta especialmente doloroso. El que fuera uno de los grandes polos comerciales de Andalucía, hoy reducido a un puñado de calles solitarias, trufadas de escaparates pintarrajeados y de viejos comercios que navegan a la deriva por un piélago desértico.

Sesudos analistas argumentarán que si la globalización, que si Amazon, que si Inditex… Nada de eso me vale. Eso es echar la culpa al empedrado una vez más. La culpa es nuestra, de los comerciantes del centro de Córdoba, que no hemos sido capaces de dotarnos de buenos representantes que nos hubieran defendido debidamente ante las diferentes administraciones (léase, Ayuntamiento, principalmente). Décadas perdidas, durante las cuales fuimos bajando el ritmo del pistón a base de marear la perdiz y de no tomar decisiones.

Cualquier movimiento asociacionista comercial es complejo por su propia definición. Hay que conseguir el apoyo de los comerciantes de base, que es lo fundamental. También es imprescindible contar con voluntarios a quienes no les importe quitar tiempo a su propio negocio y a su familia para dedicárselo a la causa común. Gente con ganas de llevar adelante proyectos que ilusionen al público, con capacidad de convicción y, sobre todo, que lo hagan desinteresadamente, por el bien del comercio en general.

Sin embargo, no ha sido (ni es) esto lo habitual. En más ocasiones de la cuenta nos hemos encontrado al frente de las asociaciones con personas que no han contado precisamente con este tipo de virtudes. El afán de notoriedad personal y el interés particular por medrar con los políticos de turno han sido rémoras que han lastrado el (ya inexistente) futuro de nuestro comercio.

Quiero hacer mención en este artículo a un comerciante que sí ha estado luchando por el Centro y por Córdoba durante toda su etapa profesional con tesón, arrojo y la mejor voluntad. Mi padre. Va por él, y también por tantos otros miembros de su generación que sí quisieron lo mejor para nuestra ciudad y que hicieron todo lo que estaba en su mano. Estuvieron siempre a la sombra de otros menos ejemplares, pero su espíritu dejo simiente y queda hoy vivo en muchos empresarios más jóvenes que aprendieron de su ejemplo.

Francamente, a pesar de todo, creo que les ha merecido la pena. ¿Qué mayor logro hay en la vida que el hecho de haber peleado por lo que uno cree? Eso lo resume y lo justifica todo.

Quieran a la gente de su alrededor y les irá mejor. Besos.