La impronta de Amadeo Ruiz Olmos en nuestra Semana Santa


El arte sacro, y por ende la imaginería, ha estado envuelto en más de una ocasión en sucesos históricos y políticos que han hecho que haya salido más que perjudicado. La sin razón, se apoderó de la sociedad española durante las primeras décadas del siglo XX, llegando a perderse por ello, gran cantidad del patrimonio artístico de temática religiosa, de un valor incalculable. Esto hizo que al término de la propia guerra civil surgiesen artistas que aliviaron de cierta forma, el dolor y la frustración por la desaparición de obras que ya no sólo tenían un valor patrimonial, sino también sentimental.

En este sentido, a Córdoba llegó en 1937, desde tierras valencianas, un artista que mostró interés por el arte en general, especializándose en el ámbito de la escultura. Estamos hablando de Amadeo Ruiz Olmos, el cual nació en el seno de una familia humilde, el 31 de enero de 1913, llegando a nuestra ciudad tras la contienda, ejerciendo desde temprano el oficio de escultor. Tan pronto se dio cuenta de su afición, que quiso seguir sus estudios matriculándose en la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, donde obtuvo el título de profesor de dibujo.

En su evolución como escultor, consiguió multitud de éxitos que le llevaron a participar en importantes efemérides. Es el caso de su participación en la Exposición Nacional de Escultura Religiosa Contemporánea, de 1949, celebrada en Sevilla y que conmemoraba el cuarto centenario de la muerte de Juan Martínez Montañés, donde se pudo ver su obra, siendo algo muy importante para la Semana Santa andaluza, ya que a raíz de esta exposición la imaginería, volvería a tener un resurgimiento, que sigue presente en nuestros días.

La imaginería de Ruiz Olmos, se escapa totalmente de la estética típica andaluza, ya que realizaba imágenes de talla completa para sus encargos de misterios procesionales, era mucho más academicista en los volúmenes y formas, y de alguna manera, su estética nos recuerda a la escuela castellana, pero aun así no pudo obviar lo que se demandaba en Andalucía, destacando sobre todo la serenidad y el gran naturalismo humano que desprenden sus imágenes. Los encargos que pronto empezó a recibir este artista en Córdoba, llegaron por parte de hermandades que demandaban nuevas tallas de titulares. Es el caso de las hermandades del Descendimiento y los Dolores. En ambas, los titulares iban a ser crucificados, aunque con ligeras diferencias iconográficas. Sus cristos están perfectamente anatomizados, dejando ver su gusto por el naturalismo, estando ataviados por un paño de pureza expuesto de una manera muy sutil. Para la hermandad del Campo de la Verdad, realizó de igual manera el grupo escultórico que iba a acompañar en forma de misterio a este crucificado descendido.

Misterio del Descendimiento./Foto: Eva M. Pavón

Otro de sus encargos a destacar, fue la realización de los ángeles pasionarios que se encuentran en las esquinas del paso procesional del Remedio de Ánimas, mostrándose como figuras robustas e impresionantes, con unas formas totalmente barrocas, sujetando cada uno, atributos de la pasión de Cristo. Su expresión es de una angustia y dolor agudo, con un carácter desgarrador y desosegado. Es por todo esto, que Amadeo Ruiz Olmos fue uno de los imagineros, denominados de posguerra, que ayudó a incentivar y enriquecer el patrimonio cofrade cordobés, dejando algo claro de esta etapa, el respeto absoluto a las distintas formas de expresión del arte, dando igual religión y condición humana.

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