Morir de éxito


Andalucía no posee, desgraciadamente, un tejido empresarial como atesoran otras comunidades autónomas de nuestro país, Aseverando esta realidad no hemos puesto de manifiesto nada nuevo ni desconocido, más bien todo lo contrario. Aún así, hemos querido introducir este artículo, con el recordatorio de nuestra ínfima presencia empresarial en el Ranking nacional.

Desde aquel slogan sesentero: «Spain is different!», que se utilizó para llenar de visitantes europeos fundamentalmente, las costas españolas, hasta los novedosos reclamos turísticos que hoy podemos ver mediante los diversos medios de comunicación y redes sociales institucionales, dicta un abismo. El abismo lo ocupan los años, la experiencia, el número de viajeros que nos visitan y hasta las nacionalidades a las que pertenecen.

Pero lo que sí ha continuado invariable es el afán de buscar la productividad económica exclusivamente a través del turismo. Y usted querido lector se preguntará:” ¿Y acaso no es bueno eso? ”

Foto: Jesús Caparrós

Sin duda desde el punto de vista económico sí es bueno, lo que ocurre es que no deberíamos de centrarnos exclusivamente en ese punto, sino aperturar vías de negocio y líneas de actuación, que nos permitan no vivir exclusivamente del turismo, que por otra parte solo nos permite crecer en un determinado sector servicio y no en un mayor ámbito.

Para atraer al turismo, las instituciones han hecho visibles lugares, momentos y situaciones, que hasta no hace mucho, pertenecían solo a la intimidad de los protagonistas o al colectivo que existe en torno a ellos.

Se ha vendido mediante operadores turísticos, ferias internacionales, agencias de viajes y oficinas turísticas, impulsado por nuestras instituciones políticas y sociales, actos tan recogidos e íntimos como el traslado de una Imagen sagrada a su paso procesional, la bajada del altar, un vía crucis interno o externo y hasta los devotos besamanos y besapiés, a la Imagen Bendita del Señor y de su Santa Madre.

Se ha publicitado la valiosísima Semana Santa de Andalucía, fundamentando las campañas publicitarias, en el dechado de arte que ponemos en las calles durante los días de la Pasión, y defendiendo que ésta puede desvincularse de su religiosidad cristiana y desligarse de la fe, poniendo fundamentalmente los focos en el aspecto artístico y artesanal. Y en respuesta a ese reclamo, ahora vemos nuestras ciudades en los Días Grandes, repletas de personas, que en gran número, llegan atraídos por ese “museo itinerante y gratuito”, que los cofrades ponemos en la calle para representar la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y que conforman desde hace más de setecientos años, la raíz de la religiosidad popular según el Sur.

Foto: Jesús Caparrós

No entiendan en estas líneas fobia alguna al fenómeno turístico o a quienes nos visitan, en absoluto, más bien todo lo contrarío, pues es de agradecer que nos elijan como destino. En cambio estas líneas si expresan, una reivindicación por volver a lo autentico y por desterrar la manipulación que de lo nuestro y en nuestro nombre pretende hacerse.

Pongamos de manifiesto por encima de todo, el vínculo indisoluble y la razón de ser, de la Semana Santa y la religión. Es inverosímil, absurdo e ilógico, querer despojar los días grandes de la Pasión del Señor, del sentimiento religioso, pues es precisamente lo que conmemoramos en esos siete días y ocho jornadas, la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Los Días Santos, no tienen otra razón de ser, ni permiten otro enfoque que no sea el estrictamente religioso, todo lo que no esté orientado en ese sentido, puede ser nombrado de cualquier otra manera, tal como Equinoccio de Primavera, Vacaciones Primaverales, etc., pero nunca utilizando el nombre de la Semana Santa para un tiempo de ocio y divertimento exento de su liturgia teologal.

Con los picos de la gráfica turística, se han obtenido pingües beneficios a nivel institucional, si ciertamente, pero no olvidemos que son las hermandades (asociaciones de fieles) con sus cientos de hermanos y su cuotas, los que hacen posible que nuestras cofradías procesionen por las calles, para hacer Estación de Penitencia, procesiones que dicho sea de paso, cualquier persona puede presenciar sin coste alguno, por cientos de calles de libre acceso.

Se han llenado hoteles, apartamentos, casas rurales, alojamientos, restaurantes, cafeterías, tabernas y bares, pero en cambio hemos perdido la esencia y el regusto de las calles y la íntima comunión entre la Imagen Bendita y quien la mira con inusitada devoción, el eco de la saeta que quiebra la noche, el aroma intenso de las flores que acunan el palio de la Reina del Cielo en una calleja estrecha y encalada y el sonido cadencioso y lento de los compases de una marcha en el más rotundo de los mutismos que atesoran las plazas.

Ahora, el ruido se apodera del ambiente y la mezcla de conversaciones no permite disfrutar de esa convocatoria al recogimiento que nos regala la cofradía en la calle.

Los extremos no son buenos para nada en la vida. En cambio, es más que precisa la virtud de lo meridiano, y la medida de los tiempos, esos tiempos de los que tanto sabe nuestra tierra, que nos hace paladear los instantes y hacerlos eternos en la inmediatez de un minuto.

No todo se puede comercializar y rentabilizar, porque si caemos en ese error, podemos terminar muriendo de éxito y entonces, no solo se habrá extinguido una vía importantísima de ingresos, sino que habremos condenado al olvido y a la ausencia, a nuestra verdadera esencia.

Miremos hacia nuestros adentros,  encontrémonos y reconozcámonos, ese término medio en que se encuentra la virtud.

 

No le toques ya más, que así es la rosa

(Juan Ramón Jiménez “Piedra y Cielo”, 1919)

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