El “Penitas” como recuerdo de una advocación


‘Penitas’ de San Lorenzo./Foto: LVC

En nuestra Semana Santa, cada día vemos verdaderas escenas de la Pasión del Señor que se muestran en forma de misterios procesionales, representando cada uno un momento distinto. Uno de estos misterios es el de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia, que a pesar de su advocación, lo que verdaderamente refleja es el instante anterior a la misma.

La iconografía  original de Humildad y Paciencia representa el momento anterior a la Crucifixión de Jesús. Tras la llegada a la cima del Gólgota, Jesucristo es despojado de sus vestiduras, es humillado de nuevo. Es aquí cuando aparece el momento que nos concierne, es decir, después de sus despojos, Cristo se sienta sobre una roca que había en el lugar a la espera de su sufrimiento final. A su alrededor, los soldados se jugaban su túnica, mientras otros preparaban la cruz para clavarlo y alzarlo ante todo el pueblo. Jesús espera la muerte desnudo y sólo, aunque en el arte se representa ataviado con el paño de pureza.

Esta iconografía se popularizó a partir del siglo XIV, a través del Teatro de los Misterios. También la referencia a esta misma, la tenemos por primera vez en el arte germánico del siglo XVI. Es el artista alemán Alberto Durero el que plasmó ésta y otras muchas iconografías en su serie de grabados denominados “La Pequeña y Gran Pasión”, realizados entre 1509-1511.

En relación con Humildad y Paciencia, en los grabados de Durero sobre esta iconografía podemos apreciar como aparece Cristo sentado sobre la roca, apesadumbrado y reflexivo, ensimismado en su tristeza. No es una iconografía en la cual sus bases estén sentadas en los evangelios, pero si es cierto que Durero se inspiró en un salmo que dice así: “El probio quebrantó mi corazón y desfallecí; y esperé algún compasivo, más no lo hubo; y consoladores, más no los hallé” (Sal. 68,21).

Los comienzos de lo que hoy conocemos como la Hermandad de la Paz y Esperanza, estuvieron relacionados con la advocación a la que nos referimos desde el principio. Dicha cofradía, se fundó en torno a una imagen de Cristo que recibía veneración en la antigua Iglesia de San Juan de Letrán. Esta talla representaba iconográficamente a Jesús sentado sobre una roca, meditabundo, apoyando la cabeza sobre su mano derecha, es decir, lo que conocemos como Humildad y Paciencia.

El primitivo Señor de la Humildad y Paciencia, más conocido como “El Penitas”, es una obra de talla completa, policromada y tallada en madera, siendo su autoría anónima fechándolo entorno al siglo XVI, debido a sus rasgos estilísticos típicos de las primeras centurias de dicha época, quedando una imagen llena de nostalgia, tristeza, resentimiento y a la vez inocencia en sus facciones.

Por tanto, lo que en la actualidad observamos en el misterio de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia es lo que se interpreta como los despojos de Cristo, quedando el recuerdo de la primera imagen en la advocación. Algo que nos viene a decir, que no debemos quedarnos sólo con lo exterior, si no que siempre, hay que ir más allá del mensaje que se nos muestra.

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