Mi tribu es la mejor


En los Jardines de Albia, en Bilbao, luce, grotesca, una estatua a Sabino Arana. El tipo en cuestión (gurú, ideólogo, santón y fundador del nacionalismo vasco) es recordado por sus ideas asquerosamente racistas contra todo “lo español”, que consideraba inferior a “lo vasco”, como si “lo vasco” no fuera español y “lo español” no fuera vasco. Las vomitivas ideas del payaso en cuestión (impropias del siglo XXI) siguen integrando el libro de cabecera de todo buen nacionalista vasco. A día de hoy tenemos sentados en el Congreso de los Diputados nada menos que a seis mendas del PNV, adoradores de la asquerosa doctrina del tal Arana. Y no son unos diputados cualquiera. La aritmética parlamentaria suele concederles (como es ahora el caso) la arrogancia del que se sabe decisivo.

Y ahí están, con toda su jeta, hablando del “vecino del sur”, mientras cobran del “vecino del sur” y atornillan al gobierno del “vecino del sur”, y recogen las nueces del nogal que menean otros mendas como ellos o peores. Los otros adoradores de Sabino, pero también de Marx.

El tuitero Monsieur de San-Foi dice que los vascos son como los vikingos, que hay que pagarles una vez al año para que te dejen en paz. Y así es. Los herederos del carlismo más arcaico vienen con sus maletines y su cara de pánfilos, ponen la mano, trincan, y luego dedican la pasta, entre otras cosas, a adoctrinar vía ikastola y ETB a la buena gente del País Vasco. Y de Navarra, que ya se ocupan ellos de currarse el panvasquismo y extender sus tentáculos más allá de sus tres provincias.

¿Hasta cuándo vamos a permitir esta infamia? ¿Hasta cuándo seguirán riéndose de nosotros esta panda decimonónica? ¿Qué podemos esperar de las nuevas generaciones de vascos, criadas al amparo y a la sombra de esta ideología abominable? ¿Es que esperamos simplemente a la balcanización de España? ¿Es que no hemos aprendido nada en el siglo XX?

La España actual, una democracia social y liberal que es ejemplo en el mundo, no puede tolerar la expansión, como una repugnante mancha de aceite viscoso, de las ideas totalitarias y repulsivas de un demente como Arana.

Pido amparo a nuestros representantes, de todos los niveles, para que pongan pie en pared de una vez por todas y acaben con la deslealtad de una casta nacionalista cuyo objetivo es la destrucción del Estado al que representa.

Quizá ya sea tarde, pero no podemos rendirnos sin pelear por el mantenimiento de nuestra casa, España. Sin dar la cara por el sostenimiento de la arquitectura jurídica y política que protege los derechos y libertades nuestros y de nuestros hijos.

El nacionalismo es la guerra, y lo tenemos metido hasta la cocina.

Quieran a la gente de su alrededor y les irá mejor. Besos.