LA ESTATUTA


Estatua

 

I.- Don Julián, como literato,  no había pasado de ser un virtuosillo algo afectado, pero sin mayor relevancia. Su poesía no tenía gran profundidad y, aparte de cierta facilidad para provocar la rima y remover sentimientos casticistas, poco de provechoso había en sus escritos. Pero en el pueblo era una celebridad. Y lo admiraban los caciques, porque aunque no lo evidenciaba en sus escritos, más apegados a las tradiciones y al costumbrismo que a  la proclama  ideológica, todos sabían que eran de su cuerda, o sea,  del conservadurismo más rancio.

Los trabajadores y los obreros también lo querían , sin importarle que fuera lo que entonces se llamaba faccioso,  porque , aunque en rigor era un señorito, era también campechano y divertido, y generoso y borrachuzo, y con todos compartía chanzas y melopeas.

Aunque Don Julián era, sobre todo,  lujurioso, y gustaba de ejercer las artes de la seducción  y buscar el más difícil todavía y, así, las casadas, eran su pieza preferida, por la dificultad y el riesgo  que con ellas   entrañaba  el lance, lo que hacía que su deleite, al culminar la faena,  fuere sublime. A más de una había levantado las faldas de modo furtivo y, según hablaban lenguas maledicentes, había por el pueblo  más de un zagal con sus apariencias pero con el apellido de algotro.

 

II.- El capitán Suárez nunca olvidaría el  23 de septiembre de 1.938; ese día  tuvo el honor de tomar su propio pueblo, Torresbermejas, y liberarlo, sin pegar un solo tiro,  de la dominación republicana. Llevaba 12 meses de campaña, jugándose el pellejo por los campos de batalla, y  sin ver a los suyos: ni a su mujer, ni a sus padres, ni a sus hermanos. Y a todos encontró sanos y salvos: cierto que los hermanos se habían salvado por emboscarse en la cámara y emparedarse en una habitación simulada durante meses pero, a la postre, lo que importaba es que estaban vivos. 

Lo primero que hizo ese 23 de septiembre de 1.938 fue ducharse con agua caliente, afeitarse las barbas, que le crecían como barbechos rabiosos y luego, sin mayores prolegómenos ni delicadezas, ayuntarse con su mujer. Llevaba doce meses de continencia y la calentura lo corroía. Y, por tal motivo, tuvo para varias embestidas, antes de calmar sus lujurias.

 

III.- El capitán Suárez  tenía sus principios y se prometió   respetar la vida de todos los paisanos de Torresbermejas  y evitar las purgas y tropelías que había visto cometer en  otras villas.  Una vez pacificada la situación  empezó a instruir expedientes exculpatorios  y a archivar denuncias y, quitando tres o cuatro acusados que terminaron en prisión durante algunos meses,  el resto  solventó la situación con más gloria que pena.

Con la guerra ya a punto de terminar, la vida volvía a ser bella y el capitán Suárez podía disfrutar de aquellos placeres, sencillos y casi inocentes, que tanto echaba de menos. Así que, terminada su jornada, paseaba con su esposa por el parque o quedaba a tomar una copia con sus amigos de toda la vida en el casino. Allí, Don Francisco, el cura, contaba sus aventuras durante la dominación republicana, y las estratagemas y providencias que le habían permitido salvar el pellejo y, siempre, pero siempre, siempre, abrochaba sus historias refiriendo que durante los momentos más peligrosos se había encomendado a la Santísima Virgen y le había hecho solemne promesa: que si se salvaba, acudiría todos los años a la feria de Córdoba a ver las corridas de toros que se dieren.

– Y tengo que cumplirlo-, añadía sonriendo, pues en otro caso habría jurado en vano, y ello conlleva eterna condenación.

Don Julián, por su parte, hacía a todos partícipes de sus proyectos literarios y comentaba que estaba componiendo un nuevo libro: “ Oda al Caudillo”, y recitaba algunos de los sonetos que lo componían,  ante el aplauso de  todos sus amigos, salvo el capitán Suárez, que lo observaba ambiguo,  con una mirada perdida que no se sabía donde acababa.

A veces el capitán Suarez, sin dejar de mirar a Don Julián, se mordía los labios, y entre dientes bisbiseaba unas palabrejas que nadie entendía y en las que nadie reparaba pero que, a la postre, resultaron ser una trágica premonición.

Y así pasaban los días y las semanas y el personal iba hociqueando que, en lontananza, se abría un futuro de paz, un futuro de privaciones y miserias pero, al menos, sin frentes de batalla.

 

IV.-  Diario Opinión 30 de diciembre de 1.938 :

Natalicio : Doña María Fuentes  Rey, esposa del capital Don Gabriel  Suárez Gámez, ha dado a luz en Torresbermejas a un hermoso varón . Madre e hijo están en perfectas condiciones. Nuestra felicitación a la feliz madre y al bravo capitán, condecorado en varias batallas en este nuestro Glorioso Movimiento, y que actualmente tiene a su mando la plaza de Torresbermejas y bla, bla, bla…

Necrológicas :  ha sido hallado, a las afueras del pueblo de Torresbermajas, el cadáver de un individuo con evidentes signos de violencia. Tras las oportunas pesquisas, el finado resultó ser Julián Sánchez del Sol, vecino de la referida Torresbermejas, sin ocupación conocida, y que se dedicaba, según apuntan algunas fuentes, a actividades dudosas  de…y bla, bla, bla….

 

 Diario Córdoba 30 de diciembre de 2.006:

 Noticias culturales:  El presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, y la ministra de cultura, Carmen Calvo, descubrieron hoy en Torresbermejas una estatua en honor del escritor Julián Sánchez del Sol, eminente poeta y destacado izquierdista , asesinado por los rebeldes en la Guerra Civil. La ministra, fiel lectora, según confiesa, del poeta, manifestó  su convicción de que el asesinato del escritor fue movido por el odio que la poesía , la cultura , la luz y las ideas progresistas, provocaron en un tiempo pasado, haciendo votos por recuperar los ejemplos de gente honesta, como Don Julián Sánchez del Sol,  que nunca renunció de sus ideales humanitarios y de igualdad y  bla, bla, bla…