La espantá


eufemismos
Pedro Sánchez. /Foto: Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa

Cuenta la leyenda, y yo puedo dar testimonio personal de alguno de estos momentos, que cuando Curro Romero veía salir de chiqueros ese toro que no le gustaba, se parapetaba tras el burladero y no salía de él hasta el momento que era absolutamente obligatorio, por las reglas de la lidia, de la suerte de matar, trasladando mientras tanto toda la responsabilidad a sus subalternos que se veían en la obligación de parar al toro, hacerlo entrar a caballo para que sus picadores doblaran en extremo las fuerzas del morlaco, realizar la suerte de banderillas y doblarse con el bicho, hasta que ya extenuado, quedaba listo para el estoque. En esos casos, además, Curro no se esmeraba mucho en la suerte suprema y se limitaba a despachar “desde lejos y por el lado” al animal.

Algo parecido me está recordando la actuación del presidente de gobierno, Sr. Sánchez, con la gestión de la pandemia en esta segunda ola que se nos ha echado encima.

Cuando Pedro Sánchez ha visto venir de nuevo la pandemia con más dureza e intensidad que la primera vez, no le ha gustado “el toro” y se ha quedado parapetado tras la mesa de su despacho, eso sí, lanzando al ruedo a los presidentes de las Comunidades Autónomas para que hagan toda la faena, arriesgando su prestigio, y él, encima, dando órdenes desde la comodidad del sillón, pero sin tener que ejecutarlas y pretendiendo no ser responsable de las consecuencias. Más bien, jugando a ponerlos en peligro para luego poder decir que él lo hacía mejor.

Pero, al menos, Curro, cuando veía salir del portón de los sustos ese toro que se ajustaba a sus gustos, de lo que también puedo dar testimonio, tomaba ese capote pequeñito y destilaba esencias de maestro, saliendo por la puerta grande.

Sin embargo, el Sr. Sánchez, en la faena que decidió salir al ruedo, nos mantuvo a todos encerrados en casa, arruinando a muchos españoles, con más de 28.000 muertos oficiales (que en la realidad superaban los 50.000) y limitándose a dar largas cambiadas para despistar al personal, pues carecimos de todos los medios para hacer frente a la crisis sanitaria, pues su peón de confianza, su ministro de sanidad, fue incapaz de proporcionar las medidas de seguridad que requería el momento y que las comunidades autónomas y particulares sí eran capaces de conseguir.

Eso sí, cuando decidió que la faena había terminado, porque se tenía que ir de vacaciones por los palacios del Estado, ya que tenía invitados a sus amigos a costa del erario público, decidió que el toro estaba muerto con un “estoconazo”, y que ya todos los españoles podíamos irnos también de vacaciones con la tranquilidad de que el “maestro” había liquidado al virus. Por supuesto que él mismo se sacó el pañuelo por tres veces y tras su vuelta al ruedo y grandes aplausos de sus adláteres, hizo mutis por el foro y dijo que ese toro no le había gustado, que le había apretado mucho y que él estaba allí para pasearse en Falcon y ser reconocido como el Cesar de España y no para pasar malos ratos. En realidad se dejó el toro vivo y suelto y así nos ha venido en esta segunda ola.

Para colmo, ni siquiera se ha preocupado de preparase ni de preparar a quienes tendrán que lidiar de nuevo con el “bicho”, porque con tantas vacaciones no ha tenido tiempo de proponer una legislación que permita una actuación rápida y eficaz para lidiar el toro que nos han puesto, de nuevo, en el ruedo (no estaba muerto y encima sale toreado) y que, ahora, quiere que sea lidiado por las comunidades autónomas, para que ni siquiera se le acerque. Y lanza al ruedo a los presidentes autonómicos con los mismos medios y limitándoles su capacidad con normas que se demostraron ineficaces.

Pero si no ha tenido bastante con la cobardía de quedarse en tablas para la faena de esta segunda ola, cuando llevó al Congreso su nueva propuesta de Estado de Alarma, en la que propone directamente su huida del control de los representantes de los ciudadanos, no tuvo otra cosa que irse al hotel antes de acabar la tarde y no escuchar, siquiera, las críticas que desde la oposición se presuponía iban a venir, con un total desprecio a la Institución que representa la democracia.

Esto sólo acredita la calaña del “torero”, cobarde y aprovechado, que más que Curro Romero, que aún con sus espantás dio tardes de gloria, parece el espectáculo cómico taurino del bombero torero.

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