El Barroco visto desde las capillas del Templo Mayor


Dentro de la Catedral de nuestra diócesis, podemos apreciar multitud de impactos artísticos, siendo uno de los que más destacan el Barroco, mostrándose esto en la primera construcción que dio pie a las posteriores que se iban a realizar en el interior, como es el caso de la culminación del retablo mayor de la misma. El muro norte del edificio era el único que no tenía ninguna capilla, terminándose la dotación de toda esta zona en una sola centuria, presentando una gran unidad, caracterizado por la rapidez de la construcción. En este sentido, se destacan varias capillas como la de San Pablo, la capilla de la Inmaculada Concepción, y la capilla de San Antonio de Padua entre otras.

La capilla de San Pablo se dota en el siglo XVII, estando ubicada en la ampliación de al-Hakam II, adosada justo a la Capilla Real. Este espacio se plantea con un cerramiento mediante cinco rejas, dejando ver la transparencia de la capilla en cuanto a su facilidad de visión. Este lugar fue donado en 1387 para que formase parte del enterramiento de Pedro Muñiz de Godoy, maestre de la orden de Santiago, siendo esto visible en algunas representaciones simbólicas. Hay que tener en cuenta que aunque el espacio se dona en el siglo XIV, no es hasta 1505 cuando comienza la construcción del mismo, planteándose como vestuario para los cultos de la capilla mayor durante un tiempo. Pero debido a diversos problemas, no es hasta 1610 cuando el cabildo no da licencia a Fernando Carrillo para que inicie las obras de la capilla, consagrándose como la capilla de la Conversión de San Pablo, siendo un espacio bastante amplio, siendo esto motivo de la creación de un taller en una de las galerías del patio para hacer la decoración de la misma capilla.

barroco
Retablo de la capilla de la Conversión de San Pablo./Foto: LVC

En este sentido, se destaca la decoración de la cubierta y el programa iconográfico que se plantea, con unos esquemas compositivos deudores de los arquitectos Ochoa y Praves, los cuales fueron los que plantearon el trascoro de la Catedral. Esta cubierta fue encargada a Blas de Masavel, realizando una bóveda que se divide mediante una serie de molduras que van a ir acogiendo a diferentes esquemas iconográficos, dejando espacios pequeños para los lunetos. En el centro aparece representada la Coronación de la Virgen, ensalzando de esta manera la importancia de María. Acompañada de una serie de ángeles que van a sujetar los escudos de la orden de Santiago. A los lados aparecen unos santos locales, San Pelagio y Santa Flora, que contextualizan la cubierta, relacionándose esto con un contexto teológico y cultural que se está moviendo en la Córdoba del momento. En las enjutas aparecen San Jerónimo, San Gregorio Magno, San Agustín y San Ambrosio, como la representación de los Padres de la Iglesia; mientras tanto en los lunetos del centro nos encontramos con Santiago Aposto y las Lágrimas de San Pedro. Por tanto se puede ver que la decoración de la capilla es un compendio de devociones locales y populares. Finalmente, la capilla se plantea como enterramiento de Fernando Castillo, uno de los herederos de la familia de los Muñiz.

Por otro lado, el obispo fray Alonso de Medina y Salizanes en 1679 decide dedicar un solar a la Concepción de la Virgen, creando de esta manera la conocida como Capilla de la Inmaculada Concepción. Hasta el momento de su construcción, este espacio estuvo cerrado con una celosía mudéjar que hoy se ubica en la capilla de San Antón. El recinto de la capilla se va a componer de dos espacios: uno es la capilla propiamente dicha, y como novedad compositiva, es la realización de una antecapilla en donde se abre un lucernario con una cúpula que antecede a la misma. En la antecapilla se plantea una cúpula con un programa pictórico atribuido al artista Juan de Alfaro y que completará la iconografía que va más allá, ya que está en consonancia con la Inmaculada Concepción que aparece precediendo el ático de la portada. En las pechinas aparecen los cuatro evangelistas y en los lados se encuentra a San Francisco de Asís y San Antonio de Padua, acompañando simbólicamente a la Pura y Limpia. El techo de los laterales de la cúpula se observa un trampantojo ya que a los santos se les plantea como si fueran esquemas escultóricos dentro de una hornacina.

La capilla tiene un esquema frontal y estético muy cordobés con un retablo realizado en mármol con bicromía. En el interior se aprecia a la Inmaculada Concepción coronada por Dios Padre, flanqueada por unas esculturas, todas de Pedro de Mena, de San José y Santa Ana. La cúpula de la capilla continúa planteando el retablo con unos juegos decorativos a base de motivos geométricos, con mezcla de yeserías y mármoles. En los laterales de la capilla hay unas hornacinas donde se muestran de manera orante a los fundadores de la misma, Alonso de Medina y Salizanes y San Ildefonso, arzobispo de Toledo.

El ámbito barroco de nuestra Catedral se sigue apreciando en las capillas del muro norte del edificio, las cuales parten de un diseño manierista, concibiéndose los diseños como si fueran esquemas de retablos. Estas capillas se componen de una reja y en el interior se observa un altar que será el que centro todo el espacio. El nombre de estos espacios del muro norte son la Capilla de Santa Úrsula, fundada por el canónigo Miguel Bermúdez en 1614; la Capilla del Santo Sepulcro o de los Santos Varones que en este caso su fundación se debe a Gonzalo Muñoz de Velasco; la Capilla de las Ánimas del Purgatorio, comprada y fundada en 1612 por el inca Garcilaso de la Vega; la Capilla del Rosario, destacando de ella el retablo pictórico obra del insigne Antonio del Castillo, encontrándose la Virgen del Rosario flanqueada por San Sebastián y San Roque. De esta manera se puede observar como el Barroco en la Catedral cordobesa está imperante en multitud de zonas, siendo esto solo un pequeño ejemplo de todo lo que alberga.

Bibliografía

– Nieto Cumplido, Manuel: La Catedral de Córdoba, Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, Sevilla, 1998.
– Raya Raya, Mª Ángeles: Catálogo de las pinturas de la catedral de Córdoba, Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, Córdoba 1987.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here