“Córdoba lejana y sola…”

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El Cristo de los Faroles, en 'Un país mágico'.
El Cristo de los Faroles, en 'Un país mágico'. /Foto: LVC

Calles desiertas de la judería, páramo de deseos y paseos, y tras cada esquina un vacío, que hace que se oigan los pasos como un triste martinete. Es extraño echar de menos el gentío y la serpiente multicolor de mochilas foráneas que deambula entre adoquines, romero y la voz de algún guía que pide atención.

Jaca negra, luna grande,

y aceitunas en mi alforja.

Aunque sepa los caminos

yo nunca llegaré a Córdoba.”

La torre de la Mezquita Catedral vigila como faro guía, y conduce el escaso rondar de curiosos que se aventura entre las estrechas calles con tiendas a medio abrir, metálicas persianas que se rasgan con el recuerdo de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

Por el llano, por el viento,

jaca negra, luna roja.

La muerte me está mirando

desde las torres de Córdoba

San Rafael nos protege en su Triunfo, columna de guarda y custodia, promesa hecha y cumplida por Arcángel al que Dios mandó para nuestra guarda.  

“Tu excelencia es peregrina

en los orbes celestiales,

por ser de Dios en los males,

el médico y medicina. (…)”

 Puente romano, nexo entre orillas y anhelos, desolado camino, otrora saturado de curiosos visitantes que deambulaban entre acordes de guitarras y el sonido natural del agua que serpentea entre vetustas norias. Vía sacra que al templo mayor conduce a Encarnación con Amor y Silencio, sendero sacramental del Señor de los Reyes y Dulce Nombre, calzada de Descendimiento y Buen Fin. Yermo trayecto de Pasión con contenidos sentimientos de fieles, incienso en el silencio de la tarde.

Patios engalanados de geranios y gitanillas, latas de regar como improvisadas alargaderas de mimo, los vecinos siguen cuidando con esmero sus plantas, ajenos a la falta de bullicio, son pequeños huertos de sentimientos de Ani, Juan “El Langosta”, Manolo… Cal en las paredes y pozos de tardes frescas de verano con tertulias entre sillas de mimbre. Oasis de paz y serenidad sin nadie que altere la calma.

Cristo de Desagravios y Misericordia, Cristo de los Faroles, recogimiento en la noche y meditación en el día, Esperanza y Dolores cierran un sacro entorno sin agitación, sin tumulto… solitario empedrado de devoción.

“Calles solas y miradores de balcones

Córdoba desolada, tristeza en los amores.

Oré esta noche ante la Virgen de los Faroles

pidiendo que esto acabe, quiero ver alegría en lo mesones,

 sonrisas en los semblantes y costaleros bajo los faldones,

música en las esquinas y en primavera tambores,

muchachos a la carrera y entre naranjos … pasiones”

 

No dejes que el pasado robe tu presente. -Taylor Caldwell.

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