Humildad y Paciencia, la nostalgia ante una advocación


Contexto histórico de la iconografía cristiana

Antes de adentrarnos en el germen de la propia advocación de Humildad y Paciencia, hay que entender la creación de la iconografía cristiana, ya que en un principio no se creó para embellecer al arte sacro, ni para llenar las iglesias de imágenes sin ningún sentido. Tras la consagración del cristianismo, la Iglesia necesitaba que el pueblo pudiese entender su mensaje evangelizador, fuese de donde fuese, pero a su vez se encontraron con un problema, puesto que la mayoría de la población era analfabeta y no tenía la suficiente cultura como para entender los misterios de la vida de Cristo y María. Por tanto, se creó una forma de adoctrinamiento distinto, que hoy conocemos como iconografía, es decir, la enseñanza de los valores que transmitían los Evangelios, y los episodios de la Biblia a través de la imagen. Así, de esta forma se incentivaba la religiosidad del fiel, llamando a la oración y piedad.

Humildad y Paciencia./Foto: Jesús Caparrós
Humildad y Paciencia./Foto: Jesús Caparrós

El primer ejemplo a cuanto iconografía se refiere lo tenemos en la población de Doura Europos, que era un pueblo sirio donde convivían judíos y cristianos, y en uno de los edificios, más concretamente en la conocida como “casa de los cristianos”, se encontraron en el año 1991 unos frescos del siglo III d.C. en los que aparecieron pinturas murales con episodios del Antiguo y Nuevo Testamento. De esta manera, la arquitectura fue el soporte principal donde se plasmaban interesantes programas iconográficos, ya que los edificios sagrados eran visitados por multitud de fieles para encontrar recogimiento y Fe.

En España, sin lugar a dudas, el gran ejemplo de iconografía lo tenemos en el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela, en donde se puede apreciar una amalgama de figuras que en conjunto dan un mensaje común, una advertencia para todo aquel que entre dentro de las naves catedralicias, viéndose esto en la representación del Juicio Final, con un claro mensaje: sólo los que hayan sido justos en esta vida y hayan seguido al Señor sin ataduras, serán salvados.

También se adoctrinaba a través de la vida de los santos y mártires que a lo largo de estos siglos iban surgiendo o ya se conocían por otras épocas históricas. Estas personas eran ejemplo de verdaderos cristianos, apostando por su Fe, sin temerle a nada ni nadie, confiando solo en lo que Dios les guardase. Pero esto su vez supuso un problema, ya que durante el medievo se crearon multitud de hagiografías, como es el caso de la tan conocida como la Leyenda Dorada, de Santiago de la Vorágine, donde a modo enciclopédico se narraban la vida de santos y personajes bíblicos. En más de un caso se daba el inconveniente de que no eran personajes reales, pero sí se tomaban como referencia para adoctrinar.

Pero sin lugar a dudas, uno de los hechos, dentro de la historia de la Iglesia, que más impacto causó en el mundo de la iconografía, fue el conocido Concilio de Trento (1545-1563). En él se asentaron las bases de los cambios que iba a sufrir la iconografía cristiana. En este concilio se retiraron multitud de vidas de santos, que se descubrieron que fueron inventadas; también se propuso la exaltación en las expresiones de las imágenes, la dramatización en algunos casos, la teatralidad… Todo ello para llamar con más atención si cabe, la devoción del fiel que contempla una escena o una imagen en concreto, haciendo de esta manera que el pueblo asistiese con más asiduidad a los templos, sin olvidarse de la evangelización a través de la cercanía que transmitían estos programas iconográficos, ahondando en la Fe.

La aportación de Alberto Durero al mundo de la iconografía

Humildad y Paciencia./Foto: Jesús Caparrós
Humildad y Paciencia./Foto: Jesús Caparrós

La iconografía Humildad y Paciencia representa el momento anterior a la Crucifixión de Jesús. Tras la llegada a la cima del Gólgota, Jesucristo es despojado de sus vestiduras, es humillado de nuevo. Es aquí cuando aparece el momento que nos concierne, es decir, después de sus despojos, Cristo se sienta sobre una roca que había en el lugar a la espera de su sufrimiento final. A su alrededor los soldados se jugaban su túnica, mientras otros preparaban la cruz para clavarlo y alzarlo ante todo el pueblo. Jesús espera la muerte desnudo y sólo, aunque en el arte se representa ataviado con el paño de pureza. Se trata de uno de los episodios más trágicos de la Pasión, reflejado esto en el propio rostro del Señor.

Esta iconografía se popularizó a partir del siglo XIV, a través del Teatro de los Misterios. El Teatro de los Misterios eran representaciones que se hacían tanto dentro del templo, como en el pórtico de las iglesias, en las que se escenificaba la Pasión de Cristo, siendo éste pasaje uno de los más dramáticos por su carga teológica y melancólica. También la referencia a esta iconografía en el arte, la tenemos por primera vez en el arte germánico del siglo XVI. Es el artista alemán Alberto Durero el que plasmó ésta y otras muchas iconografías en su serie de grabados denominados “Pequeña y Gran Pasión”, realizados entre 1509-1511. Estos grabados serían difundidos por toda Europa, llegando a todo tipo de artistas que cogían la idea y a su manera la plasmaban.

En relación con Humildad y Paciencia, en los grabados de Durero sobre esta iconografía podemos apreciar como aparece Cristo sentado sobre la roca, apesadumbrado y reflexivo, ensimismado en su tristeza. No es una iconografía en la cual sus bases estén sentadas en los evangelios, pero si es cierto que Alberto Durero se inspiró en un salmo que dice así: “El oprobio quebrantó mi corazón y desfallecí; y esperé algún compasivo, más no lo hubo; y consoladores, más no los hallé (Sal. 68,21)”.

Otro de los grabados de Durero, más concretamente el de la “Melancolía”, inspira a pintores y escultores, pero no solamente quedándose con la iconografía, si no con el mensaje, es decir, relacionándolo directamente con el sentimiento. Cristo aceptó su destino hasta el final, pero es en este momento cuando reflexiona de todo lo vivido, aunque de alguna manera busca respuestas a tanto sufrimiento.

Es importante decir que este tipo de iconografía se denomina también Cristo Penserioso, Cristo Humillado, Cristo de las Penas, o Cristo de la Humildad y Paciencia. En relación con esto, nos podemos encontrar en las obras pictóricas y escultóricas a Jesús de dos formas, una de ellas con la cabeza apoyada sobre su mano derecha, en actitud reflexiva; y también no los encontraremos sentado sobre la roca pero con una actitud implorante u orante, es decir, con las manos unidas y la mirada elevada hacia el cielo. También es posible ver a Cristo solo o acompañado de un grupo escultórico que escenifica los preparativos de la crucifixión. Este tipo de iconografía era muy típica en la entrada de hospitales y hospicios de los siglos XVII-XVIII, por lo que representa para las personas que tienen un sufrimiento constante, a través del dolor, hay cabida también para la esperanza.

No hay que confundir este tipo iconográfico con la del Ecce Homo, ya que es muy común esta confusión en algunos casos entre ambas, diferenciándolas en que el Ecce Homo siempre aparece representado con la clámide y la corona de espinas; mientras que en la de Humildad y Paciencia siempre nos los vamos a encontrar sentado, con la corona de espinas y el paño de pureza.
La Hermandad de la Paz de Córdoba y su vinculación con dicha advocación

hyp3Los comienzos de lo que hoy conocemos como la Hermandad de la Paz y Esperanza, estuvieron relacionados con la advocación protagonista de este artículo. Esta hermandad fue fundada en 1940, aunque un año antes ya gozaban de tener entre ellos a la imagen de la Virgen. Dicha cofradía se fundó en torno a una imagen de Cristo que recibía veneración en la antigua Iglesia de San Juan de Letrán, de la que actualmente sólo queda la fachada en la plaza del mismo nombre. Esta imagen de Cristo representaba iconográficamente a Jesús sentado sobre una roca, meditabundo, apoyando la cabeza sobre su mano derecha, es decir, lo que conocemos como Humildad y Paciencia. Era una talla con mucha devoción en ese momento, cosa que aprovecharon esos primeros hermanos para poder llevar a cabo la creación de la hermandad. Durante sus primeros años esta cofradía tuvo su sede en la Parroquia de San Andrés Apóstol, aunque la imagen del Señor residía en San Lorenzo, hasta que se trasladaron al convento del Santo Ángel, erigiendo aquí su sede canónica.

Debido a esto la hermandad decidió trasladar a sus imágenes a dicho lugar, pero con la imagen del Cristo no lo consiguieron ya que por diversos avatares, siendo uno de ellos la negación del párroco de San Lorenzo de ese momento a mover la imagen de allí, por lo que tuvieron que prescindir de ella y encargar una nueva imagen cristífera. El primitivo Señor de la Humildad y Paciencia, más conocido “El Penitas”, es una obra de talla completa, policromada y tallada en madera, siendo su autoría anónima fechándolo entorno al siglo XVI, debido a sus rasgos estilísticos típicos de las primeras centurias de dicha época, quedando una imagen llena de nostalgia, tristeza, resentimiento y a la vez inocencia en sus facciones.

La iconografía de Humildad y Paciencia en la mirada de Juan Martínez Cerrillo

Ante la imposibilidad de adquirir la imagen cristífera del “Penitas” de San Lorenzo, la Hermandad de la Paz tuvo que plantearse realizar un nuevo encargo para tener entre ellos una imagen del Señor. En este sentido, la cofradía se puso en contacto con el imaginero bujalanceño Juan Martínez Cerrillo en el año 1942. Debido a la devoción que profesaban a la advocación de Humildad y Paciencia, la Hermandad le encargó a Cerrillo un Cristo que estuviese relacionada con dicha iconografía. Así pues, Martínez Cerrillo realizó una particular imagen de Cristo de la Humildad y Paciencia, ya que en este caso aparece de pie, semidesnudo por la túnica y en actitud de agotamiento, más concretamente representa el momento de los despojos del Señor. Finalmente la imagen fue bendecida en 25 de enero de 1943 y fue el Miércoles Santo de ese mismo año cuando procesionó por primera vez en la Semana Santa cordobesa.

Durante tres años Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia estuvo procesionando solo hasta que su Hermandad volvió a ponerse en contacto con Martínez Cerrillo para encargarle un grupo escultórico que tendría que acompañar al titular. En este caso, el misterio ha sufrido diversos cambios. El primer grupo escultórico que tuvo el Señor se estrenó en 1946 y estaba formado por un soldado romano, un sayón y el cirineo que sujetaba la cruz. Con el paso de los años tuvieron que desprenderse de dichas imágenes por el gran deterioro que sufrieron, por ello no fue hasta el año 1974 cuando el Señor volvió a procesionar acompañado en este caso del cirineo, representando de esta forma la llegada al Calvario.

El paso de misterio seguiría sufriendo cambios en años posteriores, más concretamente en la década de los 80 en la cual de nuevo hablaron con el imaginero Cerrillo para encargarle en este caso un romano y un sayón, y de esta manera completar de una vez todo el conjunto escultórico. El Señor de la Humildad y Paciencia es puesto en primer plano en su paso procesional, estando a un lado el romano que hace el amago de despojarle la túnica, quedando en la parte trasera el sayón dando órdenes al cirineo de donde colocar la cruz.

Es en la década de los 90 cuando el grupo escultórico de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia sufre el cambio más espectacular que haya tenido, tanto es así que se cambió por completo tanto el estilo como la evolución iconográfica del misterio. En este caso, la Hermandad de la Paz y Esperanza se puso en contacto con un imaginero muy prometedor, que se dio a conocer por su trabajo en la Hermandad de la Esperanza, Antonio Bernal Redondo, un artista lleno de expresividad, realismo y originalidad, rompiendo con el tan acostumbrado clasicismo en la Semana Santa. El misterio que le fue encargado a Antonio Bernal representa el momento previo a la crucifixión, en el que una vez llegado al Calvario, un soldado romano comienza a despojar a Jesús de sus vestiduras, mientras un sanedrita le ofrece una pócima para mitigar su dolor. Tras esta escena se sitúan detrás, en segundo plano, las imágenes de los dos ladrones maniatados en actitudes claramente diferenciadas: Dimas en señal de arrepentimiento mira hacia el cielo, y Gestas mira hacia abajo atormentado. Tras ellos un soldado romano montado a caballo ordena a un sayón prepararlo todo. Al lado Simón de Cirene deposita la cruz que ha llevado el Nazareno durante su camino hacia el Calvario. Dicho misterio fue encargado en el año 1994 y estrenado por completo en 1997.

Iconográficamente, el misterio actual del Señor de la Humildad y Paciencia de la Hermandad de la Paz, representa a Cristo siendo despojado de sus vestiduras, también conocido esto como el Expolio, es decir, tras los despojos se prepara todo para finalmente llegar a la crucifixión. Por todo esto es importante comprender que la iconografía contemporánea es deudora de la de nuestros antepasados, por ello, no podemos quedarnos solamente con el exterior y los exornos, si no ir más allá, encontrar y entender el mensaje que se nos quiere transmitir a través de ello.

Bibliografía

– AA.VV.: La Pasión de Córdoba, T.II, ed. Tartessos, Sevilla, 1998.
– AA.VV.: La Paz, un legado de 75 años, Ed. Diputación de Córdoba, 2015.
– Goosen, L.: De Andrés a Zaqueo. Temas del Nuevo Testamento y la literatura apócrifa en la religión y las artes, ed. akal, Madrid, 2008.
– Reau. L.: Iconografía del arte cristiano, T. 3, ed. del Serbal, Barcelona, 2000.
– Tejada Monreal, L.: Iconografía del cristianismo, Ed. Acantilado, Barcelona, 2000.

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