La Rosa de Pasión y su concepto mariano


Jurado
María Santísima de la Caridad en su besamanos./Foto: Jesús Caparrós

El mundo de la simbología en la Semana Santa, es algo infinito, puesto que cada uno de los elementos, atributos y enseres que observamos en nuestras imágenes y en cada uno de los altares de culto que vemos, tienen un significado en concreto. Esta vez, vamos a detenernos en un objeto que portan muchas dolorosas y que nos pone en relación con la Cuaresma y la Pascua de Resurrección.

La rosa siempre ha sido una flor con multitud de interpretaciones, en su mayoría relacionadas con la belleza y la delicadeza en su forma de ser, la cual fue introducida por vestidores, camareras e imagineros para dar así otro sentido alegórico al concepto de Dolorosa. De esta forma, alguna que otra Virgen de nuestra Semana Santa podemos ver que porta en una de sus manos una rosa, realizadas en su mayoría en orfebrería, siendo denominada Rosa de Pasión o Rosa Mística, aprovechando así una de las letanías marianas más conocidas.

La Rosa de Pasión no solo embellece a la propia imagen por el hecho artístico, sino que además podemos interpretar dos aspectos relacionados con la misma, es decir, la liturgia y la piedad popular. Dentro del ámbito litúrgico, el color rosa, aparte de los ya conocidos como morado, rojo, verde y blanco, nos recuerda al denominado Domingo Gaudete, el tercer Domingo de Adviento; y por otro lado el Domingo Laetare, es decir, el cuarto Domingo de Cuaresma, que en su conjunto viene a hablarnos sobre el júbilo de esas dos fechas. Por un lado, la alegría de la espera del nacimiento del Señor, y por otro la tan ansiada llegada de la Pascua de Resurrección, destacando así, los valores de María como madre y reina de los cielos.

Dentro de la Cuaresma, el Domingo Laetare es conocido como Domingo de la Rosa, no sólo por utilizarse este color de forma litúrgica, ya que en las celebraciones de ese día se solía ofrecer una rosa en señal de regocijo y gozo porque el plan salvador del Padre iba a cumplirse a través del Hijo de Dios. Por tanto, es a raíz de este hecho cuando se comenzaron a introducir las rosas en la iconografía mariana de las dolorosas, enriqueciendo así su concepción

Aunque la piedad popular también influyó a la hora de comprender el concepto de la Rosa Mística. Más concretamente, es en la literatura donde se enaltece esta advocación, siendo su mayor aportador Gustavo Adolfo Bécquer, ya que en 1862, su leyenda número 13 la titula “Rosa de Pasión”, describiendo en ella a una flor con elementos pasionarios muy relacionados con el sufrimiento de Jesucristo. De esta manera, en los círculos de los filamentos se vería una corona de espinas; en los estambres, los martillos; y en los pistilos los clavos de Cristo.

Por lo tanto, la rosa, no solamente es una flor que embellece a nuestras dolorosas, sino que además les aporta un rango simbológico importante, demostrando delicadeza, esperanza ante la resurrección y la fuerza de una madre ante el dolor. Tal y como explican los padres de la Iglesia, María es la flor más predilecta, llena de virtudes y valores, un ejemplo siempre a seguir.

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