Caritas Christi urget nos


“Caritas Christi urget nos”, con estas palabras Pablo de Tarso, llamado el Apóstol de los gentiles, define perfectamente cómo es el Amor de Cristo, ese que nos lleva y nos mueve a las causas nobles, desde la evangelización, sí he escrito evangelización, sí, aunque suene a rancia y trasnochada la palabra, hoy debe ser más actual que nunca, merced a los tiempos tan poco propicios para el Amor con mayúsculas, en los que vivimos.

En nombre de ese verbo, Amor, que tiene tantas conjugaciones como posibilidades de hacerlo realidad, se han llevado a cabo grandes hechos en el mundo, es por ello por lo que hoy les traigo de manera inaugural a esta humilde tribuna de opinión, una conjugación del verbo Amor, que realizan a diario las hermandades, con una labor continuada desde hace siglos, tan antigua en la historia como necesaria, que pone de relieve las palabras de San Pablo, porque sin ese Amor y sin la conjugación cotidiana de nuestras cofradías llevándolo a la práctica con una labor constante y más que discreta, no sería viable la cotidianidad en el seno de muchísimos hogares.

Nuestras cofradías, desde sus más incipientes orígenes, se fundamentan en dos pilares inamovibles que sustentan dichas instituciones y que han perdurado pese a los tiempos: el culto al Santísimo Sacramento y a sus amantísimos titulares y la caridad y auxilio al prójimo.

Como vemos, nada nuevo hay en ellas en lo referente a sus bases y fundamentos.

Donde no han llegado ni llegan y mucho menos en nuestros días, las instituciones gubernamentales, llegan nuestras hermandades.
Los nuevos desafíos de las vocalías o diputaciones asistenciales, requieren en gran medida mucha participación activa del voluntariado, creado en base al sentimiento altruista que lleva a las personas comprometidas con esta causa, a trabajar por los demás a cambio de nada.

Sería conveniente, informativamente hablando, que se divulgasen los colectivos que están siendo atendidos en la actualidad. Con ello, interpreto, que nos haríamos un mapa certero, antropológico y fidedigno, de la situación social actual y sus necesidades.

Las hermandades desarrollan su labor social, de manera conjunta y particular, esto significa sin duda, un sobre esfuerzo para la propia corporación tanto en aportación económica como en participación del voluntariado.

Aquellas personas que ven el trabajo de las diputaciones o vocalías de Caridad desde lejos, no son conscientes de la labor diaria que se desarrolla en el seno de las mismas y de la cantidad de voluntarios que trabajan de manera anónima en dichas diputaciones. Seres humanos que tienen que convivir a diario con las amarguras y la problemática, de quienes se acercan a las puertas de una Cofradía para solicitar ayuda, pudiendo ser esas necesidades de muy diversa índole.

El concepto de la caridad no puede quedar reducido exclusivamente al aspecto económico más inmediato:

“Dale un pez a un hombre y comerá un día.
Si le enseñas a pescar comerá siempre”

Desde las diputaciones o vocalías de acción social o caridad de nuestras hermandades, se puede confeccionar con todo lujo de detalles un mapa de trabajo fehaciente que nos informe sobre quiénes están siendo más castigados en nuestros días: niños, ancianos, adultos, personas en riesgo de exclusión, drogadictos, personas con enfermedades mentales, alcohólicos, mujeres y hombres desempleados y sin recursos…

Las hermandades a través de sus diputaciones o vocalías, también ofrecen su ayuda en otros ámbitos que quizás no son tan populares, tal como la ayuda a la búsqueda de empleo, clases de apoyo para escolares, campamentos infantiles, auxilio a futuras madres con problemática social, asistencia a los conventos, atenciones para la salud, enseñanza de oficios, seguimiento educacional para los niños en situación desfavorecida, etc.

Y siendo labor esta tan encomiable y digna de todo reconocimiento público, se preguntarán: ¿por qué no son noticia en la prensa diaria?

Pues miren ustedes, porque son más vendibles los dimes y diretes que puedan existir entre las corporaciones cofrades, los cambios de capataces, las trifulcas en las juntas de gobierno, la última moda en vestir imágenes, la composición de una marcha nueva y un largo etcétera.

Sin duda, las hermandades han de divulgar y hacer público las gestiones y trabajos que realizan a diario estas vocalías o diputaciones, imprescindibles para la atención de cientos de personas durante el año, sean o no de la collación, hermanos o vecinos.

El hecho de la divulgación traza dos líneas paralelas muy interesantes:

De un lado posibilita que puedan acogerse a estas ayudas que se brindan, a las personas que lo necesitan y que no conocerían la existencia de dichas ayudas si no se dan a conocer. Y por otra parte, facilitaría que se pudiesen recibir en las Diputaciones o Vocalías, a través de instituciones o mediante donaciones, ayuda económica o humana, al hacerse pública su labor y con ello las necesidades para atender la demanda de asistencia.

Sería interesante, publicar anualmente un Libro Blanco sobre la acción social o caridad, que llevan a cabo las hermandades, sea cual fuere su sección: penitencia o gloria. Sería algo muy deseable para atesorar datos y aunar criterios.

Con ello, se daría a conocer la inversión económica total y real, el número de persona asistidas, así como las colaboraciones recibidas.

De esta manera se tendría una constancia fidedigna del trabajo realizado en las esferas religiosas, (diócesis), mediáticas (prensa) y sociales (público en general, hermanos incluidos).

Preparación continúa y formación de los diputados o vocales de caridad y acción social de las hermandades, puesto que el trabajo que desarrollan es de naturaleza muy delicada y las situaciones a las que se enfrentan en muchos casos, son verdaderamente dramáticas.

Su Santidad Juan Pablo II, dejó dicho que:

“La caridad es la primera y más efectiva forma de testimonio cristiano “.
Y así ha sido desde los incipientes albores de nuestras cofradías, en el siglo XIV, con la fundación de hospitales mayoritariamente gremiales y así lo sigue siendo en nuestros días, con la atención diversa y dispar a quienes lo solicitan.

A modo de recapitulación, entendemos es fundamental y en justicia, poner en valor la continua labor que se viene realizando desde las Vocalías o diputaciones de caridad, de acción social, de nuestras corporaciones cofrades y a pesar de que dicho trabajo es prácticamente invisible para las instituciones políticas y sociales, aun siendo éstos los que están obligados a dar soluciones a los problemas de los ciudadanos y socorrerles en sus precariedades. Esos ciudadanos desatendidos, son los que se acercan a las hermandades por ser éstas su único apoyo. Hermandades que atienden en sus necesidades a quienes solicitan su auxilio sin discriminación de ser o no hermanos, creyentes o agnósticos, pertenecientes a diversas confesiones religiosas, españoles o extranjeros, etc.

Reivindicar el reconocimiento de la implicación voluntaria e impagable que llevan a cabo un importantísimo número de hermanos, absolutamente anónimos, sin los que el engranaje de estas diputaciones o vocalías, no funcionaria.

Ellos, son los verdaderos protagonistas de esta Historia de Amor, porque la caridad no es otra cosa que otra manera de amar y que pese a los siglos, sigue haciendo vigentes y fundamentales, las palabras del Poverello:
“Dando se recibe, olvidando se encuentra…”

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