La cola


Estamos por encima de los cuatro millones de parados y novecientos mil trabajadores en ERTE, somos una economía tocada para el hundimiento mientras los políticos cambian cromos con los sillones

Ayer, cuando caminaba frente a la iglesia de mi barrio, vi a una conocida con el carrito de la compra guardando cola para recibir la ayuda de la parroquia, y agachó la cabeza. No intenté saludarla pues ella ya me había manifestado su rechazo, aunque no era a mí sino a su situación.

La cara gacha de esta señora me hizo pensar un buen rato sobre lo afortunado que era, y me llevó a reflexionar sobre los saludos que se habrán negado por vergüenza, por estar superados por unas circunstancias que reman en contra de muchos hogares españoles.

Estamos por encima de los cuatro millones de parados y novecientos mil trabajadores en ERTE, somos una economía tocada para el hundimiento mientras los políticos cambian cromos con los sillones, ajenos al dolor de la calle, presos de su ego. La realidad supera cualquier novela negra de sórdido argumento, es un día a día de padecimiento y tristeza que se ahoga en la memoria.

Tras los meses de confinamiento, una campaña publicitaria gubernamental rezaba “Salimos más fuertes” … no sé a quién se refería. Tras los aplausos se muestran las manos vacías, las mascarillas ocultan las caras de sufrimiento y angustia, mostrando unos ojos tristes cargados de añoranza.

Hostelería, turismo, comercio, autónomos… están siendo vapuleados con saña por la mala gestión de la pandemia. Medidas inoportunas e improvisadas, comités de expertos que no existen, y dejadez, abandonados a su suerte, han hecho que se piense sólo en sobrevivir. Se trata de mantenerse, es lo mínimo.

Por cierto, poco se comenta la labor de la Iglesia en estos momentos tan duros, parroquias, comedores sociales, Cáritas… están desbordados, pero lo dan todo por los más necesitados, como siempre. La labor callada se ve recompensada por sinceras palabras de agradecimiento y un saludo de amigo como el que ayer se me negó.

Y a pesar de esta introspección tan negativa, aún tengo esperanzas. Somos un gran país, una gran nación y como dijo Bismarck “Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido.”

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