La nana del recuerdo


A María Santísima Nazarena, luz de mis ojos

Postal de María Santísima Nazarena. nana
Postal de María Santísima Nazarena.

En las esquinas del tiempo, del recuerdo y lo vivido, en San Agustín dormita la luna del Jueves Santo.

Casi sola y casi herida, cuenta una vieja leyenda de pañales y de cuna, de Magos Reyes que fueron a postrarse ante el maestro, de nanas y sonajeros y de recuerdos perdidos en la inmensidad del cielo.

Aun así la luna sueña, ante la noche estrellada, recordando inusitada, la belleza del momento. La lumbre, la hierba fresca, los palaustres del portal, José mirando extasiado la hermosura de El Mesías y María arrodillada, en la frente de su Hijo besa dulcemente a Dios.

Dicen que María sueña bajo un cielo en plata azul, con los recuerdos vividos… utopías de juventud.

Por eso sabe la luna, de la amargura guardada, en las manos y en la cara, de la angustiada María en la oscuridad del templo.

Es un Jueves de Sagrarios, de mantillas y rosarios, el que testigo del tiempo, contempla los suaves besos, de la luz tenue que el cielo le ha regalado a la Virgen; doliente, sencilla, humana… Nazarena Inmaculada.

Está la Virgen saliendo, ¡es verdad que es Jueves Santo!…
Antes que cruce las puertas de la sencilla capilla, San Juan susurra muy quedo por los costeros del palio: “mira María, ¡qué cielo!, ¡que oraciones!, ¡qué embeleso! Córdoba sale a tu encuentro para aliviar tu sufrir y para enjugar la pena que inunda San Agustín”.

…Pero la Virgen no mira, no percibe, no lo nota…está soñado el recuerdo que le ha traído la luz… por eso avanza las manos aferrándose a un recuerdo… quiere acunar con sus brazos y reclinar en su pecho, a aquel pequeño indefenso que por diciembre naciera…

…Una quimera de plata, luna de la Parasceve, trova una nana sentida para arrullar al Mesías y dulcemente lo acuna, con el dolor del recuerdo, una angustiada María.

Por eso, la luna baja, reclinada entre los cerros, la noche del Jueves Santo, consolando en su quebranto al dulce nombre del llanto, María de Nazaret.

Déjame Señora mía que deposite mi beso,
sobre la rosa de nácar que son tus benditas manos.
Déjame mirar tu rostro con devoción y embeleso
en este instante fugaz que me ofrecen mis hermanos,
que se escapa del reloj aunque quiera hacerlo preso.

Deja que siga soñando a la vera de tu talle,
que guarde como un tesoro esta emoción del instante,
que estar tan cerca de ti, es la antesala del Cielo.
Mi sueño de Jueves Santo es ver tu palio en la calle,
cortejo de negro duelo y nazareno elegante,
en el sepia de una tarde que se enluta con el velo.

No me quedan más palabras para decirte, Señora.
Hoy me llevo tu recuerdo para los tiempos del tiempo,
tu semblante doloroso y el suspiro de tu aroma.

Deja que bese tu mano, dulce Rosa de Pasión.
Posa tus dedos en mí, dándome tu bendición.
Escucha mi voz quebrada y mi sencillo fervor.
Guía y alumbra mi vida, Nazarena de mi amor.

(A propósito de mi primera
Estación de Penitencia,
a tu vera, Madre mía)

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