El papel de María Magdalena en la Resurrección de Cristo


Misterio del Buen Suceso./Foto: Eva M. Pavón

La Resurrección es la razón por la que los cristianos celebramos la Pasión del Señor, ya que a pesar de todo el sufrimiento que tuvo, el mensaje con el que nos dejó fue el de esperanza ante las adversidades que se cruzan en tu camino, pues el final del mismo estará él triunfante y en la Gloria. En la Semana Santa, es el último misterio que procesiona, de una manera totalmente jubilosa. Este tema de la Resurrección de Jesucristo es uno de los más recurrentes tanto en el arte como en la iconografía. En el caso de Córdoba, Jesús sale vencedor del sepulcro ante la atónita mirada de dos soldados romanos, mientras un ángel lo presenta y señala como el Salvador resucitado.

Pero dentro de este asunto, siempre se ha nombrado a más de un personaje participando de este pasaje glorioso, como es el caso de Pedro, Juan y Santiago. Aunque, sin duda, nos olvidamos de la gran protagonista en la Pasión de Cristo, junto con María, como es María Magdalena. María Magdalena, o María de Magdala, fue la primera persona que descubrió el sepulcro vacío y pudo ver a Cristo momentos antes de subir a los cielos.

Este misterio pascual, es descrito a la perfección en el evangelio de San Juan. En él se narra como la Magdalena, que estuvo al lado del sepulcro toda la noche, avisa a Pedro y Juan de lo sucedido y ambos entran en la cueva y con sus propios ojos ven que no hay nadie dentro, esto les hizo pensar que la profecía sobre la resurrección del Hijo de Dios era cierta. Pero María Magdalena seguía llorando desconsolada, pensando que habían robado el cuerpo del Maestro. En ese momento, una voz masculina le pregunta que porqué se encuentra llorando. Al oír esto, ella mira y se da cuenta de que era Jesús, al que confundió con un hortelano al principio.

Al darse cuenta de lo que estaba viendo ella exclamó “¡Rabí!”, Maestro en hebreo, y en ese momento extendió sus brazos en un claro ademán de abrazarlo, pero Cristo la paró en seco, sucediendo lo que se conoce en el mundo de la iconografía y el arte como “Noli me tangere”, es decir, “No te acerques o no me toques”, pues aún no había subido con el Padre hacia la Gloria Eterna, por lo que no quería que su relación con ella se quedara sólo en un cariño físico, ya que iba a estar vivo en todos nosotros siempre.

Este tema fue representado en la iconografía cristiana desde el siglo III d. C., siendo el punto de partida el baptisterio de Doura Europos. Aunque, es sobre todo a partir del siglo XIII cuando los artistas empezaron a representar el momento de la resurrección en sus obras. Y en concreto, el “Noli me tangere”, es conocido a partir del siglo X, representándose de una manera emotiva y plástica. Así, veremos cómo María Magdalena es mostrada junto al Salvador, de manera efusiva ante lo que ve, y siendo retenida de manera sutil por el propio Cristo. Pero el mensaje de esta iconografía es mucho más espiritual que terrenal, ya que no sólo pone a la Magdalena como una de las grandes protagonistas en la vida de Jesús, ya que nos pone en relación directa con el amor hacia el Hijo de Dios de una manera más íntima y mística, pues al fin y al cabo, él no vino para irse, si no para quedarse eternamente.

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