El dogma de la Inmaculada Concepción en las cofradías


La Inmaculada sobre su paso procesional, en 2004./Foto: Hermandad de la Pasión

Para honor de la Santa e indivisa Trinidad, para gloria y honor de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y acrecentamiento de la religión cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada de toda mancha de culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente,  debe ser, por tanto, firme y constantemente creída por todos los fieles”, con esta afirmación, el Papa Pío IX proclamó de manera oficial el 8 de diciembre de 1854 el dogma más importante relacionado con María, el de la Inmaculada Concepción.

Pero esta fuerte creencia sobre la concepción pura de María Santísima, tiene sus orígenes muchos siglos atrás, ya que se sabe que desde el siglo XIII, tras el comienzo de las reconquistas cristianas, se debatía sobre el mismo en las escuelas teológicas. Aunque no fue hasta la llegada del siglo XVII cuando tomó más fuerza gracias a su divulgación eclesial y artística. En el ámbito del arte debemos la plasmación de la iconografía a Francisco Pacheco, tratadista y artista, que dio muchas claves para las representaciones religiosas, siendo una de ellas el color uilizado para representar la pureza de María, como el azul y blanco. En su arte de la pintura, se inspira en el libro del Apocalipsis para dejar claro cómo tiene que ser la representación iconográfica de la Inmaculada: “Una mujer envuelta por el sol, con una luna bajo sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas”.

Todo esto fue llevado al mundo de las hermandades, las cuales eran las principales divulgadores del dogma, desde la creación de algunas de ellas en época moderna. Tanto es así, que incluso en algunos estatutos de la época puede leerse el denominado voto de sangre, en el cual, los hermanos de la misma ponían en riesgo sus propias vidas a favor de defender a capa y espada, el honor de la concepción de María. De esta manera, surgió un elemento que hoy en día es una de las insignias más destacadas dentro del cortejo procesional de una cofradía, estamos hablando del Simpecado. Cada hermandad cuenta con un estandarte de este tipo, en el que la figura central es la propia Inmaculada Concepción, o incluso la imagen titular mariana de la misma, siendo de esta forma, la afirmación pública de la creencia en el dogma. Estos Simpecados son embellecidos con bordados o pinturas, aportando no solo el aspecto teológico, sino también el artístico, apareciendo también el lema inmaculista, “Ave María Purísima, sin Pecado Concebida”.

Por lo tanto, en esta insignia cada cofradía nos aporta varios aspectos: el Cristológico, por la imposibilidad de que Cristo tomara naturaleza humana relacionada con el pecado; Soteriológico, es decir, que la Inmaculada es fruto de la redención de Cristo, gracia particular del amor de Dios a su madre; Pascual, ya que María es considerada una anticipación y primicia de la Pascua definitiva; Pneumatológico, porque eleva la presencia santificadora del Espíritu Santo; y Eclesiológico, relacionado esto con el prototipo femenino de la Iglesia, Maria, Sine Labe Concepta.

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