La fuerza de Jesús Nazareno, desde San Agustín hasta Santa Marina


Introducción histórica de la aparición del Nazareno

Jesús Nazareno./Foto: Álvaro Córdoba
Jesús Nazareno./Foto: Álvaro Córdoba

Una de las iconografías más repetidas en las cofradías de Andalucía, y por supuesto en Córdoba, es la de Jesús Nazareno, la cual se representa a través de la escultura o de la pintura a Cristo con la Cruz a cuestas, vestido con una túnica, camino hacia el Calvario. Estás imágenes cogieron auge en la época de la Contrarreforma ya que se empezaron a crear Nazarenos con una gran carga teológica que llamaban claramente a la oración. Pero no hay que olvidar, que en la ciudad de Córdoba esto no fue posible hasta la conquista cristiana por parte de Fernando III, que el 29 de junio de 1236 llegó a la entonces ciudad califal para instaurar el cristianismo ante la población. Tanto es así, que en las distintas collaciones donde había mezquitas, se levantaron iglesias, construyendo encima de estos edificios islámicos otros totalmente distintos, aunque del mismo modo religiosos, pero con la seguridad de ser definitivamente la religión verdadera que iba a regir el lugar.

Junto a esto hay que destacar la labor de un personaje santo cordobés que impulsó en todos los sentidos la Pasión de Cristo, hablamos concretamente de San Álvaro de Córdoba, que fue el que contribuyó a que se introdujese iconografías, como en este caso la de Jesús Nazareno, en las iglesias de la ciudad. La gran devoción al Nazareno en nuestra población tuvo lugar durante la Edad Media, a través de las reformar de las órdenes de Santo Domingo y San Francisco, las cuales hicieron que se difundiese con fuerza la Pasión de Cristo, y con la ayuda de San Álvaro se exaltó la figura de Jesús camino hacia el Calvario.

En este sentido, las representaciones de la Pasión, y de Jesús Nazareno fueron llevadas hasta los altares de las distintas iglesias, a través de dos soportes, siendo la Iglesia de San Lorenzo, concretamente en las pinturas murales de su cabecera, donde podemos ver una amalgama de escenas todas relacionadas con momento de la Vía Dolorosa, también denominadas “estaciones”, en las que se recrea momento críticos como Jesús con la Cruz a cuestas, la Crucifixión o el Entierro de Cristo, entre otros. En cuanto al ámbito de la escultura, se conoce que en 1477 ya existía en Córdoba una cofradía con la advocación de Jesús Nazareno, pero no se conoce ningún dato relevante más sobre esto.

La aparición de las cofradías “Nazarenas”

Sin duda, la iconografía de Jesús Nazareno es de las más exitosas creadas por el arte religioso. En su mayoría se representa de manera solitaria, cargando con la Cruz, y mostrando en su rostro agobio, sufrimiento y pesadez por la carga del madero, con una zancada amplia haciendo las veces de su camino hacia el Gólgota. A partir de los siglos XVI y XVII las órdenes religiosas de los Carmelitas y Jesuitas renovarán el impulso de la devoción al Nazareno haciendo esto que se aumentara el número de imágenes que se encargaban con esta representación, despertando entre los devotos un gran fervor. En relación con esto, la imagen más antigua conservada con esta iconografía la encontramos en la catedral cordobesa, concretamente se trata del Nazareno que está en la capilla de San Simón y San Judas, siendo una talla que forma parte de un retablo, no llega a ser de bulto redondo, ya que su destino era éste, apareciendo de tres cuartos, vistiendo túnica negra, con las piernas ligeramente dobladas por el peso de la Cruz, y los brazos cogiendo la misma. Se puede apreciar como el rostro del Señor es sereno, tiene una larga cabellera y corona de espinas arbórea. Esto nos hace ver que se trata de una imagen que abre las puertas hacia las que vienen del Barroco, ya que con el tiempo se cambiará la posición de la Cruz.

Tras esto, se puede decir que la primera fundación de una hermandad de Jesús Nazareno la encontramos en la que actualmente está ubicada en la iglesia que lleva su mismo nombre. Sus primeras reglas fueron aprobadas por Fray Martín de Córdoba y Mendoza en 1579, ofreciéndonos una cofradía con una visión de la Pasión dinámica espiritualmente hablando. El titular del Hospital de Jesús Nazareno está atribuido por el catedrático Villar Movellán a Matías Conrado, realizado según él entre 1570 y 1620. Lleva sobre sus hombros una Cruz realizada en plata en 1859 por Francisco Parias; a su vez la peana donde se levanta el Señor fue realizada en 1780 por Sánchez Soto. De esta manera se puede comprobar como la estética de esta cofradía en general nos recuerda en cierta manera a elementos napolitanos barrocos, llenos de elegancia y formas sinuosas. En su iglesia, se enmarca en un retablo, realizado por Andrés Valverde Luján, con una estética neoclásica, es decir, no se aleja de ese exotismo clásico que envuelve a toda esta imagen, el cual desde su altar mira al fiel, incitando a la oración por su contemplación.

Del Hospital de Jesús Nazareno, nos trasladamos hasta la Iglesia del Convento de San Cayetano, de los Carmelitas Descalzos, donde se encuentra a otra representación de un Nazareno, que cogió mucho fervor en el barrio de Santa Marina. Esta talla fue donada por el maestre escuela de la Catedral de Córdoba, Francisco Antonio Bañuelos, para que los Carmelitas le diesen difusión a la devoción. La imagen de Nuestro Padre Jesús Caído, en sus principios tenía la advocación protagonista de este artículo, la de Nazareno, pero no fue hasta 1736 cuando se cambiaría ésta la que conocemos actualmente y que está directamente el relación con lo que representa, es decir, Cristo con la Cruz a cuestas, pero en este caso se encuentra caído por el peso del madero, y con su mano derecha apoyada sobre una piedra. Se puede apreciar la magistral expresión del rostro del denominado Señor de los Toreros, donde el sufrimiento y la extenuación están muy a la vista. En cuanto a la autoría, no podemos decir claramente el autor de dicha talla, ya que es anónima, pero sí podemos enclavarla en torno al siglo XVII, aunque algunos historiadores si lo han atribuido a maestros de la escuela granadina.

Debido a la gran difusión que se le dio a este Nazareno, se llegó al acuerdo de crear una capilla con retablo para el mismo. Esta capilla es de cruz griega, cubierta por una cúpula sobre pechinas decoradas en su totalidad por escudos de la orden carmelita. Lo que más se destaca de esta capilla es el retablo dorado que enmarca la imagen protagonista, dándole más empaque y fuerza a su función principal, la de conectar directamente con el fiel. De esta manera, se puede ver como en estos dos ejemplos la iconografía de Jesús Nazareno es una de las más populares a nivel local que ha llegado hasta nuestros días desde siglos atrás, haciendo hincapié en su mensaje: Jesús carga con nuestros pecados a través de la Cruz, llegando hasta el Calvario, un camino que se hace pesado pero con una diferencia, el Señor estaba preparado para ello porque aceptó su destino, contemplando su fuerza es la única forma de llegar a la Redención.

Bibliografía

– AA.VV: La Pasión de Córdoba, T.I, ed. Tartessos, Sevilla, 1998.
– AA.VV: La Pasión de Córdoba, T.II, ed. Tartessos, Sevilla, 1998.
– Raya Raya, M.A.: Los retablos de Jesús Nazareno en la diócesis de Córdoba, en Cofradías Penitenciales y Semana Santa, actas del Congreso Nacional, Córdoba, 2012.