Pavarotti


I.- Eran felices. Su pisito daba vistas a un parque y la orientación, tan luminosa, era óptima: cálida en invierno, fresca en verano. Ambos estaban empleados así que llegaban sobrados a fin de mes. Incluso el sueldo les daba para algún vicio. Y para culminarlo todo estaba la pequeña Nerea, que ya chapurreaba sus primeras palabras :

  • Mamá quiero “ patara “

Y entonces la madre tomaba una patata frita de la bolsa de Matutano y decía :

  • Pero sólo una, mi amor, que tiene grasas saturadas y no es sana.

Y Nerea abría sus grandes ojos verdes y nadie sabía lo que pensaba.

Tal vez pensaba que su madre era imbécil.

II.- Habían decidido no bautizar a Nerea. Después de comentarlo mucho concluyeron que bautizarla era mediatizar su futuro, hacerla cristiana antes  de que la niña tuviese madurez para decidirse. Cuando fuese mayor, si ella quería, que pidiese el bautismo, pero ahora, que era pequeña, no. No y no.

  • No y mil veces no, dijo airada la madre.

Y el padre asintió.

Para ellos lo verdaderamente importante era la alimentación de la niña.

  • Mamá, quiero “ patara “

Pero las patatas fritas no eran sanas:  grasas saturadas, sal, conservantes…Eran mucho mejor las frutas ecológicas y los pro bióticos y los huevos de gallinas criadas en el suelo y prescindir de las carnes rojas y del pescado de piscifactoría… Así que el matrimonio le hacía unos purés a base de cosas rarísimas y la niña se negaba a tragarse esa pócima y verraqueaba y lloraba.

  • Mamá, quiero “ patara “
  • Come, mi amor, si no Pavarotti se pondrá triste.

Pavarotti era un canario amarillo y gordísimo que se balanceaba dentro de la jaula y cantaba con grosera estridencia. Era apuntar la luz por las rendijas de la persiana y empezar a trinar con  un desbocado río de desacompasadas modulaciones. Nerea concentraba sus grandes ojos verdes en Pavarotti, abría la boca inadvertidamente, y entonces su madre le metía un cucharón de puré hasta las amígdalas y luego otro y luego otro y la niña, abstraída en los revuelos de Pavarotti  y atronada por sus gorjeos, apenas se daba cuenta y, en un pis pas, el bol estaba vacío y  decía :

  • Mama quiero “ patara “

Y entonces la madre tomaba una patata frita de la bolsa  de Matutano  :

  • Pero sólo una, mi amor, que tiene grasas saturadas y no es sana.

Y Nerea abría sus grandes ojos verdes y nadie sabía lo que pensaba.

Tal vez pensaba que su madre era imbécil.

III.- Aquel sábado, al preparar el desayuno, el padre se fijó en Pavarotti: estaba arrebujado, hecho una pelota de plumas, quieto en su columpio. Se alarmó.

Pero su esposa lo tranquilizó:

  • No te inquietes, intuye que es sábado y estará perezoso.

Pero el padre estaba preocupado, porque normalmente, a esas horas, Pavarotti se balanceaba en su columpio y revolaba de un palo a otro, y trinaba, y gorjeaba…Y ahora estaba quieto, sin moverse, retemblando de vez en cuando.

Y al poco rato, cuando trataban de darle a Nerea la primera cuchara de su pócima ,el pobre  Pavarotti, como si fuera una pesada gota de lluvia amarilla, se desplomó, y cayó muerto desde su columpio:

  • Toc

Nerea se negó a comer y sus padres, entre la obstinación de la niña y la muerte de  Pavarotti, sufrieron un gran disgusto.

IV.-  Decidieron enterrar a Pavarotti en el parque. La madre encontró una cajita pequeña y allí colocaron a Pavarotti, que estaba ya reseco y tieso, porque la muerte en los pájaros produce rápidos deterioros y enseguida pierden ese halo poético que los adornó en vida.

Se arreglaron para salir.

Ella se puso unos vaqueros y una camiseta morada en la que ponía : Sí se puede.

El se puso unos vaqueros y una camiseta morada en la que ponía : Sí se puede.

Ella se tocó con una boina a lo Carmen Martín Gaite.

El se cubrió con una boina a lo Che Guevara

Eligieron el pie de un álamo para enterrar a Pavarotti. Era un árbol hermoso , alto, que se balanceaba con las brisas, y que, visto desde la lejanía, se confrontaba con el cielo  en una imagen bucólica y casi triste.

La madre dijo:

  • Nerea, aquí dejamos a Pavarotti en su cajita. Estará muy feliz junto a este árbol.

Y Nerea abrió sus grandes ojos verdes. Nadie sabía lo que pensaba.

Tal vez pensaba que su madre era imbécil.

V.- Ya de vuelta del simulacro de sepelio, sonó el teléfono del padre. El contestó con monosílabos.

  • Sí…si…si…

Luego informó a su mujer :

  • Era de la Residencia. Mi madre ha muerto hace un rato. Pobre… En fin, estaba muy mayor…

Su mujer corroboró:

  • Si, tal vez haya sido lo mejor. Estaba muy mayor…

Él, como disculpándose, dijo :

  • El responso es mañana a las nueve. Siento que tengas que madrugar en domingo.

Ella susurró en tono lamentoso:

  • Vaya día : primero Pavarotti; ahora tu madre.

El padre dijo :

  • Sí, lo de Pavarotti ha sido muy triste…habrá que ir pensando en comprar otro canario.

Hubo un silencio. Al cabo de unos segundos el padre sugirió:

  • Podríamos llamarle Carusso…Me parece un nombre apropiado.

Nerea abrió sus grandes ojos verdes. Nadie sabía lo que pensaba.

Tal vez pensaba que ambos, su padre y  su madre,  era imbéciles. O tal vez algo peor que imbéciles.

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