La Presentación de la Virgen como advocación


Virgen de la Presentación./Foto: Rafael A. Ojeda

La Virgen María siempre ha sido tomada desde su nacimiento como la elegida para ser la Madre de Dios. En este sentido, tenemos que ponernos en relación con una advocación que está directamente ligada con este concepto, concretamente estamos hablando de la Presentación de la Virgen en el templo. En la Semana Santa de Córdoba gozamos de una dolorosa que es conocida por este nombre, nos referimos a Nuestra Señora de la Presentación, perteneciente a la Hermandad Universitaria. Una imagen mariana tallada por Miguel Ángel González Jurado en el año 1900, y que muestra un rostro bello, sereno y con la mirada perdida al contemplar la daga que porta en su mano.

Pero en este caso, nos vamos a centrar en el sentido iconográfico e histórico de la advocación. El origen de la festividad de la Presentación de la Virgen, lo encontramos en una piadosa tradición que se narra en el apócrifo del Protoevangelio de Santiago, en el que se cuenta que María, siendo una niña de tres años, fue llevada por sus padres Joaquín y Ana hasta el templo, donde fue instruida con respecto a la Fe de sus padres y sus deberes para con Dios. Ella estaba acompañada por otras niñas hebreas que llevaban antorchas encendidas, siendo esto una alusión clara a la pureza de María, con la participación de las autoridades de Jerusalén y entre el canto de los ángeles.

La relación histórica de esta advocación la encontramos en la dedicación de la Iglesia de Santa María la Nueva de Jerusalén, en el año 543, aunque fue en Oriente donde tuvo sus principios gracias a un canciller de la corte del rey de Chipre, el cual fue enviado a Aviñón en 1372, describiendo al papa Gregorio XI la magnificencia de María ante la Presentación. Esto hizo que Sixto V impusiese esta festividad el 21 de noviembre en la iglesia occidental.

Iconográficamente, este tema es muy tratado en el arte de la pintura, debido a la gran plasticidad y libertad de plasmación paisajística que contiene. Los elementos principales de representación son la Virgen María subiendo los quince peldaños de la gran escalera, que la llevaban hasta el sacerdote, mientras sus padres emocionados contemplan como su hija comienza a desarrollar su vida como corredentora. Todo ello enmarcado en su mayoría por interesantes marcos arquitectónicos, destacando en este sentido las obras que llevan esta iconografía en artistas como Giotto o Tiziano. Normalmente suele confundirse esta advocación con la de la Presentación del Señor en el templo, aunque están de alguna manera relacionados.

“El Señor ha engrandecido tu nombre por todas las generaciones, pues al fin de los tiempos manifestará en ti su redención a los Hijos de Israel”, con este fragmento del Protoevangelio de Santiago, se pone en valor el papel evangelizador y divino que la Virgen María adquirió desde su concepción, por lo que en Nuestra Señora de la Presentación debemos observar a la Madre de Dios como la corredentora de los cristianos.

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