El camarín como soporte de veneración: los ejemplos de San Basilio y San Pablo


Dentro de la puesta en escena en un templo para venerar a una imagen, nos encontramos con un elemento arquitectónico que alcanzó, sobre todo desde el Barroco, un gran protagonismo, ya que daba mucha importancia a la devoción de una imagen en concreto, estamos hablando del camarín. El camarín es un soporte que se encuentra en las iglesias y que fue concebido para dar un culto y veneración especial a imágenes sagradas de gran devoción, o que simplemente se quería incentivar la oración a través de ello. Es importante destacar que este elemento incluso deja tocar a la propia imagen cuando es visitada, un aspecto que viene a decirnos de nuevo que hay que acercar al fiel nuestras vírgenes, cristos u otros personajes santos para que la iglesia se sienta cercana al pueblo. Estos camarines normalmente son precedidos por una antesala y una escalera que asciende para encontrarnos finalmente con la talla en veneración constante, y a su vez estos espacios son ricamente decorados, tanto en sus techumbres con yeserías en algunos casos, como con otros elementos decorativos que engalanan el lugar dando así la importancia que tiene.

Estos lugares le dan al templo aun mayor sentido de sacralidad, abriéndose en el centro con un ventanal o marco que deja ver la imagen en todo su esplendor. Hay camarines que si pueden ser visitados a diario por lo fieles, pero otros no tienen ese tipo de privilegio tan asiduamente, pero si se destaca que es un elemento que hace que se observe como un camino hacia el cielo, una cercanía con la divinidad, llegando a producir emociones intensas en aquellas personas que al contemplar su imagen de gran devoción en sitios así, lleguen a tocar los sentimientos más profundos invitando a la oración y meditación. Dentro de este ámbito, no se puede olvidar los dos tipos de camarines que nos podemos encontrar. El primero de ellos es el denominado camarín bajo, el cual consta de criptas o salas inferiores que están al mismo nivel que el presbiterio; en segundo lugar, nos encontramos con los camarines altos, que en esta ocasión se colocan en otra estancia del templo y está a varios metros de altura del suelo del propio recinto.

En Córdoba tenemos varios ejemplos en iglesias y ermitas donde aparecen camarines en los que se puede contemplar imágenes de devoción, pero en este caso vamos a resaltar dos grandes ejemplos. El primero de ellos es el camarín de Nuestra Señora de la Paz, que se ubica en la iglesia homónima del barrio de San Basilio. La devoción a la Virgen de la Paz fue traída a Córdoba por los monjes basilios que edificaron su convento en el conocido barrio del Alcázar Viejo, convirtiéndose de esta manera en la titular de la iglesia, pero sin duda fue gracias a las predicaciones del Padre Juan Agustín Borrego las que propiciaron la construcción de un camarín en el siglo XVIII. El retablo mayor donde se encuentra la imagen principal fue realizado por Jorge Mejías y sufragado por las limosnas que daban los cofrades del momento atraídos por el fervor. El camarín de la Virgen de la Paz fue construido en la cabecera del templo, denominado camarín capilla sobre la sacristía, conocido esto como espacio oculto ya que apenas se percibe lo que es el interior por lo que hay que adentrarse en él para conocerlo.

Virgen de la Paz de la iglesia de San Basilio./Foto: LVC

Ya en su interior, si podemos decir que se trata de un espacio de planta rectangular cubierto con una bóveda semiesférica que descansa sobre pechinas; por otro lado las paredes se encuentran decoradas con yeserías blancas sobre fondo azul y dorado, y un zócalo con elementos marianos, los cuales son sencillos y que son utilizados en el Tota Pulchra, es decir, a modo de letanías alabando el nombre de María, llena de gracia y sin mancha alguna, aunque también aparecen frases extraídas del Cantar de los cantares, el Génesis, entro otros. Por destacar algunos de estos elementos, los símbolos sacados del Eclesiastés son el ciprés, la rama de olivo, el ramo de rosas, la palma y la estrella. Todos estos atributos hacen alusión a las virtudes de la Madre de Dios, en este caso con su advocación de Paz, pero que sin duda enmarcan todo un compendio de loes a la figura de María.

El segundo ejemplo de camarín que damos en este trabajo es el de la Virgen del Rosario de Gloria de la Iglesia de San Pablo. Este camarín, por su morfología, está dentro de la tipología de camarines bajos, ya que se encuentra al mismo nivel que la capilla medieval con la que comunica. En este caso no se conoce la fecha exacta de la construcción de este lugar, aunque si se puede decir que pudo ser realizado a mediados del siglo XVIII; y tampoco se conoce su autor, pero si ha sido atribuido a la factura de Alonso Gómez de Sandoval por la profesora Mª Ángeles Raya. La planta de este lugar es octogonal, cubierto por una gran cúpula con ventanales circulares, mientras tanto en el interior se aprecian cuatro altares dispuestos de manera diagonal y enmarcados por columnas corintias pareadas, siendo todo realizado en mármol rojo de la sierra de Cabra, y piedra blanca.

Baldaquino de la Virgen del Rosario de Gloria./ Foto: Eva Pavón

En cuanto a la decoración y programa iconográfico de este espacio hay que resaltar, que la primera hermandad del Rosario que se creó en Córdoba vino de este lugar, por tanto las alusiones en los elementos decorativos están relacionadas con esto, destacando la centuria del 1700 como etapa de más auge de la misma. En el centro del todo el camarín se encuentra la Virgen del Rosario con el Niño Jesús en brazos, estando coronada por el Espíritu Santo, y a su alrededor multitud de símbolos marianos que aluden a Ella. En el interior del camarín se pueden apreciar cuatro tondos decorados con la figura de los cuatro arcángeles, San Miguel, San Rafael, San Gabriel y el Ángel de la Guarda, siendo alternados por las figuras de San José, Santa Ana con la Virgen Niña y San Joaquín; por otro lado, en las cornisas de la cúpula hay cuatro ángeles que portan filacterias con la leyenda “Divini Verbi Mater”, “Spiritus Santi Sponsa”, “Macula no es in te” y “Eternis Patris Filia” dando así a entender el papel redentor de María. Por tanto, es muy importante apreciar el papel de estos espacios arquitectónicos ya que de una manera majestuosa acercan la divinidad hacia el pueblo.

Bibliografía

– AA.VV.: Las Advocaciones marianas de Gloria, Actas del I Congreso Nacional T.II, Publicaciones Obra Social y Cultural Cajasur, Córdoba, 2003.
– Moreno Cuadro, F.: La Pasión de la Virgen, Publicaciones Obra Social y Cultural Cajasur, Córdoba, 1994.

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