Cebollito


“ Cebollito “ se gana el pan vendiendo lotería por los bares. A lo que le corta a ese negociejo le arrima la escueta pensión que recibe y así vive con dignidad.

Acuarela de Mariano Aguayo, usada por cortesía del autor
cebollito
Acuarela de Mariano Aguayo, usada por cortesía del autor

Domingo Carracedo, “ Cebollito “ en los carteles, tomó la alternativa una tarde de septiembre de 1.970 en su pueblo, sin otro fundamento que cinco o seis novilladas en plazas portátiles y sin otra pretensión que añadir con cierto sentido ( no mucho,  verdaderamente  ) la leyenda      “ Matador de Toros “ en su tarjeta de visita. Los inocentes, pienso yo, tienen derecho a su porción de gloria y de  autocomplacencia.  Y a darse postín, algo de postín, si bien no demasiado… ¡ Faltaría más!

Para la ocasión, “ Cebollito “ alquiló a Modesto Sánchez, sastres de toreros, que era un sí es, no es, sarasa ( en aquellos años se decía maricón ; hoy en día, por eso de los anglicismos, se dice gay, que queda más elegante ) alquiló, digo,  un vestido de torear de color indefinido : quizá en tiempos fuera mostaza, caña, tabaco,   ¿ quien sabe ?… Lo cierto es que el día de la alternativa parecía de mierda y oro, así estaba de astroso y desgastado. Por si fuera poco, la taleguilla tenía un costurón mal recosido a la altura de la ingle por donde se le fue la sangre, y luego la vida, al valiente novillero “ El Exquisito “ ( se ignora su verdadero nombre ) el día de no sé qué Virgen, de un año que no recuerdo, en un pueblo manchego (¿ o era extremeño ? ) que a nadie importa.

Pero con “ Cebollito “ no iban supersticiones ni fatalismos, ni era persona que creyera, como algunos poetas ( los poetas suelen ser gente rara y peregrina ) que la vida se repite y que la historia siempre termina por retornar. Por eso, cuando su padrino, el diestro mejicano Abundio Irving “ Palomo de Popocatepelt “ le cedió los trastos, se fue al toro con templanza y decisión y se dijo :

– Vamos a cortarle las orejas, “ Cebollo “

Y es que, cuando se hablaba a sí mismo, omitía el diminutivo, probablemente para darse ánimos y no desmerecer ante la propia opinión .

Y aunque el toro se vencía por el pitón derecho se empeñó  en torearlo por ese lado ( ahí está el mérito, que se palpe la tragedia..¡ Olé los toreros valientes ! )  y, de su contumacia e insistencia, surgieron dos muletazos, el primero compuestito, y no hubo lugar a un tercero porque le toro le metió el pitón a la altura de la ingle, descosiendo el costurón mal recosido de la taleguilla.

Conforme caía, el marrajo le tiró un gañafón en dirección  al cuello, pero se conoce que el animalito, con la emoción de ver a su presa indefensa, se precipitó y marró el viaje y, así, por milímetros, salvó “ Cebollito “ la yugular.

Ya en el suelo, babeado, pateado, humillado y malherido por el toro, que no cejaba en buscarlo, “ Cebollito “  sacó el estoque y, como quien no quiere la cosa, lo hundió en el costado del cornúpeta, con tanta precisión y buen tino, que le picó el corazón y lo hizo rodar sin puntilla. La plaza estalló en una atronadora ovación. A “ Cebollito “ le fueron concedidas las dos orejas y el rabo.

A consecuencia de la cornada, le ha quedado a “ Cebollito “ una cojera de las perpetuas , que le hacen andar a ritmo de pirueta sostenida, con una muleta ( ortopédica, claro ) que él maneja con galanura y buenas maneras, seguramente por deformación profesional.

“ Cebollito “ se gana el pan vendiendo lotería por los bares. A lo que le corta a ese  negociejo  le  arrima la escueta  pensión que recibe y así vive con dignidad.  A veces un poco alcanzado de cuartos, eso sí, pero con dignidad. Y es que, la dignidad, la lleva en sí la persona, no las riquezas, títulos o reconocimientos que puedan tenerse.

Cuando lo veo entrar a la taberna, le pregunto que cómo le va y  “ Cebollito “ responde siempre lo mismo. Se ve que es de piñón fijo:

– Me va muy bien. Soy pobre. Soy moderadamente feliz. Y , sobre todo, soy libre. Totalmente libre.

Y a mí, cuando le escucho, se me abre el entendimiento y me doy cuenta que el verdadero triunfo no está ni en el éxito, ni en la fama, ni en el dinero:  está en ser fiel a uno mismo y, por ende, en ser libre.

Y, por eso, le respondo, un poco conmovido:

– Me alegro, maestro.

Y en la palabra maestro pongo todo mi respeto, toda mi admiración y todo mi afecto.

Luego le doy un sorbo largo a mi medio de Moriles, y cierro los ojos, e imagino al  “ Cebollo “ de verde y oro ( sí, de verde y oro ) toreando al natural en Sevilla, o en el Puerto, o en BIlbao…y un suspiro, que remanece de la cogorza que alimenta el vino o de la nostalgia o de vaya a saber usted de dónde, se escapa de mis labios. Y al momento  musito, muy bajito, muy bajito, para que nadie lo oiga :

– ¡ Olé !