Libertad de expresión. ¡Si yo dijera…!


Con la condena, a mi juicio más que merecida, del que dice ser “rapero y artista” Pablo Hasél, se ha abierto un debate sobre si la libertad de expresión ha de ser ilimitada, pudiendo cada cuál expresar sus ideas u opiniones cómo le venga en gana.

No hay derecho fundamental que sea absoluto. Todos encuentran un límite. Normalmente en la frontera de dicho derecho con otro derecho fundamental, o entre el ejercicio de un derecho fundamental por un sujeto con el ejercicio de ese u otro derecho fundamental por otro.

Incluso el derecho más fundamental de todos, sin el cuál no hay más derechos, cómo es el derecho a la vida (incluso más allá de la vida, cuando el Código Penal califica como punible la profanación de tumbas y cadáveres, que puede ser castigado con prisión), los que hoy gritan (porque un energumeno exaltado suelta barbaridades por su boca), lo limitan con normas que atacan directamente el inalienable derecho a la vida. Si no, miren cómo se manifiestan, también, para defender el aborto y la eutanasia.

Los que se manifiestan (bueno, es una forma de hablar, porque más bien son aquellos que acuden a la violencia) en defensa de Pablo Hasél, vienen a decir que el Código Penal no debe entrar a considerar acciones que se realicen en el ejercicio del derecho fundamental a expresar la opinión e ideas, ya que hay otros mecanismos que lo pueden hacer. Entiendo que se refieren a la vía de la jurisdicción civil ejercitando el derecho la defensa del derecho al honor y a la propia imagen.

En el actual Código Penal nos vamos a encontrar, fundamentalmente, con tres delitos que limitarían el derecho a la libertad de expresión: La calumnia (básicamente la imputación falsa de un delito a una persona), la injuria (expresiones que lesionan la dignidad de una persona con menoscabo de su fama) y el enaltecimiento del terrorismo (artículo 578 C.P.). También existen otros que se relaciónan con dicha libertad de expresión, aunque desde otro punto de vista, como son las amenazas, las coacciones, contra la libertad de conciencia, los sentimientos religiosos y respeto a los difuntos (522 C.P.) y aquellos delitos que promueven o inciten al odio, hostilidad, discriminación, violencia, etc. (510 C.P.).

Cierto, por tanto, que en la actualidad, nos encontramos ante dos medios para defender el honor y la propia imagen, la civil y la penal, pero la protección que ofrecen ambas vías no son las mismas. La vía penal nos proteje de aquellas actuaciones que son más graves y que, realmente, atentan a la dignidad de la persona en un ámbito de interés social, mientras que la vía civil tiende más a una defensa privada de la dignidad violada.

No por poder poner una demanda para resarcir el derecho al honor y a la propia imagen, queda protegida toda la sociedad, y ahí es donde entra el derecho penal, necesario para garantizar la convivencia frente aquellos que promueven actos que generan un daño que excede de la vida privada o semiprivada. Además, a algunos el bolsillo no les duele o esta vacío.

Pero volviendo a Pablo Hasél y su condena. A éste no se le ha condenado por expresar su opinión o su ideología, sino por incitar a la violencia, por justificar el terrorismo y por vilipendiar a las victimas.

Se le ha condenado por decir públicamente “¡Merece que explote el coche de Patxi López!”, “Que alguién clave un piolet en la cabeza de José Bono”, “Prefiero grapos que guapos. Mi hermano entra en la sede del PP gritando ¡Gora ETA! A mi no me venden el cuento de quienes son malos, sólo pienso en matarlos”, y otras lindezas de este tono que pueden ver en Internet.

No, no se limita a expresar su opinión, por muy extrema que sea. Tampoco se limita a criticar descarnadamente a las personas o a insultarlas, sino que defiende e incita a la violencia y la jalea.

Canciones protesta las hemos vivido en España, hasta en momentos en que la libertad de expresión era complicada, y nunca se ha perseguido, ni penal ni civilmente, si no recordemos canciones de Paco Ibañez, Lluis Llach, José Antonio Labordeta, Raimon, Serrat, Jarcha y tantos otros. En ninguna de ellas se insultaba ni se incitaba a la violencia. Se expresaban opiniones y se defendán derechos y posturas, compatibles o no, pero sin más voluntad que expresar ideas.

Pero no olviden que todo esto no es más que un nuevo golpe de timón de esa parte antisistema (que no antifascista como se quieren hacer llamar, pues son fascistas que quieren imponer sus ideas por la fuerza) que está dentro del gobierno, cual Caballo de Troya, que sólo busca destrozar el régimen democrático desprestigiendo personas e instituiciones.

¿Se imaginan que en vez de Pablo Hasél, el rapero fuera alguién de pensamientos contrarios a los de estos señores y cantara algo así como, ojalá la silla de Echenique explote como un coche bomba, o porqué no vuelven los GAL o el Batallón Vasco Español y acaban con todos lo de Podemos e independentistas u otras lindezas de este tipo?

Seguro que no se estaría hablando de acabar con el límite penal del derecho de expresión e incluso se estaría pensando que las sanciones de privanción de libertad son pequeñas. Así que mejor me callo lo que pienso.

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