El recuerdo del artista de ‘El Retablo de las Cofradías’


“¿Qué pedís en silencio, Cristo mío?

¿Qué miráis tan profundo si cerrado

el párpado, y el labio amoratado

calla diciendo al alma su desvío?

¿Cómo desnudo, en el relente frío

arde en nube la brasa del costado?

Y si Remedio sois, ¿cómo enclavado

cárdena fluye vuestra sangre en río?

¿Por qué si muerto vais, estáis tan vivo?

Y si es hiel el panal de vuestro aliento,

¿cómo florece en llagas la azucena?

Sin duda del Amor cautivo,

porque sólo el amante y su tormento

la muerte en vida salva, en gozo pena.

En estos versos llenos de belleza, se palpa la personalidad de una de las figuras más importantes de la historia de Córdoba. Estamos hablando de Pablo García Baena, el último literato del siglo XX, que nos ha dejado, pese a su avanzada edad, un vacío que no podrá ser reemplazado, porque Pablo era no ya sólo un gran artista de las letras, si no ante todo una persona que desprendía bondad.

Pablo García Baena
Pablo García Baena, ante el Cristo del Remedio de Ánimas./Foto: Ánimas

Pablo García Baena nació en Córdoba en el año 1923, criándose en el barrio de San Andrés, y ya desde su juventud mostró un gran interés por la literatura y las artes en general, tanto es así, que estudió Dibujo e Historia del Arte en la Escuela de Artes y Oficios de la capital cordobesa. Con el tiempo, comenzó a publicar poemas en la prensa local, que le llevó a publicar su primer poemario. Su manejo en este mundo, le hizo conocer a otros personajes importantes del momento como Ricardo Molina, Juan Bernier o Miguel del Moral, que junto a otros formaban el denominado Grupo Cántico, el cual ponía en valor a una poesía llena de barroquismo y vitalidad.

Pero a Pablo, no sólo le agradecemos su aportación en el mundo de la literatura, ya que también gozaba de ser un devoto excepcional de imágenes como la de Nuestra Señora de los Dolores, hermandad del que era Hermano Mayor Honorario. A él, también le debemos la fundación de la Hermandad del Remedio de Ánimas, en donde plasmó, junto a todo el equipo que se encargó de ello, la idiosincrasia de una de las hermandades con mayor personalidad de nuestra Semana Santa, apostando por los valores propiamente cordobeses y la formación cofrade y religiosa que daría lugar a una seña de identidad única, unido todo esto también,  a la gran devoción que profesaba al crucificado de San Lorenzo, y su madre de las Tristezas.

Aunque, el mayor legado que nos pudo dejar este ilustre cordobés, fue su pregón de la Semana Santa, el del año 1979, y que aún es recordado por todas y cada una de las personas que se ponen detrás del atril para exaltar nuestra Semana Mayor. El Retablo de las Cofradías, tal y como dice su título, es una visión y exposición de la Córdoba cofrade en una época en la que todavía se palpaba la nostalgia y humildad de lo que era el carácter cordobés de la Semana Santa. Un hombre comparable a la figura de personajes ilustres como Séneca y Maimónides, siendo para él su mayor galardón nacer en su Córdoba eterna, y para nosotros, eterno, siempre será su recuerdo.

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