La cristianización de la Catedral cordobesa


Contexto histórico

La Catedral de Córdoba es un edificio con muchos enigmas, aspecto que hace que esté muy observada por multitud de ámbitos de nuestra sociedad. Pero sin duda nunca hay que olvidar que tal y como ha llegado a nuestros días es gracias a la labor incesante de la Iglesia, institución que la ha cuidado desde el siglo XIII, no solamente con un carácter religioso, si no también patrimonial, porque no se puede quedar atrás que a pesar de su función cristiana es un edificio que reúne múltiples aspectos histórico-artísticos que aún conserva y que son parte de la historia del edificio. Para ello hay que comprender la época en la que la antigua mezquita aljama empezó a cristianizarse, y en la que se comenzaron a construir espacios que iban a dar lugar a la primera catedral del reino cristiano de Córdoba.

En el año 1030 cae el califato en esta ciudad y veremos, como los reinos de Taifas irán absorbiendo a la ciudad de Córdoba mediante esa división territorial denominada “koras”. La ciudad de los califas quedará bajo un reino de Taifas que luego le hará sombra el que tuvo lugar en el reino de Sevilla en el año 1070, por lo que el califato y esplendor cordobés comienza su época de decadencia trasladándose la capital hasta la ciudad hispalense. Por otro lado, los almorávides llegaron haciéndose con la península, no siendo hasta el año 1091 cuando por primera vez se intenta una reconquista cristiana en Córdoba. Dentro de este aspecto tenemos que destacar la importancia del rey Alfonso VII “El Emperador” que intentó en 1171 una reconquista cristiana de nuestra ciudad, que aunque no tuvo efectos continuados, si abrió las puertas a la que iba a ser definitiva.

Todos estos hechos producirán una división de la ciudad que afectará al antiguo edificio islámico, haciendo que la misma se dividiese en dos zonas separadas por una muralla, es decir, la medina y la axerquía. Finalmente entra el 29 de junio de 1236 el santo rey Fernando III portando la cruz de la cristiandad y justo detrás el pendón real, que iban a ser colocados en el antiguo alminar de la mezquita. De esta forma el príncipe bereber que se encontraba en Córdoba en estos momentos, Abu-i-Hasan será el que entregue las llaves de la ciudad al rey. Como se ha nombrado antes, el primer elemento de cristianización que fue colocado en este edificio sagrado fue el de la cruz, ya que era el punto más alto de la ciudad, marcando de esta manera los ritmos del nuevo credo. La entrada a la ciudad para su cristianización fue muy simbólica ya que desde el otro lado del puente romano, cruzó San Fernando con todo su séquito, entrando en procesión. El encargado de la consagración de este edificio religioso fue gracias al obispo de Osma Juan Domínguez, y se consagró en un principio a Santa María, pero en el siglo XVI la advocación fue cambiada por la de Nuestra Señora de la Asunción.

Transformación del lugar

Tras esta incipiente conquista cristiana, lo primero que se transforma dentro del oratorio islámico es la zona del lucernario de al-Hakam II. Este lugar llegará a ser la cabecera de la antigua capilla mayor medieval, construyéndose posteriormente capilla real. Con el paso del tiempo se irá remodelando más espacios del lugar, como son todos los lados este-oeste y norte y sur, completándose su transformación en el siglo XVIII. En todo momento es respetado el espacio arquitectónico, menos el carácter religioso, ya que perdió todo su simbología islámica. Con respecto a esto, la primera misa realizada en la capilla mayor tuvo lugar en la que hoy conocemos como Capilla de Villaviciosa, siendo esta celebración la que cambiase la orientación del espacio. La primera referencia documental con respecto a la construcción de la capilla mayor la tenemos en el año 1454, cuando el obispo Iñigo Manrique ordenó las bases de su construcción, la cual iba a tener una traza gótica como la de las conocidas iglesias fernandinas. La cubierta de esta capilla es una gran armadura de madera que no llega a tener forma de artesonado pero si casetonada. Los ventanales se colocaron por encima de los grandes arcos de entrada; por otro lado, el altar mayor estaba decorado por una serie de pinturas murales que el siglo XVI fueron tapadas por unos retablos que se colocaron, siendo recuperadas por el arqueólogo e historiador Velázquez Bosco que las arrancó del lugar y las recuperó, siendo fechadas a finales del siglo XIII.

Capilla del Sagrario./Foto: LVC

Con respecto a la zona de entrada al lugar, se decide ennoblecer y cristianizar también el patio, entradas y alminar. El patrocinador de estas obras fue el rey Enrique II el cual siguió planteamientos mudéjares. Comenzando por la denominada puerta del Perdón, siendo por la que Fernando III accedió para colocar la cruz en la torre. Esta puerta va a estar muy en consonancia con la puerta del Perdón de la catedral de Sevilla, ya ésta sigue los mismos planteamientos decorativos de Córdoba. Esta puerta fue planteada como espacio que iba a acompañar a esas procesiones que se comenzaron a realizar tras la cristianización. Sabemos de la importancia de este espacio debido a unas inscripciones que se encuentran en el arco de la portada realizadas en yeso y que están algo deterioradas, pero en la que se nombra a Enrique II, rey de Castilla, como la persona que propició en 1377 la construcción de esta puerta, durante el mandato del obispo Alfonso de Vargas, que será el que patrocine también varias capillas del interior de la catedral.

Este proceso de transformación del lugar también se apreció en la construcción de las capillas que rodean todo el espacio. La edificación de estos primeros espacios más reducidos tuvieron lugar entre los siglos XIII-XV. La función de estas capillas será crear lugares de culto privado con actividades piadosas, potenciando ciertos cultos y advocaciones, utilizándose también como enterramiento del fundador de la propia capilla. En la actualidad dichos lugares albergan grandes obras de arte sacro, que son un orgullo del patrimonio cordobés.

Por tanto, desde el siglo XIII la catedral tiene un claro titular, que de manera ininterrumpida se ha mantenido y ha contribuido al sostenimiento de un lugar de culto cristiano pero a su vez apostando por el patrimonio que se alberga en ella. Tanto el arte como la historia no pueden borrarse ni se debe olvidar que todo lo que ha llegado a nuestros días es gracias a una incansable labor por parte de la Iglesia e incluso del ámbito político de cada siglo. Todos los monarcas y altas personalidades se han rendido a los pies de nuestra singular catedral cordobesa, valorando, aunque no se comparta la misma ideología religiosa o política, el gran estado de conservación que se nos muestra. El ser humano es deudor de su historia y de su patrimonio, por tanto es imposible no ver lo que fue y de alguna manera sigue siendo.

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