El escarnio a través de la Coronación de Espinas de Cristo


Introducción historiográfica

Para comprender el momento evangélico de la coronación de espinas de Cristo, hay que recordar que tras ser Jesús arrestado en el monte de los olivos, fue llevado primeramente ante el sanedrín. Aquí fue interrogado por Caifás, ya que dudaba de su divinidad como Hijo de Dios, a lo que Cristo respondió “Vosotros los decís. Yo soy”. Después estuvo una primera vez ante Pilato para que los juzgaran por esa afirmación, pero Jesús volvió a corroborarse. Posteriormente, lo llevaron ante Herodes que junto a sus sacerdotes, fueron muy vehementes a la hora de interrogarlo y al no obtener respuesta alguna, lo vistieron de blanco y lo presentaron de nuevo ante Pilato. Es en esta última entrevista judicial donde se preguntó al pueblo qué querían que hiciese con él, siendo su respuesta negativa, teniendo como sentencia la muerte, y justo después del veredicto popular fue azotado.

Foto: Álvaro Córdoba
Foto: Álvaro Córdoba

Tras esto, los soldados se llevaron a Cristo hacia el interior del pretorio, le quitaron sus ropas echándole por encima un manto de color púrpura, le colocaron una corona de espinas que fue trenzada por ellos mismos y le pusieron en su mano derecha una caña a modo de cetro real. Cuando ya estaba ataviado tal y como ellos querían, lo sentaron sobre una especie de estrado y todos ellos empezaron a mofarse de él. ¡Salve Rey de los Judíos!, le gritaban una y otra vez, riéndose de su verdadera realeza divina. Fue vejado de todas las manera posibles, siendo el fin de este episodio evangélico el despojo de todos los atributos del mofa, para su posterior camino hacia el Calvario.

La referencia bibliográfica de este pasaje la tenemos en los cuatro evangelios del Nuevo Testamento. Cada uno de ellos lo narra de una manera distinta pero con muchos puntos en común:

Mateo describe a la perfección toda la escena, tal y como se puede leer en el capítulo 27, versículos del 27-30: Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a él a toda la tropa. Lo desnudaron y le echaron por encima un manto de color púrpura; trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y una caña en su mano derecha; luego se arrodillaron ante él y se burlaban diciendo: ¡Salve Rey de los Judíos! […].

Por otro lado, Marcos coincide en muchos puntos de la narración con Mateo, destacando sobre todo el versículo 19-20 del capítulo 15: Le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, poniéndose de rodillas, le rendían homenaje […].

Sin embargo, Lucas pasa por encima todo el relato de la mofa de los soldados, centrándose en la entre de Cristo por Pilato hacia el pueblo, sin nombrar nada sobre el momento de la coronación de espinas: […] Entonces Pilato decidió que se hiciera como pedían. Soltó al que habían encarcelado por sedición y homicidio, es decir, al que habían pedido, y les entregó a Jesús para que hicieran con él lo que quisieran.

Por último, Juan describe tanto el momento de la coronación de espinas, como la humillación de Jesús ante el pueblo, ataviado con la clámide, la caña y la corona de espinas. Es el evangelio que más toman como referencia los iconógrafos, porque narra toda la sucesión de vejaciones y mofas que sufrió Cristo: […] Los soldados prepararon una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza. También le echaron sobre los hombros un manto púrpura y se acercaban a él diciendo: ¡Salve Rey de los Judíos! […].

Una consecuencia directa de este tema es la expansión de las reliquias de los atributos de la Pasión de Cristo. En este caso, las de la corona de espinas fueron repartidas por distintos países, en los que se construían capillas o iglesias en su honor, haciendo veneración pública de la misma. El primer ejemplo de una construcción en honor a esta reliquia lo tenemos en Francia, lugar donde San Luis construye una iglesia dedicada a los vestigios de la coronación de espinas y de la vera-cruz . Fue en 1239 cuando este santo le compra a un mercader veneciano una reliquia venerada como la auténtica corona de espinas. El edificio religioso es consagrado como la Saint Chapelle en su palacio de la Cité, en París, siendo en la actualidad una de las iglesias góticas más impresionantes de Europa.

Iconografía y simbolismo

Iconográficamente la escena se representa con Cristo de pie o sentado sobre un pedestal, ataviado con la clámide de color púrpura, con la corona de espinas sobre la cabeza, la caña sobre su mano derecha, estando rodeado por los romanos, que son los que le ciñen con unos palos a Jesús la corona con fuerza, y por otro lado los judíos que se mofan del protagonista de la escena. En algunas ocasiones puede aparecer Jesús sin la clámide sobre él, pero ésta se puede encontrar o en el suelo o siendo sujetada por algunos de los sayones que actúan en el pasaje. Con respecto al lugar de representación, se crea un ambiente arquitectónico que deja ver una especie de habitación, la cual corresponde a la del pretorio donde introdujeron a Cristo para proceder a la mofa. La corona de espinas simboliza una corona imperial de laureles que utilizaban los romanos para rendir honores a los más altos cargos, pero en este caso se crea una parodia con las espinas de la misma y proceder a la humillación pública. Por otra parte, según Mateo, el manto púrpura sólo lo llevaban los emperadores y generales romanos, mientras que la caña hacía las veces de cetro real. Esta iconografía nos la encontramos principalmente en los momentos de la Pasión de Cristo y también siendo una de las estaciones del Vía-Crucis en la religión cristiana, concretamente la sexta estación.

Foto: Álvaro Córdoba
Foto: Álvaro Córdoba

El escarnio que sufrió Cristo en este momento, a veces se representa de manera aislada de la propia coronación de espinas, dándole importancia en este caso a las mofas de los judíos y romanos, siendo señalado por éstos mismos, mientras él se encuentra sentado en el estrado recibiendo todo tipo de burlas . Esta escena no debe confundirse con el escarnio sufrido por Jesús en el sanedrín, por parte de los judíos que lo custodiaban después de su prendimiento.

Una variante de este tipo iconográfico son las prefiguraciones en las que aparece representado Jesús como un niño, teniendo en su cabeza la corona de espinas y otros atributos pasionarios, con expresión mística, dando a entender que era conocedor de su destino. También en este tipo de prefiguraciones suele aparecer el denominado Niño de la espina, el cual porta en una de sus manos un trozo de la corona de espinas o incluso se está extrayendo del pie la misma. Estas prefiguraciones iconográficas son muy abundantes en el sur de España, sobre todo en la época barroca.

Del arte a nuestra Semana Santa

A la hora de hablar de la representación de este pasaje evangélico en las artes plásticas, primeramente hay que hacer un recorrido por la pintura, ya que fue en este soporte donde aparece por primera vez el momento de la coronación de espinas en el arte. Antes de nada hay que destacar que el arte cristiano nació para evangelizar y educar a una población que en su mayoría era analfabeta, por lo que era necesario que a través de la creación de imágenes se adoctrinara a una mayoría. Por tanto, se crearon una serie de códigos iconográficos que junto con la habilidad de los artistas, hacían verdaderas escenas de teatro en las que aparecían distintos momentos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, a la vez que también se conjugaban con temas dedicados a la Virgen María, y en otros casos alegorías que tenían un mensaje directo para la población, dando así a entender cuál era el comportamiento que debía tener una persona para no sufrir la ira de Dios.

Otra vía de difusión eran las estampas que creaban algunos artistas para las iconografías y que eran tomadas como modelo para escenificar un momento en concreto. Lo que se hacía era mandar a distintos lugares estas estampas y se tomaba como referencia a la hora de realizar una composición pictórica o escultórica.

Los artistas se aprovecharon de todo esto y crearon secuencias completas de la Pasión de Cristo. Este tema pasionario no es tratado en el arte antes del siglo XIV, aunque en algunas miniaturas del siglo XI, como en la Biblia de Ripoll, aparece el tema de la fijación de la corona en la frente de Cristo por los romanos con la ayuda de bastones entrecruzados. Pero no es una escena que aparezca abundantemente hasta bien entrado el siglo XV, siendo su precursor el artista alemán Durero. Sus grabados sirvieron para poder crear escenas, siendo él el que de alguna manera dejaba las pautas para determinadas representaciones iconográficas. Con respecto a la iconografía del escarnio sufrido por Cristo en el pretorio, es su grabado de La Coronación de Espinas del año 1511 y perteneciente a su ciclo de la Pasión, el que se toma como referente para los artistas, tanto del Renacimiento como del Barroco. En el grabado aparece Cristo de perfil, sentado sobre un pedestal y ataviado con la clámide, la caña y la corona de espinas. Mientras tanto los romanos le ciñen con fuerza la corona con unos palos de madera, a su vez los demás se burlan y los sacerdotes observan la escena.

Este tema iconográfico fue desapareciendo con el paso de los años, siendo abandonado durante el siglo XVIII. Ya no será hasta la entrada del siglo XX prácticamente cuando volveremos a ver esta escena en el arte.

En cuanto a la escultura, hay que anunciar varios puntos importantes. Las esculturas de imágenes sagradas compuestas por un grupo escultórico tiene su referencia en el llamado teatro de los misterios. Esta fue una de las causas de la creación de la Semana Santa, es decir, la representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús en las calles de las ciudades, por lo que para ello se empezaron a realizar imágenes que dejasen ver algunos de estos pasajes, y que se completaban con distintos personajes, coprotagonistas de la misma. De esta forma, el pueblo era adoctrinado haciéndoles partícipes del tormento que Cristo vivió durante estos momentos. Esto supuso para los artistas un gran filón ya que pudieron llevar a cabo sus obras escultóricas, contratadas en su mayoría por hermandades que querían escenificar algunos de los misterios de la Pasión. Los contratos de éstos eran muy estrictos, teniendo redactados y firmados todos los puntos que el contratante quería y si por alguna razón una de estas exigencias no eran realizadas podían acabar en pleitos con el propio escultor.

Foto: Álvaro Córdoba
Foto: Álvaro Córdoba

Con respecto a la iconografía de la coronación de espinas, es en la imaginería donde tenemos los mejores ejemplos, ya que a través de distintos grupos escultóricos se vislumbran verdaderas escenas de teatro. Algunas de estas imágenes se tallaron en un principio como Ecce Homo, porque no iban acompañadas de ningún otro personaje, pero con el tiempo se ataviaron escenificando la coronación y burlas sufridas por Cristo. Es en Andalucía y Castilla donde encontramos las mejores referencias en cuanto a este pasaje evangélico se refiere, siendo los precursores de la imaginería tanto en una zona como en otra, Juan Martínez Montañés y Gregorio Fernández. Maestros que crearon un gran séquito se seguidores los cuales crearon obras que hoy en día disfrutamos.

No podemos obviar una de las mejores representaciones de este tipo iconográfico que se encuentran en Andalucía, la talla de Nuestro Padre Jesús Humilde en su Coronación de Espinas de la ciudad de Córdoba. Francisco Buiza terminó de ejecutar esta obra en 1978 por encargo realizado a través de la Hermandad Sacramental de la Merced de esta misma ciudad. Esta imagen es considerada una de las obras cumbres de la imaginería contemporánea andaluza y de las más conseguidas del artista hispalense. Se trata de una escultura de talla completa, realizada en madera de cedro, dejando apreciar los rasgos de la imaginería barroca andaluza tanto en su expresión dramática como en su detallada anatomía. Buiza plasmó a la perfección el dolor sufrido por Cristo presente en la musculatura minuciosa, en los regueros de sangre que recorren todo el cuerpo, y las heridas y hematomas en distintas partes de la imagen. Jesús está sentado sobre una grada, teniendo la cabeza ligeramente alzada y el torso desplazado, tapado con un sudario que deja ver las referencias a imagineros del barroco en cuanto a las formas y pliegues se refiere, dando así mayor sensación de realismo. Una de las mayores fuerzas expresivas de esta imagen es su mirada elevada hacia el cielo, mirada implorosa y misericordiosa, buscando una respuesta a todas las atrocidades que estaba sufriendo.

La Coronación de Espinas cordobesa forma parte de un grupo escultórico formado por dos romanos que ciñen con palos la corona sobre la frente del Hijo de Dios, y delante de éste nos encontramos con un sayón que está agachado y que lo señala a él directamente mofándose de su realeza. Estas imágenes secundarias son obra del imaginero jerezano Francisco Pinto Berraquero, terminándolas en 1984. Conjuntamente, el misterio deja ver a la perfección la gran plasticidad de la escena y que se complementa con la impresionante canastilla, que hoy en día rodea a todo el paso procesional el cual está compuesto por otras figuras de profetas, sibilas y demás personajes, relacionados con la orden de la Merced y el mensaje redentor de Cristo. En la actualidad, se trata de uno de los pasos más significativos de la semana santa cordobesa ya que es toda una clase magistral de Fe y evangelización itinerante.

Bibliografía
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