Oír no es lo mismo que escuchar


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Salvador Illa. /Foto: LVC

 

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El ministro Salvador Illa, a la conclusión de la última reunión del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Sanidad celebrado en Sevilla el pasado miércoles, 20 de enero, vino a decir algo que como mantra manifiesta el gobierno al que pertenece: que ese gobierno escucha a las Comunidades Autónomas y a los implicados en las resoluciones que adopta.

Mentira. Otra mentira más de este gobierno y, en especial, de este ministro que está utilizando su cargo para una campaña electoral, cuando debería ser el responsable de la gestión de la mayor crisis sanitaria mundial en muchos años. Para muestra de esta continua y pura mentira sólo tenemos que recordar cómo el ministro con su inefable Fernando Simón, nos informan de la situación sanitaria y cómo se les pierden los muertos por las esquinas, sin ningún pudor.

A la mejor, el ministro Illa, y su gobierno oyen, pero no escuchan, lo que dicen los implicados y afectados por las decisiones que adoptan, que lo dudo, porque su vanidad hasta les impide oír todo aquello que no sea la exaltación del emperador Sánchez y sus adláteres.

Así llegan, incluso, a cesar, si está en su mano, a quien se atreve a contrariarle, y si no, que se lo pregunten a algunos miembros del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno que se han visto en la calle, también esta semana, por atreverse a ser incisivos en la rendición de cuentas del Ejecutivo. Es evidente que no se puede preguntar por el Falcon ni por la gestión de la crisis sanitaria, que se molesta.

Esto, por el peligro que entraña, no lo deberíamos considerar como otra jugada más del ajedrez político para ganar unas elecciones y mantener el poder, caiga quien caiga, pues los que están muriendo o arruinándose por la pandemia son personas, no números. No se deben tomar decisiones que afectan a la salud de muchos pensando sólo en el coste político. No creo que haya otra cosa más importante que el coste de una vida humana.

Pero el hecho de que el gobierno no escucha, no sólo lo hemos visto en este último Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Sanidad, donde 15 de las 17 Comunidades Autónomas han solicitado una serie de medidas para detener la escalada de contagios, más o menos similares, y no se ha atendido ninguna, en ningún sentido ni en medida alguna. Vamos, como decía aquel personaje de principios de los 70, Felipito Tacatún: “Yo sigo”.

Aún es más, el pasado año, este gobierno, que cuando estaba en la oposición criticaba a Rajoy por haber dictado algún decreto-ley, se ha despachado, nada más y nada menos que con 39, a más de tres por mes.

Además ha aprobado leyes, que debían realizarse con mesura y escuchando informes de diversas comisiones y escuchando a las partes afectadas, por la vía de urgencia, evitando el debate y las opiniones que pudieran ser contrarias a la suya. Ahí tenemos, como simple ejemplo las de educación y eutanasia.

Y así, podríamos ir desgranando una y otra, según nos vaya afectando a los españoles, donde tenemos todos muy claro que no se nos ha escuchado.

Pero no sólo no escucha, y como digo, creo que ni siquiera oye, a quienes se verían afectados por las normas que aprueba, sino que le molesta el control y dar cuentas de su actuación (ya he comentado más arriba la actuación con miembros del Consejo de Transparencia), lo que ya viene de antiguo, pero que se ha manifestado claramente con el segundo estado de alarma, en el que durante más de seis meses va a paralizar el control del gobierno en el Parlamento.

Y como ya tiene paralizado el control parlamentario, ahora quiere acabar con el del poder judicial poniendo en marcha una reforma urgente y sin trámite de audiencia de la Ley Orgánica del Consejo General del Poder Judicial, para modificar la forma de nombramiento de sus miembros, ante la falta de acuerdo con la oposición para ello, lo que ha provocado hasta una reacción mediante comunicado de dicho Consejo en el que advierte de la posible inconstitucionalidad de dicha medida y que no respeta la separación de poderes.

No, no es broma lo que está ocurriendo. Poco a poco se están minando los derechos y libertades de los ciudadanos y como no espabilemos y nos demos cuenta de las verdaderas intenciones de quienes gobiernan nos encontraremos sin democracia o con una muy mermada.

Que no nos engañen más, este gobierno no escucha a nadie, ni siquiera oye lo que se grita, sólo importa su propaganda y preservar su poder, aunque para ello tenga que adoptar decisiones en contra de la seguridad y de la vida de las personas.

En definitiva, lo que creo es que este gobierno esta sordo.