Alarma de Estado


Mientras que la gente sigue, enfermando y muriendo, sin que hayamos vuelto a ver al Sr. Sánchez asumir la más mínima responsabilidad, se ha tenido tiempo de celebrar unas elecciones en Cataluña

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Ayer hizo un año que el gobierno de la nación aprobó el Real Decreto 463/2020 de 14 de marzo por el que se declaraba el estado de alarma y nos confinaba a todos en nuestros domicilios, limitando varios derechos fundamentales, especialmente el de libre circulación.

En ese momento el gobierno asumió todas las competencias y así nos fue. No eran necesarias las mascarillas (más bien no eran capaces de conseguirlas), había que usar guantes (que parece que es lo que había) y sobre todo cerró todos los servicios que no eran esenciales.

Un año más tarde, nos encontramos que la mascarilla no nos la podemos quitar ni para dormir, que los guantes eran absolutamente innecesarios, incluso peligrosos, y lo que no han sido capaces es de recuperar la apertura, de una forma más o menos adecuada, de servicios no esenciales.

Pero quizás lo que más ha cambiado es la presencia del gobierno y, sobre todo, del Sr. Sánchez, en los medios de comunicación. Todas las semanas teníamos, al menos, un Aló presidente, durante el cuál el Sr. Sánchez nos desgranaba de forma aburrida y monótona una serie de medidas que iban a ser la panacea de la sanación y de la recuperación económica.

Después de varias prórrogas, con un número ingente de contagiados (los que iban a ser un par de ellos o tres) y de miles de muertos, había conseguido el gobierno ser el líder de la zona occidental en caída de PIB y de números de afectados por la Covid-19, no obstante, se levantó el estado de alarma y de forma absolutamente voluntarista se afirmó, como en otra época, que la “guerra” había terminado, que se había vencido y que salíamos más fuertes.

Pero claro, la realidad es más tozuda que el voluntarismo y tras la vuelta de las vacaciones del verano, la “guerra” se recrudeció y volvieron (que nunca se fueron) los miles de contagiados y muertos, pero esta vez el Sr. Sánchez no estaba dispuesto a soportar el peso de gestionar la pandemia y se sacó un nuevo estado de alarma, que con ese afán de generar nuevos términos grandilocuentes, se iba a gestionar en cogobernanza con las Comunidades Autónomas, pero a las que, realmente, se les imponen unos criterios desde el gobierno central quien no asume la responsabilidad de las consecuencias.

El Sr. Sánchez ya ha desaparecido de la escena pública en temas sanitarios, ya no hay Aló presidente, pero sí que desde Moncloa se usa el estado de alarma para hacer política y gobernar a base de decretos leyes, donde se junta lo divino con lo humano, evitando todo control parlamentario, con una amalgama de materias en cada norma, que lo mismo incluyen sanitarias que económicas que nombramientos o medidas procesales, o cualquier otra que convenga al momento.

Lo que no ha ocurrido en todo este año es haberse preparado una regulación legal homogénea y acorde a la crisis sanitaria que padecemos y que se alarga en el tiempo, sino que se sigue utilizando una norma, como es la que regula el estado de alarma, excepción y de sitio, de tal forma que cada quince días los ciudadanos estamos a la espera de saber qué podremos hacer en los quince siguientes.

Pero mientras tanto, cuando no ha habido tiempo para gestionar ordenadamente la situación provocada por la pandemia, no ha cesado la generación de política, hasta tal punto que como escuchaba hace unos días (no puedo citar a su autor) en España se produce tanta política que somos incapaces de consumirla.

Mientras que la gente sigue contagiándose, enfermando y muriendo, sin que hayamos vuelto a ver al Sr. Sánchez asumir la más mínima responsabilidad, se ha tenido tiempo de celebrar unas elecciones en Cataluña, donde uno de los candidatos era el Ministro de Sanidad que abandonaba su puesto en los momentos más críticos para “ganar” unas elecciones; se disputa el gobierno del Consejo General del Poder Judicial o el de RTVE; se ataca a la Corona y al régimen dado con la Constitución; se ha seguido negociando con los herederos de ETA e independentistas para sacar adelante unos presupuestos donde no se sabe de dónde vendrán los ingresos (bueno, sí, de nuestros bolsillos) para cubrir más gastos de los que nos son posibles pagar sin llegar al record absoluto de endeudamiento; y mil ejemplos más que culminan con una moción de censura en una Comunidad Autónoma, orquestada desde Moncloa, que cuando fracasa, se culpa a quien se ha defendido del ataque, pero que provoca la convocatoria de nuevas elecciones en otra Comunidad Autónoma, como la madrileña.

En definitiva aún a pesar de la crisis más importante desde que España es un Estado democrático y de Derecho, no hay quién se arremangue para gestionar de manera efectiva la situación sanitaria y económica, pero sobra tiempo para seguir con “Juegos de Tronos” y de campaña electoral permanente. Cualquier actuación depende del número de votos que se puede obtener y no de las necesidades a resolver.

Y, para colmo, por el S. Sánchez se nos amenaza con prorrogar el estado de alarma y eso sí que es ya una alarma inadmisible para el Estado.