El patín ermitaño


Sábado por la mañana. Me dispongo a dar un tranquilo paseo y me dirijo desde el Paseo de la Victoria hasta el Boulevard del Gran Capitán… ¿Tranquilo?

Ahí está. Se aproxima hacia mí. Compite conmigo por la mínima acera. Lo esquivo con cintura torera pero no tiene la misma suerte la señora con la bolsa del Piedra. Me apresuro a cruzar, pero no estoy solo: debo guardar cola para comprar el pan. Miro a un lado y a otro. Han pasado unos minutos y ya aparece otro. Nada de calzada que para eso están los laterales… sudores fríos, y por instinto me pego al escaparate cuan burladero comercial me protege de esta embestida. Ya me toca… Un alivio.

Ya, con mi barra bajo el brazo, me apresuro a alcanzar la parte ancha de la zona peatonal… y aparece tras un contenedor, se para… Mi mirada fija, como si me estuviera preparando para recibir a puerta gayola… dispongo mi alargada hogaza como arma defensiva y… creo que se ha asustado, me evita.

Tras el susto, y como si de la victoria se tratara, me dispongo a seguir mi camino y de pronto… dos bicicletas que zigzaguean entre peatones, una con dos pasajeros, uno de ellos en el manillar… Me protejo con una papelera a forma de fijo escudo. La calle Concepción se ha convertido en mi Estafeta particular.

Cuando ya me creía seguro en el final de mi trayecto, aparece otro procedente de San Felipe, su tripulante lleva una caja cuadrada a la espalda, rápido, pero pasa de largo. Éste no era para mí.

Le tengo pavor a los patines eléctricos. El otro día, uno me arrolló al doblar una esquina.Claro que yo cometí el gran error de ir por la acera, y no fui capaz de apartarme ante tal ejemplo de civismo. Creo que fue lo que le dio la puntilla a mi maltrecha rodilla.

El monopatín eléctrico es una especie invasora que circula a su antojo por nuestras calles, normalmente porta sobre su lomo un ávido conductor que, con cara de velocidad, esquiva transeúntes y viandantes, pasa sin pudor por pasos de cebra y zonas reservadas a los peatones.

Se ha convertido en el nuevo cangrejo ermitaño de las ciudades donde el crustáceo es un conductor mimetizado en una suerte de Sito Pons e Induráin, porque no nos equivoquemos, si bien es un medio de transporte barato y ecológico, no debemos olvidar que va a motor, e incluso algunos tuneados para coger más velocidad y hasta con neón en sus bajos. ¡Y tiene peligro!

Y en cuanto a legislación… como se dice en la película Cometas en el cielo” de Khaled Hosseini: “Las reglas eran sencillas: nada de reglas”. 

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