Reir con Mamma Mía


Dicen que un día sin reír es un día perdido. Dicen que la risa es el lenguaje del alma. Dicen, a su vez, que sin sentido del humor, la vida no tendría sentido. Y si no, que se lo digan a los actores del musical Mamma Mia. Que se lo digan a esas personas que más de dos mil veces han intentado impresionar y divertir a más de dos millones de espectadores en poco más de diez años. Que se lo digan a los incansables trabajadores del humor que buscan hacer de unos cuantos minutos, unos momentos inolvidables.

Tengo la suerte de conocer a una de las protagonistas de este musical, y desearía que todo el mundo la conociese. Es una de esas personas de las que se puede aprender al tiempo que disfrutas estando con ella . De las que se puede aprender no solo por su inteligencia o por sus historias que son auténticos monólogos sino por su forma de afrontar la vida. Ella es de esas personas que convierte su actitud cómica en una constante diaria, aún después de que se cierre el telón. De esas personas que no creen en las dificultades que no se puedan ver mejoradas si van acompañadas de una sonrisa.

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Algunos lo llamarán utopía o fantasía, perfección inalcanzable o ficción. Sin embargo, confío en que aún queden personas que piensen como ella Que confíen en la risa, o en los brotes de alegría. Que confíen en que la felicidad se consigue con la fusión de muchos momentos felices, de muchas carcajadas o de muchas experiencias en las que agradeces estar donde estas. Confío, a su vez, en que aún queden personas que se planteen estas cosas.

En un mundo como el que vivimos es complicado (y me incluyo) darse cuenta de lo que queremos, de lo que nos aporta, de lo que nos llena. Pero esto no es una excusa ni lo convierte en algo menos importante. No. Pensar es importante, y si además, nos va a ayudar a saber de quién nos tenemos que rodear, a donde tenemos que ir o qué tenemos que hacer para que ese día terminemos llorando de la risa, es que es más importante e imprescindible aún. Y es que, a pesar de que la vida a veces tiene la insoportable indecencia de querer robarnos la alegría, hemos de buscar el lado bueno.
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De todo esto me di cuenta hace unos días viendo el musical de Mamma Mia en Córdoba. Estaba disfrutando, riendo. Estaba dándome cuenta de que no es tan complicado acabar bien un día duro, ni es tan complicado buscar algún motivo, por absurdo que pueda parecer, que te haga sacar una sonrisa. Aquí está la verdadera esencia de los cómicos, el buscar que los espectadores olviden su realidad para ofrecerle otra, en este caso, que les hará reír. Y es por esto por lo que admiro a aquellos que dedican sus vidas a hacer más fáciles las de los demás, aunque sea por un rato. Por eso he de decir que admiro a Olga Hueso, por su filosofía optimista, desenfadada. Por ser ese tipo de personas de las que todas deberían aprender. Por saber tomarse las dificultades con humor, por ser tan divertida tanto encima del escenario como fuera de él. Por ser tan ella. Porque hay gente que no es fiel a sí misma, y ella lo es. Y porque todos deberíamos serlo. Al menos, a mí me tiene convencida, de que es la mejor forma de afrontar la vida.

Es curioso cómo el ir al teatro para echar un rato tranquilo puede hacerte reflexionar tan profundamente. No sé si debo considerar esto como algo bueno o algo malo, pero sí se que me va a servir para buscar más risas en mi día a día.

Dicen que un día sin reír es un día perdido. Dicen que la risa es el lenguaje del alma. Dicen, a su vez, que sin sentido del humor, la vida no tendría sentido. Y si no, que se lo digan a esas personas que buscan hacer reír, hacer felices a los demás, y no me refiero solo a los humoristas o cómicos. Me refiero, ni más ni menos, (y espero que seáis de esas personas) a todos vosotros.

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