A modo de resumen


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Haciendo honor al titulo de este blog, se hace obligada, cuando agoniza el 2020, una reflexión de lo que ha sido el año, pero, como toda visión que nace de la vivencia de uno, está marcada por la forma en que ha sido percibida. Seguro que para quienes han sido agraciados con el gordo de la Navidad, el año 2020, finalmente, no ha sido tan malo, pero que les pregunten a aquellos que han perdido familiares, trabajos y negocios.

No obstante, creo que no puede haber una persona bien nacida, que por mucho bueno que le haya acontecido este año, no tenga como primera valoración la catástrofe de la pandemia. Como expresaba en otra reflexión, a mi juicio los dos derechos más fundamentales del ser humano son el derecho a la vida y la libertad, y ambos se han visto gravemente amenazados este año que acaba.

Por lo que respecta al derecho a la vida, poco habría que añadir al contemplar las estadísticas de muertes (pues aunque ya de por sí los datos oficiales son horrendos, son más falsos que judas), si no fuera por la forma en que se han producido: en la soledad tanto del que nos abandona como del que se queda y, si no es bastante con la falsedad numérica, ocultándonos las imágenes de realidad, porque a este gobierno lo que realmente le preocupa es la propaganda, y, a todo costa, no ha querido que viésemos la catástrofe que se estaba viviendo.

Pero también se ha visto muy afectada nuestra libertad. No sólo por los meses que hemos vivido “recluidos” en casa, como si todos hubiésemos cometido un delito por el que debiéramos sufrir un arresto domiciliario, aunque con evidentes razones sanitarias, sino también, y quizás lo más lamentable, por la merma que de la libertad se está haciendo por el gobierno de España. Ejemplos claros y sencillos, los dos estados de alarma que se han aprovechado, con la excusa de atajar la crisis sanitaria, para desarrollar una política de división e imposición de ideologías. Con el gobierno que más decretos leyes ha dictado en menos tiempo (¡con lo que lo habían criticado de otros gobiernos!), sin que todos (quizás la gran mayoría), precisaran de la urgente necesidad que debe amparar este tipo de legislación, pero el papel lo aguanta todo y el “rodillo” hace lo demás.

Así como las dos leyes “estrellas” de lo que va de legislatura, la Celaá y la de la eutanasia, en las que no se ha tomado en consideración, ni siquiera escuchado, a la oposición ni a los afectados por dichas normas. En cualquier otro tiempo y con gobiernos de otro color, esa forma de actuar habría sido denominada de fascista y las calles se habrían llenado de individuos quemando contenedores, tirando piedras a la policía y aprovechando el pillaje para asaltar tiendas de primera necesidad, como las boutiques o las de electrónica. Sin embargo, esos a los que esta izquierda recalcitrante y retrógrada suele llamar fascistas, han manifestado su oposición en los foros de debate y en manifestaciones llenas de prudencia y tranquilidad, aunque eso sí, claramente opuestas a lo legislado.

Es lo malo de haber tenido en el peor año al peor “desgobierno” posible, sólo preocupado por la imagen y la propaganda, hasta el punto de hacer mutis por el foro, delegando toda su responsabilidad en las Comunidades Autónomas. Pero gracias a Dios que así lo ha hecho, porque hasta el peor de los gobiernos autónomos (el catalán), lo ha hecho cien veces mejor que lo que había hecho el gobierno de la nación en el primero de los estados de alarma.

Pero bueno, como atlético que soy, creo en el partido a partido y en el minuto el minuto a minuto y, por tanto, mientras hay vida hay esperanza y se puede remontar el resultado adverso, aún cuando el contrario tenga unas capacidades difíciles de afrontar y el árbitro (el gobierno) no esté por la labor de comportarse justamente.

Por lo tanto, si hemos sido capaces de llegar a final de año, donde la ciencia ha conseguido un hito de valor incalculable (a pesar de ser siempre la Cenicienta de los presupuestos del Estado) de dotarnos de un arma para combatir el virus, comienza una lenta, pero imparable remontada, que hará ganar el partido, en el descuento quizás, pero donde más dulce sabe la victoria.

Por todo ello, desde estas líneas quiero desear a todo hombre de buena voluntad un nuevo año 2021 lleno de esperanza, amor fraterno, salud y prosperidad, y si algo puedo pedir a los Reyes Magos será que aquellos que tienen que regir nuestro destino, olviden sus intereses personales y piensen en el bien común, que conociendo al equipo (los españoles) se dejarán la piel por ser los campeones.

¡Feliz año nuevo!