Feliz Navidad


Charles Dickens cuando escribió su recurrente “Cuento de Navidad” podía profetizar que el espíritu de las navidades futuras nos iba a traer esta extraña situación.

Estamos en vísperas del nacimiento de Jesús, lo más grande, teniendo en cuenta que hasta los no católicos empiezan el año con el nacimiento de Cristo, la situación no es baladí. Sin embargo, en este año tan especial, nos estamos olvidando de lo esencial. Tras los mensajes de medios y demás, nos estamos olvidando de lo que nos hace diferentes y felices a la vez.

La llegada de la tan necesitada vacuna no puede sustituir la llegada de nuestro redentor, parece que este año todos somos parte de un portal de Belén global en el que nos dicen cuándo debemos movernos, a dónde podemos ir y con quién podemos celebrar estas fiestas.

No soy domable pastor que acude con certificado ante el pesebre. Me niego a tener una Navidad sin luz y canciones. La ilusión no puede ser de Pzier ni Moderna, sino que debe llegar de oriente con Melchor, Gaspar y Baltazar. Más gobierno menos Navidad.

Este año la llegada del Mesías supone un hecho más relevante que otras veces, esta vez no sólo nos invita a la celebración de la llegada del salvador, sino que nos hace pararnos, mirar a nuestro alrededor y pedir por los que han perdido su trabajo, por los que ya no están, por los que intentaron abrazarnos y no les dejamos… debemos ser muñecas que van al portal con alegría, con la mirada bien alta y buscando al niño Dios en cada rincón.

Nunca pensé que escribiría textos tan tristes, los leo, pero no avergüenzo ni me arrepiento, pero debo ser de los que ha entrado en esta estadística de tristeza en la pandemia. Una pena

Y dicho esto… seguramente sea día víspera de Navidad cuando esto lea, sólo me queda pedirle que lo celebre lo más feliz que pueda, que no abrace, pero sienta; que no bese, pero agradezca; que no cante, pero viva y, sobre todo, que sea feliz con los suyos.

Feliz Navidad a todos.

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