De balas y piedras


Corremos el riesgo de caer en la trampa de unos inquisidores de manual, que nos clasifican a su antojo según les convenga

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Alucino, en mi vida había visto nada igual. Hasta ahora, durante una campaña sólo enviaban sobres electorales, sin embargo, parece que en estas elecciones regionales han sido sustituidos por cartuchos intimidatorios.

 ¿Por qué? Sencillo. Las oportunas amenazas han entrado como reclamo electoral, como si de un cartel propagandístico se tratara. Ya no se habla de soluciones, economía o pandemia, y todo lo importante para el ciudadano de a pie, ha sido sustituido por un cúmulo de responsabilidades que se cargan al mejor postor.

Ante la duda, ha sido la derecha; tras la inoperancia, la culpa de la extrema derecha; ante el caos… cualquiera. Ya no es cuestión de siglas. Estoy pasmado viendo como hemos pasado de votar a un partido u otro, a llevar una insignia pegada en la solapa de la chaqueta con la que se nos acusa de algo. Tengo derecho a elegir, siento la necesidad de dudar porque como diría Pedro Abelardo “la duda lleva al examen, y el examen a la verdad”.

Recelar de lo desconocido no te hace enemigo de nadie, al contrario, o al menos así era. Y corremos el riesgo de caer en la trampa de unos inquisidores de manual, que nos clasifican a su antojo según les convenga. No les pertenecemos, no somos rebaño, ni siquiera vacunados, somos personas dueñas de nuestra propia vida.

No defiendo la violencia, ni las intimidaciones, Dios me libre, bastante costó llegar a una democracia plena como para que algunos nos recuerden a diario las trincheras y los bandos.

Eso sí, no he visto en mi vida pedradas más demócratas, ni adoquines tan liberales. ¿Cuál es la diferencia? Quien los recibe.

La libertad significa que no tienes obstruido vivir tu vida como tú eliges. Algo menor es una forma de esclavitud” (Wayne Dyer)