Se tiran los pájaros a las escopetas


Andalucía

Aún tengo memoria de aquellos años remotos en los que la ciudad de Córdoba fue una meca del comercio. A pesar de mi corta edad entonces, dejó impronta en mí el bullicio de las compras en cualquier fecha del año y en cualquier barrio de la ciudad. No había calle, por pequeña o alejada, que no contara con sus dos o tres tiendecitas de ésto o de aquello. El centro rebosaba de clientes venidos de toda la provincia, que aprovechaban un día libre para disfrutar de tal selección de comercios especializados en cualquier producto que se pudiera imaginar.

Pero algo se torció a finales de los setenta. Con la entrada de los gobiernos de izquierda, el Ayuntamiento (excelentísimo) dio un giro de timón a la actividad económica cordobesa y comenzó a trabajar, denodada e incansablemente, en pro de llevarnos a toda prisa hacia un modelo de ciudad “no capitalista”. Ya me explicarán lo que es eso. El caso es que, a día de hoy, otras capitales andaluzas han tomado el relevo en el ranking del progreso y nosotros capitaneamos orgullosos el top del paro en España.

Uno de los grandes pilares de esa “nueva política” fue la promoción exacerbada de la venta ambulante. De ser meca (como decía) del comercio establecido, Córdoba pasó a ser meca del comercio nómada. Curiosamente, empezamos a basar parte de nuestra economía en una actividad (ésta, la ambulante) que teóricamente está pensada para cubrir las necesidades de poblaciones mal abastecidas por el comercio tradicional, bien por su lejanía, bien por cualquier otra eventualidad. En fin, la realidad es que en Córdoba ha ido creciendo sin parar, hasta hipertrofiarse de una manera que no tiene parangón – me atrevería a decir –   en ninguna otra capital española.

El pequeño comercio establecido generaba trabajo y riqueza, además de vertebrar los barrios y de apoyar al sector del turismo, haciendo la ciudad más visitable. Ahora den un paseo por el centro y después me lo cuentan.

Bueno, pues ahora me entero de que un señor de Ciudadanos (un tal Antonio Álvarez para más señas), quiere dar una nueva vuelta de tuerca en esta historia de derrota. Al parecer (cosas veredes, amigo Sancho) pretende ampliar aún más la venta ambulante “con nuevos formatos en diversas zonas de la ciudad”. Sostenerla y no enmendarla. Bueno, total – ya puestos- para cuatro tiendas que nos quedan abiertas, con los comerciantes ya sin ahorros, ni financiación, ni patrimonio, pues nos las acabamos de cargar todas. Hacemos tabla rasa y a empezar de nuevo en el paraíso socialista.

A lo largo de los años me he formulado muchas veces esta pregunta: ¿por qué fastidiar al comercio? ¿qué sentido tiene? ¿para qué destruir una fuente de prosperidad para los cordobeses (y para las cordobesas también)? De repente una mañana se me encendió la bombilla. Estaba claro: un trabajador que emprende y se pone por su cuenta, se embarca en un alquiler, arrima a la vereda su poco patrimonio, se entrampa de por vida, no duerme, no ve a su familia y poco menos que vive en la tienda, nunca va a votar a unos señores que, por mucha rosa, mucha hoz y mucho martillo (pintado de naranja) que lleven a gala, no hacen sino meter palos entre los radios de las ruedas, y a los que no les preocupa lo más mínimo el esfuerzo de los demás.

Entonces, si el comerciante no nos vota, ¿para qué queremos comerciantes? Mejor parados a los que amparar bajo el capote de un Estado cada vez más desmesurado y con unos cimientos cada vez más hundidos en el barro.

Bueno, me voy a dar un paseo por la calle Cruz Conde y de paso echo una carta en Correos. Me llevo la linterna y una brújula por si me pierdo en la oscuridad de tal páramo desolado. Si no escribo en unos días, avisen al grupo municipal de Ciudadanos.

Quieran a la gente de su alrededor y les irá mejor. Besos.