Y dice concordia cuando quiere decir rendición


Lo más peligroso es aplicar un significado diferente o utilizar un término que nada tiene que ver con lo que realmente quiere definir

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El juego que con las palabras hacen algunos políticos, no sé si casualmente casi siempre de izquierdas, es terrible, y estas últimas semanas el presidente de gobierno ha hecho un doctorado en ello, con la única finalidad de justificar lo injustificable.

Unas veces ese uso inadecuado de nuestro léxico lo hacen inventando términos, como con frecuencia lo hace nuestra paisana Carmen Calvo que tiene “expertitud” en ello.

Otras, dando rimbombantes nombres a cargos públicos que sin ese nombre no serían nada y que sólo sirven para dar “contenido” al puesto creado para el amiguete de turno, o aquél que pretende elevar el puesto de trabajo a una categoría suprema, sin dejar algo básico, posiblemente para justificar un sueldo y, así, pueden llamar “especialista en manejo de tierras, recursos hídricos y flora” al jardinero.

Pero como decía al principio también está, quizás la más peligrosa de todas, la de aplicar un significado diferente o utilizar un término que nada tiene que ver con lo que realmente quiere definir, con una única intención: generar una idea contraria a lo que es y lo que encubre ese término, ya que si dicen lo que de verdad quieren decir o hacer no tendría la más mínima oportunidad de ser aceptado.

Qué pena que una palabra tan bonita como “paz” se aplique para decir que Arnaldo Otegui es un “hombre de paz”.

Qué pena de vocabulario español, y sobre todo qué pena de quienes lo usan así, que con más de 88.000 palabras reconocidas por R.A.E. no son capaces de encontrar la palabra que define su pensamiento o intención.

El Sr. Sánchez para justificar los indultos a los condenados por sedición dice que lo hace por “concordia”, con la finalidad de rebajar la tensión entre catalanes y con el resto de la nación. No sé porqué no se atreve a decir España.

La palabra concordia tiene tres acepciones en el diccionario de la R.A.E. La primera la define como “conformidad, unión”; la segunda como “ajuste o convenio entre personas que contienden o litigan”, y la tercera como “instrumento jurídico, autorizado en debida forma, en el cual se contiene lo tratado y convenido entre las partes”.

Pues bien, claramente se deduce que si algo se hace por “concordia” es porque hay entre la partes una conformidad, un convenio, un acuerdo y en todo este asunto de los indultos a los independentistas catalanes condenados por el Tribunal Supremo nadie nos dice qué es lo convenido o lo acordado.

Que se sepa por las declaraciones públicas de unos y otros (gobierno y representantes de los partidos de los condenados) el gobierno, en contra de todas las demás instituciones del Estado, fundamentalmente del poder judicial, ha decidido conceder el indulto por uno de los delitos más graves que se puede cometer contra el Estado: la sedición.

A cambio, que sepamos, los indultados, y los partidos a los que representaban, no sólo no han solicitado siquiera el indulto, sino que manifiestan no estar de acuerdo con él, porque lo que de verdad quieren es la amnistía y el reconocimiento por parte del Estado de que lo realizado por los condenados estaba bien hecho ya que lo que mantienen es su derecho a la independencia y a decidirla mediante referéndum como hicieron cuando fueron condenados.

¿Dónde está el acuerdo? ¿Dónde la concordia?

Sin embargo la R.A.E. dice que cuando se sujeta o se somete algo al dominio de alguien se llama rendición. Y en este caso sin condiciones, pues sólo se hace lo que los que violentaron el estado de derecho y pusieron a España contra la cuerdas, se les da todo lo que pedían y pretendían.

No Sr. Sánchez, lo que Vd. pretende hacer con los condenados por el Tribunal Supremo por sedición no es concordia, ni tiene como finalidad la defensa del estado de derecho, es ceder al chantaje, al delito y al delincuente, permitiendo una negociación que está fuera del marco de nuestras leyes.

Nada les impide, previamente, llevar a cabo los procedimientos legales para modificar dichas leyes, sólo tienen que contar con las mayorías que la Constitución prevé para ello. Si lo consiguen es lo que habrán querido los españoles, si no, y se empecinan en llevarlo a cabo, sería un atentado contra el estado de derecho.

Claro que queda una opción para que el uso de la palabra “concordia” no sea inadecuado y es que, efectivamente se haya alcanzado un acuerdo, pero que, en realidad, en la parte del Estado sólo beneficia a Pedro Sánchez para mantenerse en el poder y, con perdón (o sin él) eso es traición.